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Actor, director y músico, el norteamericano Vincent Gallo cuenta con una vida y una carrera cinematográfica que no tienen desperdicio. Destaca The Brown Bunny, presentada en el Festival de Cannes. Pero su segundo largometraje de Gallo fue considerado por muchos como la peor película jamás proyectada en el festival francés, mientras que para otros este calificativo tan sólo escondía la airada respuesta de una moral obtusa y retrógrada que no soportó la felatio sin truco que la actriz Chöle Sevigny (secundaria en la genial Zodiac) hacía a Vicent Gallo, coronando así la película. Como Tarantino o Michael Moore, Vincent fue recibido con una fuerte polémica en torno al Festival de Cannes. Es cierto que el actor y director Gallo es un ególatra, por eso Cannes debía ser su hábitat natural; es más, Vicent Gallo es el ególatra más sincero de los que han pasado no sólo por el celuloide sino por un Festival de cine, en los últimos años.  Por eso, The Brown Bunny se puede considerar como un autorretrato, un ejercicio propio lleno de onanismo, tan bello como sincero, tan libre como denostado por aquellos que no ven el cine más allá de Clint Eastwood, como hacía quince años ocurría con Ciundadano Kane de Orson Welles. The Brown Bunny es un retrato, con paisaje al fondo, de un hombre destrozado por la culpa y el recuerdo, una búsqueda existencial en forma de huída a ninguna parte.

De este modo, se ha creado su leyenda de director maldito, que vio su estreno tan sólo en las salas X en Estados Unidos, y su DVD sólo fue editado en Japón y Norteamérica. Así que los que quisieran ver la película, no deben perder el tiempo buscándola en Videoclubs y centros comerciales, sino ir directamente a Internet, a su página webb. Así, el que entre en ella encontrará, entre otras cosas, que la preciosa Honda que el propio Gallo pilotaba al comienzo de The Brown Bunny, se encuentra a la venta, al igual que su mono de cuero y otras peculiaridades, como su propio semen, por la friolera de un millón de dólares, cada inseminación. Pero si para unos es una broma, como estrategia de publicidad, para otros, es una barbaridad intolerable. Con esta guisa, Vicent Gallo se ha convertido en un ser detestable que ha conseguido tantos enemigos como Bin Landen y Bush, juntos. Pero Gallo ha creado una leyenda a su alrededor, teniendo como principal baza su propio miembro.

- ¿Qué estás mirando?

- Nada.

- Pues deja de mirarme los pantalones con cara de imbécil.

- Relájate.

- No me digas que me relaje, coño, y deja de mirarme los pantalones.

- Es que es enorme.

- ¿Qué has dicho? ¿Qué me has dicho, maricón? ¡Fuera del lavabo, sal del puto lavabo!

El falo de Vincent es el fundamento principal de su leyenda y las especulaciones que se estaban haciendo sobre su tamaño fueron alentadas por él mismo en su primer largometraje como director, Buffalo 66, aunque fue en The Brown Bunny en donde lo presentó como un valor indie de la virilidad. Pretendió llegar al sexo explícito como un aspecto artístico, más próximo a Andy Wharhol, en Blow Job, que a Garganta Profunda, clásico del cine porno de los setenta en donde se tenía como tema central una felación. Pero en la película de Gallo, se separan los límites del cine de autor y de la pornografía, y sobre todo saca partido de su miembro, mejor incluso que el porno-star español Nacho Vidal, incluyéndolo en sus películas de ¿manera inteligente?.

- ¿No puedes quedarte aquí dentro sólo y masturbarte, una y otra vez, hasta morir deshidratado?

- Yo no quiero masturbarme.

- Y cuando llegue la misión de rescate encontrar así: ¡Ahh! E incluso pueden que te erijan una estatua de la erección, en ese mismo lugar. ¡Ahhh!

