20141204152039-the-quiet-man-1952-5.jpg

“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste” de esta forma humilde se solía presentar John Ford, alguien que un día como hoy del año 1952 pudo sacar adelante uno de sus proyectos más queridos, que llevaba casi dos décadas en el tintero. El hombre tranquilo supuso su cuarto y último Oscar a la Mejor Dirección, tras El delator, Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle! (1941); también tuvo la nominación en La diligencia (1939). Como vemos, ya hacía once años que dicho premio se le resistía.

Si es verdad que John Ford los emparejó por primera vez, unos años atrás en Río Grande (la película que cerraba su famosa Trilogía de la Caballería) fue El hombre tranquilo el que consolidó esta unión no sólo como una de las parejas cinematográficas con más química en pantalla sino también por reflejar las dos grandes pasiones de su director: Irlanda y el amor secreto que sentía Ford por Maureen O´Hara.  John Ford es John Waye, por supuesto a lo largo de toda su carrera, pero sobre todo en esta película. Es Ford quién regresa , esa Irlanda y será Ford, también quién se enamore de Mauren O´Hara, esa pelirroja de gran temperamento, la “llamada Reina del Tecnicolor”.

John Ford llenó sus películas de personajes y de todo tipo de detalles irlandeses. Canciones y tonadillas irlandesas sonaron a lo largo y ancho de su filmografía, mitos irlandeses o temas puramente de Irlanda, como la presencia del Ira en El delator, demostraron el interés de este director por esa lejana tierra. Aunque fue en El hombre tranquilo, donde llevó esas historias, estilos y sus amigos a un ambiente cien por cien irlandés.

Una película de la que es muy difícil sacarle punta porque es un clásico del que se suele hacer una multitud de referencia, pero hasta ese pueblo de ensueño llamado Innisfree hemos querido ir. Uno de sus trabajos más emblemáticos para su director y uno de los más queridos por los cinéfilos. Dejémonos seducir por las verdes praderas y su alegre gente,  por ese pueblo por el que no parece pasar el tiempo y por sus espléndidas peleas, curadas al calor de la cerveza de un buen bar. Sintamos el temperamento de una “diosa pelirroja” y de sus personajes peculiares como el propio John Wayne, un boxeador retirado que vuelve a su Irlanda natal; Will, el hermano de su prometida, con quién mantendrá no pocas peleas y el  pintoresco Michaleen Flynn. ¡Homérico!.

Como es costumbre en nuestros últimos artículos, os traemos un reportaje audiocomentado de la película. (Aviso de importantes spoliers).