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Amy (Rosamund Pike) y Nick (Ben Affleck) son unos escritores talentosos, que forman un matrimonio casi ejemplar, al menos en apariencia. Pero en el día de su aniversario, ella desaparece y Nick pasa de ser víctima a verdugo. Con estas premisas, Perdida podría ser un thriller más de sobremesa sino fuera porque está rodado por David Fincher. Desde hace más de veinte años, y esta es su décima película, el realizador aparece como un gran narrador, demostrando su buen pulso para contar historias de asesinatos.

En un primer tercio, la película nos muestra cómo se conocieron los personajes pero también los problemas que fueron afrontando como matrimonio; todo ello contado en flashbacks. Pero pronto se añadieron otras cuestiones, como la influencia de los medios de comunicación a la hora de creer una estado de opinión concreta o una reflexión sobre la sociopatía. 

-La característica de un sociópata es su falta de empatía.

Nick y Amy vivían en un matrimonio en caída libre desde hace varios años, momento en el cual el personaje de Ben Affleck pasa de ser víctima a sospechoso por su forma de interpretar un papel de marido preocupado pero no desconsolado. De la temática encontramos referencias en algunas películas como sucedía en The Game (entre los hermanos Van Orton), en el trasfondo de “El curioso caso de Benjamin Button” y “Millennium: Los hombres que amaban a las mujeres”.  

 -¿Mataste a tu mujer, Nick? 


El argumento parte de una novela de Gillian Flynn, también autora de su guion, por lo que debemos pensar que la adaptación de David Fincher (acostumbrado a tomar historias ajenas) es mucho más que algo fiel a la atmósfera. Aún eso lo cierto es que no faltan los detalles del realizador-autor que aparecen como un inconfundible sello del director. Tras “El curioso caso de Benjamin Button”“La red social” y “Millennium: Los hombres que amaban a las mujeres” y de introducirse en el mundo de la televisión con la estimable “House of cards”, David Fincher compone con Perdida un sórdido micromundo (quizás su trabajo más cínico hasta la fecha) y nos abandona para retar a nuestra percepción con una película sobre la falsedad, los juegos y la sociopatía temas presentes en muchas de sus películas.

David Fincher, cuestiones sobre  un estilo personal.

Como otros grandes directores de su generación, como los hermanos Scott, Ficher comenzó su andadura en el terreno del videoclip y de la publicidad, dejándonos un estilo visual innegable pero no dirigido a crear piruetas audiovisuales vacías de contenido. Un interesante ejemplo lo encontramos en el montaje de la secuencia de la regata Henley en La red social.

Sus comienzos fueron similares a los de James Cameron. Su primera película fue una secuela (la tercera entrega de una saga –Alien- que comenzaron Ridley Scott y el propio Cameron) y tuvo que esperar a su segundo trabajo (Seven) para mostrarnos su inmensa capacidad cinematográfica y su estilo personal.  Pero su gran capacidad narrativa quedaría patente en una multitud de detalles que, de una forma u otra, aparecen en sus películas. La primera, y la más importante, es que cuenta con las obsesiones del mundo occidental, desde la representación de la cultura del miedo a la crítica del consumismo.

                  

-La llamamos la habitación del pánico. Un cuarto, un torreón de la Edad Medida, de paredes de hormigón, línea telefónica interna y sistema de ventilación.

En Panic Room, madre e hija se encuentran atrapadas en "la habitación del pánico" de su propia casa en Nueva York, una estancia oculta construida como refugio en caso de robo. La película era una reflexión del miedo que aparecía en muchos de sus trabajos, inclusive en Perdida. Lo mismo sucede con la crítica a una sociedad capitalista dirigida al consumismo autocomplaciente. Ikea y un espectacular monólogo a cargo de Brad Pitt aparecían en esa tesis de Fincher hacia el tema que era El club de la lucha.

-¿Entonces qué somos? Sólo somos consumidores. Exacto, el producto secundario de una obsesión con el nivel de vida. Los asesinatos, el crimen, la pobreza, me tienen sin cuidado. Lo que me molesta son las revistas de celebridades, TV con 500 canales, calzones con el nombre de un tipo. Rogaine, Viagra, Olestra. Al carajo con tus sofás y sus patrones de franjas Strinne. Yo digo que nunca estés completo. Yo digo que dejes de ser perfecto. Yo digo que hay que evolucionar. Pase lo que pase.

O en The Game.

-¿Qué se regala a alguien que lo tiene todo?


El amor a Hithcock en su cine es una constante, como también lo es la representación del juego. Hithcock y La huella de Mankiewich aparecían en una multitud de detalles en la citada película de The gane. El film es también un reflejo de la falsedad y de la trampa llevado a la propia narrativa de la película, quedando como ejemplo su final. Ese truco-trampatojo de The game podría ser un ejemplo de cómo es el propio cine de David Fincher, citando las palabras del crítico Hilario J. Rodríguez: “busca riesgos entrecomillados” (Arquitectura fílmica”, Dirigido por… nº 311, Abril de 2002, pág. 21). Busca rentabilizar al máximo su cine, restando los riesgos que pudiesen surgir en sus películas por lo que suele contar con las máximas estrellas del momento y del apoyo de una “major”.

Para terminar con su interés por la psicopatía, presente en su primera película más personal, Seven.

-Pereza, ira, soberbia, lujuria e envidia. Siete, en total. Prepárate para siete crímenes más.

En Perdida o en Zodiac.

-Me gusta matar a la gente porque el hombre es el animal más peligroso que existe.