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Se cumple el cincuenta aniversario de Zulú, una de las más espectaculares películas coloniales jamás rodadas y que suponía el primer papel protagonista de un joven actor, uno de los más grandes intérpretes de todos los tiempos. Hablamos de Michael Caine, interpretando a un oficial británico.

-¡Compañía, carguen bayonetas!

La película narra un suceso histórico, la más humillante derrota británica que seguiría a un acto heroico protagonizado por un puñado de tropas, en la que más de cuatro mil guerreros zulúes se enfrentaron a poco más de un centenar de soldados británicos. Sin embargo, en su momento fue considerada de racista porque no es un canto al heroísmo sino un catálogo de comportamientos, representado por cada soldado y oficial, dispuesto en la misión de Rorke´s Drift.

-¡Qué raro, parece como si se sintiera el ruido de un tren!

En 1879, en la colonia Natal de Sudáfrica, el reverendo Otto Witt y su hija Margarita asisten a una boda masiva zulú de sus mejores guerreros. Un mensajero interrumpe las celebraciones para informar al jefe Cetshwayo de la victoria en Insandlwana. Ante las noticias alarmantes y viendo su iglesia en peligro, el reverendo Witt parte junto con su hija Margeret para avisar al destacamento británico que ocupa la misión. Estamos a las puertas del conflicto que se vino a llamar como Guerra anglo-zulú, que enfrentó en tierras sudafricanas a los nativos zulúes con los soldados invasores del ejército británico.

- Los zulúes se han ido, todos. Es un milagro.

- No, no lo es. Es gracias a la efectividad de nuestras armas automáticas.

- Y a las bayonetas. Y al valor de nuestros hombres.

 El 22 de enero de aquel año, en la batalla de Isandlwana, el ejército zulú arrolla a los ingleses. Y aunque la cifra de muertos no llegará al millar, será la gran derrota de su etapa colonial, la más inesperada, la que quedará anclada en la memoria. 

Tras el desastre que para el Ejército Británico supuso esta batalla,  los tenientes John Chard (Stanley Baker) y Gonville Bromhead (Michael Caine) se encuentran con que su contingente de 140 hombres ha quedado aislado del resto de las tropas británicas dentro del territorio zulú. Son informados de que 4.000 guerreros nativos están en camino para atacarles. Los dos tenientes tienen criterios militares diferentes y entre ellos se crea un conflicto sobre la mejor manera de preparar la inevitable batalla.

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-¿Cómo te sientes?

-Mal.

-Hay que estar vivo para sentirse mal.

Veinticinco mil zulúes arrasaron a mil casacas rojas británicos pero, el mismo día de la victoria de Isandlwana, otros cuatro mil zulúes no fueron capaces de vencer a 139 galeses entre algunos heridos, demostrando que la derrota fue una excepción.

 Un cineasta en el exilio.

El éxito de la película se debe al norteamericano, Cy Endfield  un realizador particular capaz de enseñar trucos de ilusionismo al mismísimo Orson Welles como de perpetrar la primera adaptación cinematográfica del clásico de Verne, La isla misteriosa. Un director que se vio involucrado en el proceso de la “caza de brujas” por lo que se vio obligado a marchar a Inglaterra, ayudado del actor Stanley Baker, co-protagonista de la película.

Endfield estuvo en la lista negra de Hollywood acusado de comunista por el “Comité de Actividades Antiamericanas”. En muchas películas suyas, ambientadas en el cine negro, mostraba unas premonitorias llamadas de atención al proceso que debió sufrir, junto a otros muchos compañeros de profesión.

“Vuelve la quema de brujas”, dirá el personaje de Richard Widmark (Desafío al miedo) en el contexto de la manipulación de la prensa en manos de los poderosos. 

-A la gente le gusta asustarse, cuánto más se asuste más periódicos vende.

                            

O el clima de opresión moral presente en The underworld story, con una secuencia emblemática: una mujer apela a la razón: “debemos ser más liberales”, ante el linchamiento que sufre uno de los personajes.

Como consecuencia, se vio obligado a marchar a Inglaterra donde tuvo que comenzar trabajando bajo varios seudónimos. Pero Endfield no fue el único exiliado de su equipo. Le acompañaron el guionista Henry Blackford, el actor Howard Da Silva y el productor Hal E. Chester, algunos de sus estrechos colaboradores desde que Chester le produjese su opera prima Gentelman Joe Palooka, sobre la historia de un boxeador, nacida de un cómic.

La filmografía de Cy Endfield transcurrió entre el cine negro, el género de aventuras y algunas rarezas como el erotómano film De Sade, película que fue escrita –aunque parezca increíble- por Richard Mathenson. Aunque fuese dirigida por Endfield, metieron mano en el largometraje otros directores como Roger Corman.  Eso sí, el cineasta sería mucho más conocido por la primera versión de La isla misteriosa, con Ray Harryhausen en las maquetas y Bernard Hermann, en la música; y por Zulú, un espectacular film de aventuras anticoloniales.

 

 

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