20151016114508-foto-regresion-amenabar-pelicula-06.jpg

-AVISO- El contenido cuenta con una serie de spoilers.

Después de seis años de silencio, uno de nuestros cineastas más populares regresa al cine con una película que llamó la atención por estrenarse en un lugar tan sacro santo como el Festival de San Sebastián. Pero la cosa empezaba a chirriar cuando sus dos estrellas no acompañaron al director, en su estreno, y sobre todo tras la fría acogida de crítica y público.

Las creencias en tales qué cosas han dado mucho juego en pantalla. Una serie como X-files decía eso de que “creer” era la clave, mientras que un personaje literario de gran hondura como Sherlock Holmes llevaba como bandera: “Cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad”. Amenábar parece dispuesto a su propio galimatías sobre este mismo tema en una caza del ratón al gato que habría gustado al mismísimo Goebbles.

"Regresión" podría resultar ser una elección arriesgada dentro de la filmografía de un director cuyo trabajo más reciente –Ágora- estuvo a la altura de las glorias del pasado, en el aspecto formal, aunque también suscitase toda una polémica, por relacionar el cristianismo con la destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría. Podría resultar arriesgada, pero no lo es. Es una apuesta por un valor seguro -un "run for cover", como diría Hithcock- sabiendo qué este tipo de películas suelen arrasar en taquilla.


Con su nuevo film, ahonda en el territorio del psychothriller con un cuento, construido a base de sospechas satánicas localizado en un pequeño pueblo de Minnesota. –Ojo: lo de “Minnesota” lo sabría por la sinopsis, en ningún momento se dice nada del lugar donde se desarrolla la historia, si no que alguien me corrija- Y viene arropado por dos estrellas del cine de Hollywood como Ethan Hawke y Emma Watson. Para Hawke, la  película sigue el ejemplo de "Sinister" o “The Purgue" en lo que respecta a su faceta interpretativa con tintes de horror; mientras que para Watson, es su primera incursión en el género. Para Amenábar, sin embargo, es su tercer largometraje rodado en inglés - una producción hispano-canadiense- que marca el regreso al lado oscuro –aunque pálido- de sus primeras películas, frente al drama histórico de "Ágora" y su biopic "Mar adentro", con la que obtuvo el Oscar.

El título se refiere a una rama, aún controvertida, de la psicoterapia, aquella que utiliza la hipnosis para hacer que los pacientes revivan experiencias pasadas cruciales, descubriendo en el proceso las raíces reprimidas de un trauma. Pero el debate surgió en los años noventa cuando se observó que servía más para crear nuevos recuerdos en lugar de recuperarlos. Debidamente ambientado en 1990 - evitando así los rigores de la investigación en esta línea - "Regresión" enfrenta a una serie de personajes, a la hora de utilizar las incertidumbres y los recuerdos para determinar quién provocó la violación y las cicatrices de la joven de 17 años, Angela Gray (Watson).

La película comienza con la confesión de su padre John (David Dencik), aunque admitiendo no tener ningún recuerdo de lo sucedido. Un destello de certidumbre, entumecido por la importancia de la fe en la memoria del personaje, porque de nuevo la Iglesia parece ser la responsable de todos los males en otra película de Amenábar. Es entonces cuando entra en juego el Dr. Kenneth (David Thewlis) un psicoanalista británico experto en la terapia de regresión, dispuesto a practicarla tanto al padre como a la hija, y a medida que sus respectivas memorias se expanden,  otros personajes van apareciendo en este extraño puzzle, entre ellos un joven colega de Kenner, Nesbitt (Aaron Ashmore) y la solitaria abuela de Angela, Rose (Dale Dickey).


Es desalentador que en su sexto largometraje, Alejandro Amenábar alcance un tono cinematográfico de pura serie B, que podría ser presentada en un mismo pack junto a "Bless the Child" (que en España se llamó La bendición) y "Caso 39”. En la película fallan cosas como el guión, que  Amenábar se lanzó a escribir –sin el apoyo de su amigo Mateo Gil- o las interpretaciones poco convincentes de los protagonistas, sobre todo en la escena en la que el personaje de Hakwe confiesa que la investigación está empezando a afectarle, y en el poco arrojo del final.

Resulta difícil no entrar al trapo de las referencias directas –el film donde Edward Norton desquiciaba  a Richard Gere, por ejemplo, con muchísimo más garbo que en esta ocasión-. A fin y al cabo, la película nos lleva constantemente de un callejón sin salida a otro,  sin que podamos hablar de giros en el guión, en donde creer sería la clave. Creer, sí, pero en qué.