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Ahora que se cumplen poco más de treinta años de la trilogía, celebrándolo con una nueva entrega de este particular personaje del “loco” Max, podemos valorar que Mad Max ha sido pura adrenalina - una cualidad que no se perdió cuando la franquicia recibió una inyección de dinero estadounidense para su tercera entrega-.  

Mad Max surgió en 1979 gracias a George Miller y contó con un presupuesto reducido. La película fue protagonizada por un entonces desconocido Mel Gibson en el papel principal. Cuando Mad Max 2: The Road Warrior llegó dos años más tarde, con un presupuesto y aspiraciones más altas, Warner Brothers puso su interés en él y abrió las puertas de Hollywood, de par en par. Fue un éxito atronador. De la noche a la mañana, Mad Max se convirtió en un héroe de culto y situó a  Mel Gibson en el firmamento del cine. Cuando llegó el momento de hacer una tercera película de Max, Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno, Warner Brothers puso el  dinero suficiente para que Miller (sumándose como co-director George Ogilvie) desplegasen el lado más salvaje. La tercera película de Mad Max representó el final de la saga, aunque Miller en ocasiones había expresado su interés en la producción de una cuarta película. Mientras tanto, Gibson se ocupaba en otras cosas: Arma Letal, Braveheart, y La pasión de Cristo. Pero Mad Max es donde comenzó todo. 

¿Dónde está el origen?

Mel Gibson tiene mucho que agradecer a este personaje, un héroe nihilista y solitario que se  establece en un futuro próximo post apocalíptico. El escenario no es original; de hecho, se trata de una presunción muy popular dentro de la ciencia ficción de serie B. (¿Quién no recuerda El planeta de los simios o The Omega Man?) En Mad Max y sus secuelas,  se saca un gran partido del páramo y el desierto australiano que proporcionar un entorno atractivo a la historia.

El arte, el cine y la literatura han supuesto que el colapso de la civilización se traduciría en el aumento de la barbarie. Esa suposición subyacente  aparece en Mad Max, pero este personaje no es un icono al estilo de Stallone o Schwarzenegger. Él es un personaje real que cambia durante el curso de la trilogía; de hecho las películas de acción siempre funcionan mejor cuando el personaje central parece hecho de carne y hueso en lugar del material de superhéroe.

                                     


Hay algo un poco diferente en cada uno de los capítulos de Mad Max. En la primera película, hay algunas escenas extendidas de ternura entre Max y su familia. Además de ofrecer un cambio en el ritmo y una pausa a la acción, éstas ilustran el tipo de persona que  era Max antes de convertirse en el guerrero de la carretera (o, como el propio Gibson, se refirió más tarde, "El hombre sin nombre" -  como un homenaje a Clint Eastwood).

 Max, un policía de Australia; su compañero, Ganso (Steve Bisley); y otros oficiales están persiguiendo al forajido Nightrider (Vince Gil). A su muerte, el líder de la pandilla, Toecutter (Hugh Keays-Byrne), jura venganza. Las ejecuciones de  la esposa de Max, Jesse (Joanne Samuel) y del niño pequeño, harán que el policía retirado vuelva para aplicar la ley con la mayor furia posible.

Mad Max 2, el guerrero de la carretera es una película de acción y aventura sencilla, lleno persecuciones y acrobacias. Tenga, en mente, por ejemplo, en Han Solo en un entorno desértico post-apocalíptico. Esta es la película que suele recordarse mejor y de hecho es la más lograda de la saga.

- Estoy profundamente decepcionado, me habéis obligado a sacar a mis perros de guerra. Sois unos egoístas, acaparáis la gasolina. Me dicen mis prisioneros que pensáis sacar la gasolina del páramo, qué les habéis enviado a buscar un vehículo lo suficientemente potente para remolcar ese tanque.

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Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno es la más cinematográfica que sus predecesores, pero también es la menos interesante. Max Mad: La furia de la carretera es la cuarta parte, dirigida por su creador George Miller. Ya lo dijo Alfred Hithcock: “cuando no sepas qué hacer, tira de plantilla”. La segunda es el antecedente directo de la que nos llega estos días, pero la cuarta parte viene sin su actor fetiche: Mel Gibson.

-En este páramo, yo soy el que huyo de vivos y muertos.

Esta entrega tiene la originalidad de dar un mayor protagonismo a las mujeres, pero a pesar de la grandísima factura y de algunas secuencias -que seguramente estén entre lo mejorcito del cine de acción-, es más de lo mismo.  Los nuevos tiempos nos traen un Mad Max sin su actor con el que muchos empezamos a disfrutar de este género, se atreven a cambiar a otro personaje “sacrosanto” como es el de Indiana Jones y regresan Polstergeist, Jurasic Park y otros tantos remakes destroza-clásicos que por lo menos en el cine, hacen cumplir esa máxima de “que cualquier tiempo pasado fue mejor”.