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-Estoy hasta los cojones de la pensión compensatoria, de los jueces y de las brujas de Zugarramurdi.

Ladrones de medio pelo, brujas del siglo XXI, guerra de sexos y un humor negro, negrísimo; todo esto y mucho más es la última comedia de Alex de la Iglesia. Las brujas de Zugarramurdi es cine palomitero, pero industrialmente necesario, en donde descubriremos que las mujeres son unas auténticas brujas. ¿De verdad sabemos cuándo hablamos del sexo débil?

Si el sueño de la razón creaba monstruos, según decía Goya, los que forman parte del particular imaginario del cineasta vasco resultan ácidos y desmedidos, con un humor negro y llenos de referencia. El propio Zugarramurdi y sus brujas; Goya y esa visión de la España más tremendista llena de particulares aquelarres y El día de la bestia: “Ese cura viajando de Deusto a Sestao para celebrar un gran aquelarre”: “No he pecado, pero voy a pecar. Voy a hacer todo el mal que pueda”.

Alex de la Iglesia vuelve a contar con su guionista habitual, Jorge Guerricacheverría, quién mantuvo una estrecha relación con el director, con dos únicas excepciones (La chispa de la vida y Balada triste de trompeta).

-Son como una secta, comparten información.

-A ver, a ver, a ver no empecemos con el rollito machista, por favor.

Un padre separado que quiere la custodia compartida, su hijo y un relaciones públicas de una discoteca protagonizan un atracado a una tienda de “compra venta” de oro de Sol. A quienes se unirán, en su alocada fuga a Francia, un taxista –tomado a punta de pistola- y su cliente, un hombre que pasaba por ahí y que sólo quería ir a Badajoz.

-Si vamos a ir a Francia, ¿puedo llamar a mi mujer para decirle que no voy a cenar?

Pero en la fuga, se sumarán otros personajes, la perturbada mujer, interpretada por Macarena Gómez y una pareja de policías, hasta llegar a un lugar recóndito.

-¿Cómo se llama?

-¿El qué?

-El pueblo.

-Zugarramurdi.

La película tiene todos esos ingredientes que suelen verse en las películas del cineasta: violencia, humor, terror, gore, algo de romanticismo y mucha mala leche. “Se encuentran un grupo de brujas que les harán la vida imposible hasta prácticamente matarles. Les hacen pagar todos sus pecados, pero en pleno sufrimiento descubren que la única manera de enfrentarse al sexo opuesto es precisamente eso, enfrentarse y en la confrontación encuentran el amor”. El deseo que sentirá el personaje de Carolina Bang por uno de ellos, será clave para evitar el Apocalipsys.

-¿A dónde vais?

-A impedir que tu madre destruya la civilización occidental. ¿Te parece bien?

Unas mirindas asesinas y veinte años haciendo cine.

El único cortometraje unió por primera vez al cineasta y a su guionista. La rutina en un bar de copas y de sus habituales parroquianos se transforma en una matanza de grandes dosis paródicas en Mirindas asesinas. Un coctel de violencia, terror y mucho humor negro definida por algunos elementos de futuras películas del director.

Desde entonces encontramos un poco de todo en su filmografía: comedias negras (La comunidad, Acción mutante, Crimen ferpecto), un road movie al estilo explotation con Javier Bardem y la participación del grandísimo actor James Galdonfini (Perdita Durango), un thriller en donde el director se puso serio (Los crímenes de Oxford), una ácida comedia sobre el Diablo (El día de la bestia) o una película ambientada en el mundo del circo y la Guerra Civil (Balada triste de trompeta).

-Si no fuera payaso, hubiera sido asesino.

La verdad es que esperaba una nueva película de Álex de la Iglesia, aunque sus anteriores proyectos (Balada triste de trompeta y La chispa de la vida) me habían dejado bastante decepcionado, sobre todo por el posicionamiento del propio realizador ante la historia de la primera citada, una más sobre la Guerra Civil, aunque contada como nunca antes se había visto. Eso sí,  me sorprendió que fuera una película tan premiada; sólo podía explicarse el premio al Mejor Guión en el festival de Venecia en la presidencia del Jurado en Quentin Tarantino, amante de los excesos por el exceso.

Y la nueva película empezó a interesarme desde el momento que supe que algunos de los actores con los que había trabajado en un cortometraje, como co-coproductor, participaban en este nuevo proyecto: Me refiero a Manuel Tallafé (habitual del cineasta), Macarena Gómez y Javier Botet. Personajes secundarios que arropan a unos protagonistas que se estrenan con el director, los televisivos Hugo Silva y Mario Casas, junto a otros ya frecuentes como Terele Pávez, Carmen Maura o Santiago Segura.

La guerra de sexos y brujas.

Desde los títulos de crédito, mujeres de carácter (desde Ángela Merkel a Margaret Tatcher) toman el control de la película. Lo vemos en las esposas de las que intentan huir estos dos ladrones chapuceros, Macarena Gómez y Alexandra Jiménez, pero sobre todo en las brujas que dan título a la película con Terele Pávez y Carmen Maura, a la cabeza. No es la primera vez que aparecen las citadas brujas de Zugarramurdi en el cine; Pedro Olea dedicó al caso real un documental, Akelarre, protagonizado por Mary Carrillo.

-¿Sois brujas?

-A mí las brujas no me dan miedo, a mí lo que me dan miedo son esos hijos de puta.