Cuenta la leyenda que en pleno rodaje de Stranted, desquiciante opera prima de Luna, María Lidón, el autor demostró su hombría a diestro y siniestro, regalando su virilidad a cata y aprueba como si de un vendedor ambulante de nabos y lechuguinos se tratase. Pero además de ser actor y director, es uno de los mayores coleccionistas de un tipo de guitarra eléctrica conocida como “ricken-baker” y músico, con un destacado último trabajo When, editado por la prestigiosa firma británica, de nombre Ward. Los orígenes musicales de Vicent Gallo se remontan a los años setenta, militando en algunas bandas importantes, coincidiendo en una de ellas con Jean Michel Bastian, e incluso compone la música de sus propias películas. Oyendo sus trabajos musicales sorprende que Gallo sea un tipo detestable. Más bien parece que mantiene la estrategia de la mofeta, es decir, ocultar sus debilidades atacando, o expresar lo que piensan sin calcular la repercusión de sus palabras o actos.

                       buffalo66

En su opera prima, Buffalo 66, participaba como protagonista la actriz que había pasado de niña gótica a ninfómana redomada, Christina Ricci. La película es un regreso seudo-autobiográfico al hogar, con una gran sinceridad que levantó ampollas en la ultra-mitificada imagen de la familia norteamericana, pero es también el retrato de un fracasado neurótico y depresivo, de un hombre que no es capaz de recuperarse de sus traumas, lo cual enlaza con su The Brown Bunny y la sensibilidad dolida de su personaje principal, interpretado por el propio Gallo. En ambas películas encontramos otro de los elementos que el mismo fomentó dentro de su leyenda: el mismo. Las cintas se llenan de momentos en lo que Gallo fomentó su egolatría con primeros planos de rostro que fue bien explotada en el celuloide, en la que posa como un modelo profesional, quizás recordando aquellos días en los que trabajaba para H&M. Pero Vincent Gallo también habría intentado otras facetas, como fotógrafo, pintor e incluso motorista o bailarín de brake dance. Aunque su faceta más conocida sea la de actor, pasando de series televisivas de los setenta a cameos, pequeñas apariciones en algunas grandes películas, como Uno de los nuestros, de Martín Scorsese, hasta que dio el paso a la gran pantalla con otro cineasta con vocación de músico, Emir Custurica, quien en su filme Arizona Dream le reservó uno de los papeles principales, aunque parece que siempre repitiendo el mismo esquema de personaje.

- Podemos hacer el amor, pero no me toques la cara y el pelo.

- ¿Qué? ¿Todos los actores sois así?

Pronto llegaría a Hollywood, participando en la interesante película La casa de los espíritus, con un pequeño papel que sin embargo le ofreció la oportunidad para que Abel Ferrara, uno de los especialistas del cine de terror y fantástico, se interesara por él para uno de sus mejores trabajos, El Funeral. Aunque no supo mantenerse en la liza y con la misma facilidad, quedó relegado como actor de segunda fila, lo que le forzaba a elegir papeles de secundario o de protagonista en películas independientes, de bajos presupuestos y bastante mediocres. Uno de los personajes que debía interpretar con más asiduidad era el de atracador de medio pelo, rodeado en una pandilla de inútiles, como por ejemplo en Últimas consecuencias, de Kiefer Shutherland.

- ¿Tenéis suelto para el parquímetro?

- No.

- ¿Y los veinticinco centavos que tenías?

- De eso nada, esa moneda es especial.

- ¿Qué tiene de especial?

- No lo entenderías.

- ¿Qué quieres decir, que mi inteligencia no da para tanto?

Aborrecido en los Estados Unidos, pero convertido en un actor de culto en el Viejo continente y el país del Sol Naciente, sobre todo por Buffalo 66, ahora multiplica sus colaboraciones con realizadores europeos, entre los que destaca Claire Dennis, en la película Trouble Every day. Y todo lo contrario de esta colaboración o con la de Kaurismaki, resulta ser sus participaciones en los filmes de María Lidón, cuyos trabajos –como el de Stranded o Moscow Zero- son al cine lo que serían unos pepitos de ternera a la alta cocina.

- Me pedisteis los datos y estas son las frías ecuaciones. La nave no puede mantener a los cinco con vida durante mucho tiempo.

- ¿Cuántos podrán sobrevivir?

Que la carrera de Vincent Gallo ha tocado fondo ya se sabe. Desde aquí, tan sólo se recomendaría conocer la webb de Vincent Gallo. Quizás con el merchandaising conseguimos financiarle una nueva película, y sobre todo, aguarle la fiesta a los ortodoxos de mente estrecha y acérrimos seguidores de Clint Eastwood.

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moscowzero