20130424013604-planet-51.jpg

- Señoras, ¿quién quiere conocer a un astronauta?

El capitán Chuck C. Baker, aterriza en un planeta desconocido y va a clavar la bandera en señal de colonización, cuando descubre toda una civilización. El arranque de la película es, sin duda uno, de esos momentos cumbres del filme: Esa llegada del astronauta a un planeta lejano en el que nada nos resulta desconocido. Unas secuencias a ritmo de 2001 y con guiños a Mars Attak!, rompen con la cotidianidad de una familia en plena barbacoa. Diríamos que se trata de un rápido apunte de algún filme de ciencia-ficción de los 50, si pasáramos por alto un detalle. El marciano es el humano.

El protagonista de la película es un astronauta –por supuesto norteamericano- procedente de un lejano planeta, la mítica Tierra, que reúne todas las virtudes y defectos que atribuimos a los yankis, gran sonrisa y pocas luces. Partiendo de esta base, se trata de una historia divertidísima, rodada en inglés, pero de factura española. ¿Qué pasaría si un astronauta aterriza en otro planeta y para los nativos verdes y con antenas, resulta ser lo que llamamos un alienígena? 

                                

La credibilidad de sus imágenes y la solvencia de la animación podrían pensar en una nueva entrega de Pixar, pero este filme no tiene nada que envidiar a los chicos de J. Lasseter. Los creadores del prestigioso videojuego, Commandos, han hecho posible una producción enteramente española que puede competir al más alto nivel. No en vano, ha contado con la participación de uno de los guionistas americanos, que cuenta entre sus trabajos, las dos primeras entregas de Schreck, apreciadas por la ironía de sus diálogos, hasta entonces inusuales en las películas de animación.

- Puedo respirar.

- Rendíos para conduciros a un centro de rehabilitación especial.

- No me digas, tú y cuantos más.

- Pero si hablas mi idioma.

- Es increíble, pero si hablas mi idioma.

- Si, es eso mismo lo que acabo de decir.

- Y yo, lo que acabo de decir. Dí algo más.

- ¿Cómo qué?

- ¡Como qué!

Después de la única parte de la película que no entiendo (el hecho de que hablen el mismo idioma) se pasa a un rápido apunte de los personajes, para luego entrar en materia: la llegada del astronauta hace cundir el pánico (el ejército entra en acción) y se pone en marcha la historia. Una aventura en dos tiempos: por una parte, es una especie de ET al revés, en donde Chuck es el alienígena que quiere volver a la Tierra; y por otra parte, es la amistad intergaláctica entre unos personajes tan curiosos como reconocibles por el espectador.

- Es claramente escritura alienígena, dice: “Rendíos o morir”.

- Diabólico.

Chuck C. Baker será perseguido por los implacables militares del general Grounch, y ayudado por Lem un joven aspirante a astrónomo y por su amigo Skip, un pirado de los cómics de ciencia-ficción que se hace íntimo amigo de Robert, la curiosa mascota que había sido envidada hace años desde la Tierra al llamado Planeta 51. El robot, Robert, -convertido en una especie de perro- es ese clásico personaje salido de los estudios Pixar, el de una máquina con alma. De hecho, recuerda mucho a esa genialidad que fue Wall-e. Planet 51 aparece repleta de referencias, homenajes y guiños cinematográficos a todo un género de la ciencia-ficción perfectamente reconocibles para el espectador de a pié. Desde los filmes rodados en los 50, pasando por Alien a los blocksbuster de Spielberg, Encuentros en la Tercera Fase a ET, El extraterrestre.

- ¡En la boquita o el monstruo malvado te llevará!

                         

Pero sobre todo, se trata de una imaginativa recreación de un mundo alienígena, con la estética de los Estados Unidos en los años 50, con un impresionante despliegue de detalles, y no solo cinematográficos, que podría requerir más de un visionado de la película para captar todos y cada unos de ellos. Algunos detalles son muy curiosos, como ese coche escarabajo de los ecologistas o la mascota familiar, un divertido “alien” que no ve con buenos “ladridos” la llegada del astronauta. No es la primera vez que se han tomado los años 50 para un contexto ajeno, en la conocidísima serie Los Picapiedras se trasladaba esa época a la Edad de Piedra e incuso un entrometido visitante del futuro irrumpía en aquella década, en Regreso al futuro. En esta ocasión, es una civilización espejo de esos Estados Unidos inmersos en la Guerra Fría en donde se creía ver comunistas/aliens hasta en la sopa. Una sociedad que vivía en una paranoia que sugería vigilar los cielos en previsión de invasores extraterrestres.

- Todos cuantos me escuchéis en estos momentos, decidle a todos, decidle al mundo entero, desde donde quieran que estéis: vigilad el cielo.

En la animación, la tecnología se ha puesto cada vez más accesible, lo que vemos en un repunte de la animación española (Tadeo Jones, O Apostol). Lo que va ha hacer que estos filmes funcionen, será la calidad de sus historias, pero algunas veces, el éxito de taquilla y crítica no coincide con estos principios. Ahora bien, ¿por qué para triunfar tiene que tener tema y forma hollywoodiense?