20121220033026-y-la-muerte-lo-seguia-03.jpg

Concluimos un año lleno de proyectos muy interesantes, de los que destacamos el rodaje del corto Y la muerte lo seguía. Toda una aventura por tratarse de una historia de terror ambientada en la edad dorada del western, con el formato de un cortometraje. Un proyecto que ha unido el esfuerzo de un gran equipo y que ha empezado a ver sus resultados en los estrenos en diferentes festivales, desde Sitges a Bogota, en Madrid y en futuras selecciones a lo largo de nuestra geografía. Otro proyecto a cargo de nuestro equipo, -con Rubén Ferrández y Ángel Gómez como principales responsables- ha sido el spot contra la violencia de género "Yo me comprometo". 

                        395026_516048468419021_544815350_n

Cerramos el año con una entrevista al director, a la postre amigo y compañero en este viaje de locos, unas palabras con las que hace balance de su trayectoria, acompañadas de unos videos e imágenes de archivo. Como cualquier otro producto, la promoción de un cortometraje requiere de un lento trasiego entre los medios.

No quisiera concluir sin una pequeña reflexión más allá de nuestros proyectos o de lo puramente cinematográfico, sin olvidarnos de agradecer a aquellos que nos permiten seguir en la lucha a pesar de todo lo que cae encima.  Corren malos tiempos para todos. Estos años echaremos mano de grandes dosis de imaginación y voluntad si queremos seguir adelante, también entre los que hemos optado como oficio el de inventar historias y compartir emociones. La ventaja que tiene el invertir en cultura es que sirve como mecanismo de una fantasía capaz de hacernos olvidar por un rato las dificultades cotidianas. Porque los que hacemos cine -y en esto  también incluyo los cortometrajes- la crisis parece ser eterna. ¿Se acuerdan de Plácido? Cassen hacía un viaje en motocarro, recorriendo Madrid el día de Nochebuena a causa de una letra que vencía, aún por pagar.

Esa es la vida del que ha elegido este oficio y mejor que nadie, Rafael Azcona y Berlanga sabían muy bien cómo hacer de la precariedad una virtud. Nuestros espectadores son nuestros cómplices, porque sin ellos no habría cine, ni imaginación ni voluntad para emprender este viaje; también es de agradecer la dedicación del equipo que muchas veces lo hace de forma altruista.