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Desde que D. W. Griffith estrenara El nacimiento de una nación, el cine hollywoodiense ha estado mezclando política y espectáculo de forma continuada. Ya sea con fines reflexivos o puramente demagógicos, excitados por discursos propagandísticos, una buena parte del barniz ideológico con el que ha adornado su entretenimiento resulta muy sensible a esta política norteamericana. Una política en la que siempre ha estado presente un moralismo, una fe e incluso un sentido particular del patriotismo, sobre todo cuando la realidad del mundo se transforma a su antojo, y si es necesario, por la fuerza.

-Dadnos valor para hacer lo que es justo y si eso implica la guerra civil, adelante con ella y cuando eso ocurra que sea por fin la última batalla de la Revolución Americana. 

Spielberg había tratado el problema de la esclavitud en su película Amistad, un drama con una fuerte carga de cine judicial. Curiosamente, el personaje que defiende a los acusados, John Quincy Adams, y el que abogaba por la postura esclavista en la misma película, John C. Calhoun, fueron Presidente y Vicepresidente durante una legislatura. 

 - Y lo afirmo que es una idea polémica, pero propia de todo hombre: la libertad.

La semilla del odio racial aparece, en la película, desde las primeras escenas, introduciéndonos en un campo de batalla entre los soldados de la Unión y los de los Estados Confederados. Una batalla brutal, entre hombres blancos y negros. Sin embargo, Lincoln es un biopic dirigido a exalzar la grandeza del presidente, entrando de lleno en la mitificación como personaje histórico, tal y como ya hicieran otras tantas versiones en la gran pantalla. Aquí está interpretado magistralmente por Daniel Day-Lewis, uno de los mejores actores de su generación: Pero han sido muchos los intépretes que han jurado el cargo en el celuloide. Lincoln –que aparecía en El nacimiento de una nación, de Griffith, y del que Ford había hecho un retrato idealizado de su juventud (El joven Lincoln)- es uno de los mejores tratados en el cine. 

-Caballeros, señoras y señores y imagino que sabéis quién soy, Abraham Lincoln.

De forma reciente, recordamos otra película que recuperaba la figura de Lincoln, la magnífica La conspiración de Robert Reford  (por supuesto, sin tener en cuenta la estrafalaria Abraham Lincol, Vampir hunter). Film de Reford que podría formar perfectamente un díptico con Lincoln, porque La conspiración empieza en el momento en que concluye la película de Spielberg. 

-No es justicia, lo que ustedes buscan, sino venganza. 

-No sé si es justicia o vengaza, pero por garantizar la supervivencia de la nación haría lo que fuera. Mary Surrat participó en el crimen más grave de la nación y la situación requiere una sentencia rápida, firme y severa. Yo también considero sagrados esos derechos, abogado, pero no tendrán ningún valor si nuestra nación deja de existir. 

Redford prefiere tratar este episodio de la historia norteamericana a través del asesinato de Lincoln, mientras que Spielberg eligió los últimos años de vida del Presidente, para terminar contándonos el magnicidio tal y como lo supieron la gran mayoría del país. 

-Soy un presidente, investido de un poder inmenso, van a procurarme esos votos. 

Ese es él, Lincoln o si lo prefieren Daniel Day-Lewis en una de sus mejores interpretaciones. Durante las dos horas y media del metraje, en la historia encontramos las luchas entre facciones en la Cámara de los representantes, con un presidente que dispuesto a todo, aunque sea lícito, por cumplir sus objetivos.

-Los diputados salen baratos, dos mil pavos y compras los que quieras. 

-Al presidente no le complacería que le hicieran eso. 

-¿Acaso le complacería perder?

De hecho, Lincoln deberá enfrentarse a varios dilemas, el primero si debe prolongar la guerra hasta la abolición de la esclavitud, el segundo si debe cumplir los deseos de su hijo por alistarse y el tercero radica en su esposa Mary Todd, interpretada por Sally Field. Una mujer de armas tomar. La propia actriz había comentado de su personaje: "Ella no se lo pone fácil, no representa la esposa dulce y complaciente. Es un persone con una personalidad muy fuerte y lo manifiesta cuando no está de acuerdo con lo que sucede". 

-Si no consigues los votos necesarios, deberás responder ante mí. 

                          Sally Field y Daniel Day-Lewis.

Tras doce años de preproducción, Steven Spielberg busca el retrato humano en el conflicto de la guerra civil que aparece en pantalla de forma tangencial. El propio realizador había explicado esta opción, que entendemos acertada: "Yo probé con un guión en la que salía la Guerra Civil, pero no funcionaba en absoluto porque tenía demasiadas escenas de batallas que te hacían olvidar cual era la postura del presidente a la hora de querer terminar la guerra". 

Quizás la película no guste mucho a quienes vayan al cine pensando que Lincoln es del estilo de la saga de Indiana Jones, su Tiburón o The war horse. No hay la acción suya característica y, a pesar de citarse -y mucho- la Guerra Civil no hay escenas bélicas espectaculares que han destacado en algunas de sus películas precedentes. Es un film de reflexión, sobre los lodos del poder, sobre las estrategias políticas -los sobornos-, la Enmienda XIII de la Proclama de Emancimación, etc...

Teniendo en cuenta todo esto, el resultado de Spielberg es sobresaliente a pesar de los excesos de glucosa, con la cual el cineasta suele teñir algunas escenas, y las alusiones historiográficas de dudosa veracidad. 

                    

Apunte final: ¿Cine o historia?

La película Lincoln  (Steven Spielberg) , parece haber despertado un debate sobre el uso de la Historia en el cine. ¿Está obligado el séptimo arte a reproducir fielmente las etapas históricas y sus personajes? Por supuesto, están  en lo cierto todos aquellos que opinan que la versión de Spielberg es partidista, destaca unos aspectos y olvida otros; pero esto sucede con todas las producciones audiovisuales de época. Desde la antigua Roma a la II Guerra Mundial, desde Kenedy a Colón, la Revolución Francesa o Jesucristo, toda película que centre a un personaje o acontecimiento histórico es una recreación, suceptible de licencias. A parte, los historiadores somos también partidistas, desde el momento en que se recoge una fuente, la estudias y escribes sobre ella, tomas partido, por tu formación, por la metodología o lo historiografía que usas. 

Quisiera  destacar el artículo Lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln (Vincent Navarro), a pesar de no coincidir en todas sus conclusiones: el cine y la historia son dos campos diferentes, que comparten características, pero no sus reglas. En este sentido, el cine es arte, por supuesto, es una representación de una historia que aspira a la veracidad, pero también es industria. Existe una ley no escrita: La historia de verdad no vende. Hay que recordar que para esos menesteres están los documentales, que el cine -incluso el histórico- es ficción. 

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