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Los japoneses siguen dándonos lecciones sobre valores familiares, tras la interesantísima versión de Cuentos de Tokio (Yasujiro Ozu) que es Una familia de Tokio.

¿Quién no ha pensado alguna vez que por un error es situado en una familia que no le corresponde? Esta es la situación que viven los personajes de la nueva película del cineasta Kore-eda, “De tal padre, tal hijo”, un relato que saca a luz esas preguntas esenciales sobre la familia y la paternidad, tema clave en el cine del director japonés.

-¿Bebes intercambiados? Entonces, Keita no es nuestro hijo.

Estrenada con éxito en festivales de gran prestigio internacional como el de Cannes y San Sebastián, es un melodrama en torno a dos familias que un buen día descubren que estaban educando al hijo de otros. “La película tiene un trasfondo muy personal, tengo una hija de cinco años y no suelo contar con mucho tiempo para estar con ella. Siempre me estoy preguntando cuándo me comportaré como se debe comportar un buen padre. También es importante que es de mi propia sangre, es mi hija biológica y esto me lleva a hacerme una pregunta, ¿quién es más padre el que está contigo todo el tiempo o el de tu propia sangre?”

La película comienza con un bloque introductorio que el realizador no teme en alargar, consistente en una sucesión de imágenes domésticas de un padre, una madre y el hijo en situaciones cotidianas: el niño en el colegio, el padre en la oficina y la madre cocinando o tocando el piano; una música que acompaña a la película, el aria de “Las variaciones de Goldberg”.

-¿Se puede querer a un hijo que no es de su sangre?

                  

Entonces, llega el conflicto, cuando les comunican que hubo un error en el hospital cuando nació su hijo, que fue intercambiado por el hijo de otra familia. De ahí que el conflicto sea doble, al referirse a las dos familias. La película tiene una secuencia clave a la hora de estructurar el intercambio: En un coche aparcado frente a una ferretería, Yunari y Midori se encuentran con su hijo verdadero que acaban de conocer; a fuera del coche se encuentra el otro conflicto, con Yudani y Yudari que contemplan tristes como se aleja su hijo  no verdadero, según el criterio de la biología, pero auténtico, según el afecta, la convivencia y la educación. ¿Es  mejor intercambiar los hijos antes de que sean mayores o hacer como si no existiese el otro hijo? Estas cuestiones, que surgen de la película, las encontramos en buena parte de la filmografía del realizador japonés, indagando en los vínculos familiares, la responsabilidad de los adultos o cómo esta afecta a los niños. 

-Por el bien de los hijos es mejor intercambiarlos lo antes posible, pero es muy precipitado.

La infancia y la familia.

Algo de todo esto adelantaba el propio Kore-eda en una parte importante de su filmografía, pues la infancia suele estar presente en su cine, capacitado para sacar lo mejor de sus jóvenes intérpretes. Muy pocos como él han filmado a los niños con tanta precisión y emotividad, capturando la espontaneidad; aunque por lo general revistiendo sus historias de un drama cotidiano.  Kore Eda disfraza la complejidad de esos instantes con un cierto aliento poético. En Nadie sabe, la precoz madurez de un niño obligado a tomar el rol de padre de familia cuando fueron abandonados por una madre inestable.

-Tuvimos que irnos por los berrinches que dabais. No habléis alto. No salgáis.

                          

 Still Walking (Caminando) (Aruitemo, auritemo), es un retrato social de padres e hijos, muy al estilo de Ozu, con una reunión familiar en torno a tres generaciones de una misma familia.  

Kiseki (Milagrro) un melodrama, revestido de fábula a través de dos hermanos que viven separados tras el divorcio de sus padres.

-¿Qué ocurre, papá? ¿No te importamos?

-Algún día lo entenderás.

-¿Cuándo?

Volviendo al filme que nos centra, la dicotomía de los hijos y las dos familias es el núcleo central de la última película de Kore-eda. “En realidad, resulta bastante laborioso analizar a las dos familias. Por un lado, está una familia que podríamos calificar de exitosa y la otra familia, que tiene menos éxito en la sociedad. Ese es el análisis al estilo japonés. Es decir, que podríamos dos tipos de personas por las familias por las que entran y salen los niños de la película”. Como podemos comprobar en De tal padre, tal hijo, al principio seguimos a un hijo único y a un padre volcado en el trabajo, viviendo en una casa de gusto occidental (“es verdad que parece un hotel”), dirá el otro niño cuando lo visita por primera vez. Frente a este padre, de buenas intenciones, pero con una escasa convivencia real con su hijo, situamos al otro padre con tres hijos, dueño de una ferretería que a veces le sirve de hogar. Pero la verdad es que este contraste entre la familia rica e infeliz, y la familia pobre pero con un cálido hogar, se rompe gracias a una multitud de matices, hasta que el relato se termina centrando en la figura paternal del primero de ellos.