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Una vez fue una de las ciudades más prósperas de los Estados Unidos, capital de la industria del motor y de la música, pero desde hace unos años Detroit ha experimentando una crisis sin precedentes. De hecho, su devastación económica es tal que podría verse convincentes imágenes post-apocalípticas desde casa.  Este panorama de ciudad fantasma es el que ha tomado Ryan Gosling para su debut como director, película que está cosechando unas malas críticas –algunas injustificadas- desde su paso por el Festival de Cannes.

La ópera prima del actor toma el título de una ciudad anegada en donde se desarrolla la historia. La construcción de un embalse ha obligado a los residentes a dejar atrás una Detroit apenas poblada. En un momento de la película, Billy (Christina Hendricks) regresa a casa para encontrar cómo la vivienda contigua a la suya es derribada sin previo aviso; ella se ha atrasado en su hipoteca, y sabe que podría ser la próxima.

Desesperada por mantener a sus dos hijos en la casa en la que creció,  acepta trabajar en el club de Ben Mendelshon, regentado por Eva Mendes. Aquí encontramos la famosa fotografía de Robert Doisneau de la puerta a la condenación, recreado en el burdel, la parte más extraña de una película de por sí, extraña.  Sugiere un mensaje metafórico: encontrar el purgatorio en todo lo que nos rodea, pues los ricos están empujando a los últimos supervivientes a las puertas del infierno.


   Robert Doisneau.                     

El hijo mayor de Billy, Bones (Iain De Caestecker), se queda en casa para recoger la chatarra de las ruinas de la ciudad y lidiar con una especie de sociópata Bully (Matt Smith, visto en Doctor Who). Sentado en una silla de felpa, grita "¡mira mis músculos!" desde un micrófono mientras evita a la competencia en el negocio de recolección de residuos.

 Con su ensuciada camiseta blanca y murmurando de forma lacónica, De Caestecker parece un alter ego del propio Gosling, aunque carece de la capacidad de su director para el papel. Más afortunada es Saoirse Ronan como una inesperada amiga, Rata.

Si la trama ya nos suena algo rara,  no es nada en comparación con el estilo, sobre todo en los cortes inesperados a casas en llamas o al zoológico invadido de malezas.

¿Se ha equivocado a la hora de buscar sus referentes?

Como director, Ryan Gosling  parece haber salido del paso desplegando una  colección de florituras y ritmos tomados de otros cineastas (Lynch, Refn, Noé, Kaufman). Podemos rastrear un punto en común con las metáforas visuales de David Lych, pero se trata de una propuesta cercana a una interesante película, inedita entre nosotros: Enter the Void (Gaspar Noé). Una película sobre un Tokio futurista, con un viaje alucinógeno y mucha violencia, de por medio, que comparte con la película que nos centra un cierto tratamiento estético, gracias al director de fotografía en común: Benoît Debie.

Sin embargo, Gosling está bajo el hechizo de su reciente maestro Nicolas Winding Refn. Las habitaciones de color saturado (parecido a la obra del artista James Turrell) y la música electrónica recuerdan a "Sólo Dios perdona", pero esta película no es tan violenta ni tampoco cuenta con el mismo nihilismo.

                                                 

                                                 

Obras de James Turrell.

También recuerda la mezcla de realidad y fantasía de Bestias del Salvaje Sur. Lost River se desarrolla en las ruinas de una ciudad, ahogada literal y metafóricamente.

Ryan Gosling no es el primer actor en tomar las riendas de una película y en principio, esto no debería ser una mala opción.  Intérpretes que dieron de sí grandes films los encontramos en Clint Eastwood, Tommy Lee Jones o Robert de Niro. El problema de Gosling es que no supo elegir bien sus referentes y tomó el estilo pretencioso del neo noir (Driver) o las florituras del cine postmoderno, olvidando que fue el protagonista de otro tipo de cine mucho más interesante con Dereck Cianfrance.

                             

La falta de diálogo es uno de los grandes problemas que encontramos en el guión, pero es la falta de construcción narrativa lo que destaca en Lost River. En los primeros instantes, aparecen instantáneas elípticas y lo sorprendente es que toda la película sea así. El debut de Ryan Gosling cuenta con unos montajes febriles de imágenes que dependen demasiado de la magnífica partitura de Johnny  para unirlas.

Sin embargo, la película funciona por su carácter extraño. Sus imágenes fragmentadas y su inquietante paisaje sonoro perduran en la memoria, al igual que su abrumadora sensación que inunda la pantalla. Una vez que  Gosling encuentre su propio estilo puede que empecemos a referirnos de un nuevo director; por ahora, Lost River se presenta como un ambicioso pero confuso debut, a través de un desplegar una serie de imágenes en busca de una narración.