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La obra maestra de Sergio Leone es un film referencial del western, con temas comunes al género (el ferrocarril, los característicos outsiders o la influencia de la frontera). 

 En los créditos iniciales, los más largos de la historia del cine, encontramos alusiones de Sólo ante el peligro, de Fred Zinneman, en donde tres pistoleros esperan en la estación de Hadleville. Un escenario mucho más limpio que el de Leone, propio de los grandes estudios de Hollywood, en el que encontramos una curiosidad, uno de esos pistoleros es Lee Van Cleef, actor presente en los spaguettis-western de Sergio Leone.

 El director italiano quiso contar con los tres protagonistas de sus anteriores filmes, como si fuese a cerrar su trilogía con la muerte de sus personajes. Pero al final contó para esta escena con Woody Strode, Jack Elam y Al Mulock. Strode era un antiguo jugador de futbol americano, actor en películas de Ford (El sargento negro) e incluso en Espartaco (Stanley Kubrick). Jack Elam aparecía en el filme de Zinneman como el borracho del pueblo y Al Mulock ya había trabajado con Sergio Leone en El bueno, el malo y el feo. Se cuenta que debido a la enorme presión que ejercía el cineasta a sus actores, Al Mulock llegó a suicidarse en el hotel. Cuando Leone se enteró de lo sucedido bramó furioso, gritando que le devolvieran su ropa. 

Esta escena que servía de prólogo era muy similar, a aquella mítica presentación de Rubio (Clint Eastwood) en pleno desierto.

-¿Sabes que tu cara se parece a alguien que vale 2000 dólares?

-Pero tú no te pareces a quien los vas a cobrar. 

                                         

En la segunda secuencia, encontramos otras referencias a los westerns del Hollywood dorado. En un filme de George Stevens, Raíces profundas, el niño Joey Stauet apunta a un ciervo con una escopeta de juguete, mientras que el pequeño de la familia McBain hace lo mismo con unos conejos. La hija sale cantando Oh Danny Boy, tema clásico irlandés que ha aparecido en una multitud de películas. 

 La principal referencia del filme es el gran John Ford.

 Las escenas del ferrocarril están referidas a otras equivalentes, como El caballo de hierro, Union Pacific o La conquista del Oeste; una clásica serie de tomas al estilo de Ford. También Leone quiere aproximarse a los pioneros americanos. La presencia de un mantel de cuadros, las escenas de comidas, fiestas y celebraciones, o la yuxtaposición de esta vida cotidiana con el terror de vivir en el desierto salvaje, aparecen como alusiones de los colonos como de Ford, su obra maestra Centauros del desierto.

 La vida de la frontera se observa en la secuencia del ataque, en donde sobresale el tempo propio de Leone. Sale el pequeño de los McBaine al escucharse unos disparos y suena, por primera vez, el tema Like a Judement, que representa al personaje de Henry Fonda. Unos desconocidos se acercan con los característicos guardapolvos, con una toma desde atrás de los cinco tipos. La cámara se mueve en círculo hasta mostrarnos la cara de Fonda, una clásica manera de girar la cámara para convertir un perfil en plano de frente. "Ya que habéis pronunciado mi nombre".


 Otras de las escenas más significativas era la llegada de Jill, el personaje de Claudia Cardinale, al rancho de los McBaine, Sweetwater. El único momento de la película que comparte con la familia McBaine –muertos, tras el ataque-; una secuencia curiosa por su planteamiento. Rompe con lo que opinaba Fritz Lang, con respecto a Jean Luc Godard: los funerales o celebraciones sólo podrían reflejarse en Cinemascope, algo que Leone logra en Tecnoscope. La escena es una referencia de la América de los pioneros, aunque profanando uno de sus símbolos, al aparecer muertos la familia de McBaine sobre los manteles de cuadro.

 Como hemos podido comprobar, algunos momentos de la película recuerdan a otros filmes más o menos, explícitamente. La última secuencia de duelos aparece rescatada de El último atardecer, Robert Aldrich. Detalle que podría aludir al propio Bertolucci (uno de los guionistas de la historia), cuando en la película La estrategia de la araña, se ve un cartel del mismo filme. Este duelo entre Henry Fonda y Charles Bronson es similar al que entablan Rock Hudson y Kirk Douglas, con el mismo tipo de planos. Leone lo contempla como una danza. Empieza con la partitura musical de Frank, Like a Judement. Pronto nos encontramos con la característica fotografía de Leone, entre los paisajes y los primeros planos. Los andares, las botas, los sombreros. Y un ritmo lento, nada que ver con el frenético tempo de El bueno, el malo y el feo.


 Entonces suena la partitura musical de Harmónica. No hay diálogos, sólo música. Es curioso cómo la película comienza con sonidos amplificados y termina con una escena musical muy expresiva, mientras que sucede una acción sostenida, que puede romper el ritmo del Hollywood clásico. Hasta que sube la música y se acerca la cámara a Bronson, para descubrirnos cómo en su subconsciente aún pesa la causa del ajuste de cuentas con Frank. La figura del personaje de Henry Fonda se hace claro en el camino del desierto de Monument Valley. “Haz feliz a tu hermano”, dice, colocando la harmónica entre los labios de un chico que sostiene entre sus hombros a su hermano, a punto de morir ahorcado (Claudio Manzini, uno de los productores del fime).

 Sin embargo, Frank aún no lo comprende. Cae abatido y se pregunta, ¿quién eres tú? Bronson se limita a colocarle la harmónica en la boca.