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-Era el trece de diciembre de 1937, Nanking estaba en llamas. Las últimas tropas chinas nos despejaron el camino a la iglesia, a nuestro refugio. 

Adaptando la novela "Las trece vírgenes de Nanking. Las flores de la guerra" de Geling Yan (editada en España por Alfaguara), Zang Yimou relata la masacre de Nanking, uno de los episodios de la historia de China (previo a la Segunda Guerra Mundial) menos conocidos.

Desde la proclamación del Manchukuo, (una Manchuria independiente, bajo la protección japonesa), vemos una intervención nipona en China que concluiría con la ocupación del país como parte de su expansión territorial por Asia, previa a la Segunda Guerra Mundial.  En este contexto, la batalla de Nanking fue uno de los episodios de este conflicto, que fue llevada a la pantalla en la magnífica película Ciudad de vida y muerte (Lu Chuan). Uno de los principales aspectos del film de Lu Chuan era reflejar los comportamientos de ambos bandos, durante el coflicto. De hecho, la película fue retirada a causa de la censura del gobierno chino que vio en su historia una actitud complaciente con algunas individualidades de los soldados japoneses. John Rabe, un nazi (pues los japoneses fueron aliados de Alemania, en la guerra) fue el particular Oskar Shindler del film de Lu Chuan, película que comparte con la de Spielberg (La lista de Shindler) algunos aspectos: una similitud estética -ambas rodadas en blanco y negro- y un acercamiento humano. Este segundo aspecto se repetirá en la cinta de Zhang Yimou. 

El punto de vista de una historia trágica. 

Una de las principales diferencias con respecto a la cinta precedente, y también a aquel clásico episodio de la guerra propagandística, dirigida por Frank Capra ("¿Por qué luchamos?"), es el punto de vista de la historia. Vemos los acontecimientos de la película a través de los ojos de dos grupos de mujeres que a pesar de ser contradictorios, deben convivir para sobrevivir. Uno de estos, son niñas que estudian en un convento y el otro, unas prostitutas que escapan de un burdel cuando comienza la ocupación. El argumento, por tanto, está muy relacionado con el propio universo cinematográfico de Zhang Yimou, en cuyas películas los personajes femeninos cumplen una gran función, sobre todo aquellos que deben luchar por su supervivencia y la sumisión, en medio de un mundo dominado por los deseos masculinos.

 -Recuerdo cuando entraron en la iglesia las famosas mujeres del Lio Tinhai, la dulce fragancia a maquillaje y perfume. 

                      

El problema que hayamos en la película es su carácter poliédrico, en el que no sabe muy bien cómo enfocar las diferentes tramas. Sobre todo, porque el enfoque está dirigido por la voz en off de una de las huérfanas del convento, personaje a quien no se otorga entidad propia en la narración del film. También extraña que en un principio el protagonismo parecía radicar en una de las prostitutas, cuando entra en la acción un occidental con el rostro de Christian Bale y en cuyo proceso de redención si se detiene el director. 

-¡Alto, alto esta es la casa del Señor! ¡Solo son niñas!

Curiosamente en los demás retratos de esta batalla de Nanking, la figura de un occidental es predominante. Y si en Ciudad de vida y muerte era el histórico personaje de John Rabe, aquí es el ficticio John Miller, un buscavidas americano que se suma a la causa de estas mujeres cuando se encuentra en plena crisis personal, con un desconcertante y poco creíble giro del personje. "En aquellos días, en Nanking había muchos extranjeros y cualquier asunto relacionado con la masacre tiene que relacionar a algún extranjero. El alemán John Rabe fue el más conocido, yo afortunadamente pude contar con Christian Bale para la película".

-Quién queda allí, las chicas y tú.

-Padro John, yo...

-No soy sacerdote, pero no puedo dejarlas solas. 

No es la primera vez que Christian Bale se enfrenta a este conflicto, pues su primer personaje de relevancia (siendo niño) debió sufrir las consecuencias de esta invasión japonesa en El imperio del sol (Steven Spielberg); un conflicto muy cinematográfico, aunque destacando a Shanguay en el objetivo: una de las ciudades más importantes y atractivas para los occidentales de China.

La visión del director.

La mejor parte de la película corresponde con la estancia de ambos grupos de mujeres en el convento, en el que conviven con el fin de sobrevivir, con algunos momentos especialmente tensos. Sobre todo, destacamos la llegada de los soldados japoneses a la iglesia  para violar a las niñas, logrando la tensión visual a través de unos travelings. Una escena, soberbiamente rodada, en el que vemos al mejor Zang Yimou, con una gran habilidad para sacar el mayor partido posible del espacio y la tensión cinematográficos. La verdad es que se trata de su marca de la casa, emplear una situación bélica para retratar los conflictos personales desde la intimidad; lo que puede sorprender esas secuencias innecesarias de guerra. Un enfrentamiento entre los defensores chinos y los invasores japoneses, muy en la línea de los gustos del Gobierno chino. Zangh Yimou explicaba: "Hasta el momento, el gobierno es muy estricto. China debe dar el visto bueno con cada película. Desde el origen de mi carrera hasta ahora las cosas no han cambiado".

El episodio histórico es poco conocido por el cine Occidental, sobre todo por la obsesión de retratar la Segunda Guerra Mundial como un enfrentamiento entre el "humano" bando Aliado y el "bárbaro y deshumanizado" ejército nazi.