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La búsqueda a toda costa del éxito social o la deshumanización de la sociedad de consumo permiten que se vaya imponiendo la tiranía de unos cánones a los que todos debemos aspirar, de ahí que el séptimo arte parezca preocupado por mostrar en pantalla el ideal de belleza, cuerpos esculturales y musculados. Aún eso, personajes con el rostro desfigurados o que muestran alguna tara física, los hay muchos y muy buenos. Porque como decía Oscar Wilde, “la belleza está en los ojos de quien mira”.

El primero lo encontramos en el cine silente (El fantasma de la ópera), interpretado por el legendario Lon Chaney, el enmascarado que vivía en el subsuelo de la Ópera de París, cuyo trabajo fue recompensado con el Oscar al Mejor Maquillaje por la Academia de Hollywood; sobre todo cuando este tipo de personajes suelen estar ligados al maquillaje, lo que sorprende que uno de los trabajos de caracterización más logrados no consiguiera alzarse con la preciada estatuilla. Hablamos de El hombre elefante (David Lynch), el desfigurado cinematográfico presente en la memoria de todo cinéfilo. La película marcaba un hito al contarnos la historia real de John Merrick, acuciado de una extraña enfermedad, por la cual en su época fue considerado un fenómeno de feria hasta que un médico observó unas grandes cualidades humanas en él.

-¿Por qué no me dijo que sabía leer?

-Estaba asustado.

-Comprendo.

-Tenía miedo de hablar.

¿Cómo hubiera sido la adolescencia de John Merrick si hubiera vivido en la actualidad? A esta pregunta responde Peter Bodagnovich, con Mask (Máscara); el personaje también existió fuera de la ficción. La película mostraba a un chico optimista y confiado de sus propias capacidades, interpretado por un irreconocible Eric Soltz.

-Rocky Dennis, armario 158, combinación derecha 24, 48 izquierda, dos veces, ¿no lo has anotado?

-No hace falta.

El característico gesto de su cara hizo que esta vez si ganase el Oscar.

A veces sólo una parte del rostro marca al resto de la cara. Eso pasa al con la nariz y no hay mejor narizota que Gerard Depardieu en la versión más conocida de Cyrano de Bergerac, feo que pone la genialidad y su lirismo al servicio del guapo. De hecho, no hay nada mejor que ponerse una nariz postiza para ganar un Oscar; será verdad eso de que la suerte de la fea la guapa la desea, sino que se lo digan a Nicole Kidman, para su papel de Virginia Wolf en Las horas. Billy Cristal bromeó que la nariz real de la bella actriz australiana era la que mostraba en la película, mientras que la postiza era la del resto de sus personajes.  

A nivel televisivo, podríamos destacar “The Eye of the Belhoder”, capítulo de la segunda temporada de la mítica The Twilight Zone; mientras que en el cine vemos cómo los rostros desfigurados se prestan para los melodramas.

-Prométeme que volverás a por mí.

-Te lo prometo.

Por una promesa, Ralph Fiennes quedaba desfigurado en El paciente inglés; pero pueden que las circunstancias no sean siempre tan trágicas como la de esta película. En una sociedad regida por las apariencias, uno de los escollos que deberías superas es el sufrir alguna tara física, a causa de las circunstancias de la vida. Este planteamiento le surge al personaje de Kevin Spacey en Cadena de favores. Otras veces surgen a jóvenes hedonistas como el personaje de Eduardo Noriega que repetía trabajo a las órdenes de Alejandro Amenábar en Abre los ojos.

Como ya hemos visto demasiados dramas, terminaremos con una comedia, El jovencito Frankenstein, una joya del humor marca de la casa de Mel Brooks, para su particular versión del monstruo inmortal creado por Mary Shelley.