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George Cloony reúne a otra “cuadrilla”, como la que formó su personaje de Ocean en los films de Sorderberg, pero aquí son personas respetables y algo otoñales, alejados del prototipo del héroe clásico.

 La película parte de “Monuments men: Allied Heroes, Nazi Thieves and The Greatest Treasures Hunt in History”. El libro narra cómo un grupo de hombres y mujeres, muchos de ellos relacionados con el mundo del arte, organizaron una operación de rescate de obras amenazadas por los nazis. En realidad fueron unos cien miembros, pero George Cloony se limita a siete, traduciéndolo a una “macho movie” al estilo de Los violentos de Kelly o Doce del patíbulo. Con una sola presencia femenina destacable: Cate Blanche, cuyo personaje de Claire Simone se inspira en Rose Valland quién luchó contra los nazis de una forma tan discreta que llegó a ser acusada de colaboracionismo.

-Los monuments men.

-Firmado, Roosevelt.

-¿Cuántos sois?

-Seis, siete contigo.

 Si en Doce del patíbulo (Robert Aldrich), el Mayor Reisman (Lee Marvin) formaba un comando con el fin de aniquilar al mayor número posible de oficiales nazis, y en Los violentos de Kelly, Clint Eastwood lideraba a un grupo dispuesto a capturar el oro de los alemanes; los “siete de Cloony” se adentran en territorio enemigo para recuperar obras de arte.

 La principal diferencia es la falta de épica en Monuments men; película que no gustará a aquellos amantes del cine de acción, pura y dura. Hay poquísimas escenas de combates en el film, e incluso sorprende una de ellas porque presenta a un francotirador que termina siendo un niño (SPOLIER). La quinta dirección de Cloony no se parece a las citadas “macho movies”, porque tampoco sus protagonistas son miembros indeseables del ejército, especialistas todos ellos en técnicas de combate; sino hombres cualesquiera, respetables dentro del mundo del arte, entre el conservador de arte (Stokes, G. Cloony), un arquitecto (Campbell, Bill Murray), una historiadora del arte (Cate Blanche) o un conservador de arte medieval en el Metropolitan (Granger, Matt Damon).   

The Monuments Men

 La patrulla, formada a iniciativa de Eisenhower, tenía la misión de recuperar obras de arte en plena Segunda Guerra Mundial, mientras que los aliados avanzaban hacia Berlín. En honor a la verdad, la MFAA (Monument, Fine Arts and Archive) –sección creada por Roosevelt- se hizo eco de la Junta de Defensa del Tesoro Artístico que creó el bando de la República durante la Guerra Civil, cuando se dieron cuenta del peligro que corría nuestro rico patrimonio artístico, por los bombardeos. Odisea que culminó con la evacuación de las obras de arte del Prado, lo que quedó testimoniado en la película La hora de los valientes (Antonio Mercero) y en documental, Las cajas españolas (Alberto Porlan).

 -Pueden exterminar a toda una generación, arrasar sus casas y, aún así, el pueblo se repondría. Pero si destruyen su cultura es como si nunca hubieran existido.

 La película se centra en una depredación hacia la cultura que acompaña a todos los grandes conflictos bélicos, un saqueo y destrucción artística denunciados constantemente por la UNESCO,  recordando episodios como la destrucción de los Budas de Bamiyán, en Afganistán, a manos de los talibanes, o el robo del museo nacional de Iraq, durante la Guerra del Golfo, por tropas norteamericanas (¡qué casualidad!). Casualmente George Cloony se había especializado en el saqueo en este escenario de guerra, en Tres reyes, aunque sus gustos no fueran tan refinados y se preocupase del oro de Sadam y sus electrodomésticos.

 Sin embargo, el mayor saqueo artístico se llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, por los nazis y aunque pueda sorprender, aún sigue al pie de la noticia. En noviembre del pasado año, se descubrió en un piso de Munich cerca de 1500 obras de arte que un anciano poseía, el heredero de un historiador con importantes relaciones con el Tercer Reich. Lo cierto es que el cine ha reflejado en una multitud de películas la depredación hacia la cultura ajena de los alemanes, sobresaliendo dos títulos: La noche de los generales y, sobre todo, El tren (John Frankenheimer). 

 -Es, sin duda, un arte degenerado. Como militar consciente del Tercer Reich tendría que detestarlo. En muchas ocasiones he tenido la curiosidad de esa vanidad de los que pretenden imponer las ideas y gustos, por decreto.

 Este es el antecedente cinematográfico más claro. Un grupo de partisanos, liderados por Labiche (Burt Lancaster) tratan de evitar que un tren cargado con obras de arte llegue a su destino. Por cierto, -para los amantes de las curiosidades-, la película de Frankenheimer se basaba en “La front d´l art”, libro escrito por Rose Valland, el personaje real en que se inspira el rol de Cate Blanche, en esta película.

-¿Quiero saber lo que vio usted allí?

-Cientos de obras, las fotografiaban y se las enviaban al Furher. ¿Cómo puedo ayudarle a robar nuestro arte robado?

 Todo este saqueo formaba parte de un plan organizado por Hitler. Entre sus obsesiones megalómanas estaba la de crear un gigantesco museo en la ciudad austriaca de Linz, el Fürher Museum, diseñado por su arquitecto Albert Speer y que fuera a acoger la mayor cantidad posible de arte consideradas “alemanas”. Obras que fueron inventariadas en el Informe Kummel, aunque durante la invasión a Europa, oficiales alemanes (como el mariscal Göring) fueron creando sus propias colecciones privadas a costa de pinacotecas particulares que iban confiscando; ocupando Francia un lugar de honor en este saqueo.

 -Una maqueta de su proyecto, Museo del Fürher, será el mayor del mundo.

-Necesitará muchas obras de arte.

-Por eso Hitler no bombardeó París.