20151014232558-akira-kurosawa.jpg

Los temas, el simbolismo y las formas estéticas de las películas de Akira Kurosawa deben sus orígenes a las ideas y sensibilidades que surgieron durante su juventud. Estos incluyen el marxismo, que llamó la atención de los intelectuales japoneses en los años veinte y treinta; novelas rusas clásicas, que hipnotizó a la elite cultural de su país; la pintura impresionista, que sacudió el mundo del arte contemporáneo; y el deporte del kendo, que Kurosawa practicó cuando era un niño. A pesar de ello, parece que lo único que se ha querido destacar, desde Occidente, es el legado que ejerció Shakespeare en el cineasta nipón.

En aventuras como Los Siete Samurai o La fortaleza escondida, los personajes cómicos son partes integrante del conjunto. En años posteriores, este equilibrio entre la comedia y el drama se convertiría en algo esencial del  cine de Hollywood.  Esto será también reconocible desde películas bélicas como The Dirty Dozen (Los doce del patíbulo, Robert Aldrich), a films de mafias como Uno de los nuestros o adaptaciones literarias  como El Señor de los Anillos, por no hablar de las filmografías de directores como Altman, Spielberg o Tarantino.


La fortaleza escondida en particular, es un ejemplo de la influencia de Shakespeare en Kurosawa, además de servir de uno de sus trabajos más influyentes. La película presenta una naturaleza moral e histórica familiar entre los personajes propios de los dramas de Shakespeare, pero también de la saga creada por George Lucas, Star Wars.


Dos campesinos, Tahei y Matakishi, configuran con su diálogo el escenario de la historia, con una serie de primeros planos que darán lugar a una de las parejas cinematográficas más populares de todos los tiempos, R2D2 y C3PO ,  durante los instantes iniciales de la “space  opera” de Lucas, en el planeta Tatooine.  George Lucas llegó a reconocer la influencia del film de Kurosawa en sus diferentes personajes: la Princesas Yuki y Leia; Makabe como Obi Wan (o Han Solo), e incluso el General Tadokoro como Darth Vader. Las similitudes en el atuendo, sus estilos de vida o la filosofía entre los samurais y Jedis son notables.


<br/><a href=

Sin embargo, un título esencial de la filmografía de Kurosawa en Hollywood es Los siete samuráis. Su legado no sólo lo encontramos en las revisiones de Los siete magníficos e incluso Bichos, sino también en aspectos técnicos de montaje, como los cortes rápidos para dar ritmo a las escenas de batallas.  Los siete magníficos traslada al Oeste la historia del film de Kurosawa que, dicho sea de paso, era su particular recreación de uno de sus géneros favoritos en el mundo de los samuráis. Una influencia muy interesante de la película la encontramos en Conan, El bárbaro (John Milius), sobre todo en una escena: Conan y sus dos compañeros recogen todo el armamento posible de antiguos guerreros caídos en combate, mientras que los campesinos recuperan las armaduras de los samuráis muertos en la batalla.

                                   

Otra adaptación en el mundo del western lo acometió Sergio Leone, en su primera parte de la famosa Trilogía del Dólar, Por un puñado de dólares. La película fue Johimbo, y si en el caso del film de Sturgues, Kurosawa se sintió orgulloso por su readaptación, el cineasta japonés se sintió traicionado por Leone, por las semejanzas que existían entre los personajes encarnados por Clint Eastwood y Toshio Mifune.

Esto permitiría que, el propio Kurosawa, se implicase en su propia adaptación de Johimbo en un contexto americano: a través del guión de El último hombre (Walter Hill), protagonizado por Bruce Willis.

Muchos años después de la desaparición del gran maestro del cine japonés, es mucho lo que aún podemos reconocer como parte de su inmenso legado. Sólo basta ver parte de la cinematografía de su país centrada en la figura de los samuráis; las películas bélicas que marcan categóricamente una división de estructura entre la preparación al combate y la batalla, propiamente dicha (al estilo de Los siete samuráis o la americana Doce del patíbulo) o el cine judicial, enfocado por la subjetividad de sus personajes, siguiendo el denominado “fenómeno Rashomon”.