Al igual que en las películas clásicas del Oeste, en el Spaguetti-western siempre hay un vaquero solitario, un caballo y un arma. Aunque algunos consideran que se trata de una parodia del género, la verdad es que cuenta con personalidad propia y muchos directores y actores del Hollywood dorado aparecieron en él. Eso sí, fue un subgénero inventado por los italianos, sobresaliendo los tres Sergios, Leone, Corbucci y Colima.

-¡Qué horrible tiene que ser!

-No es suficiente, una soga para ahorcarle.

-¿Qué quiere decir?

-Qué hasta un harapiento como él, tiene un ángel de la guarda.

Sus westerns no corresponden al género clásico americano, el del nacimiento de una nación bajo los ideales de justicia, libertad y paz.  En sus historias no hay indios y ni tan siquiera el prototipo del héroe clásico, por ejemplo, de los filmes de Ford. Sus personajes principales son pistoleros, bandidos y ladrones que muestran una ambigüedad moral. De hecho,  Leone resuelve sus historias con violencia, crueldad y unos personajes que se alejan de las grandes gestas y de las convenciones épicas. Su cine fue imitado por directores como Quentin Tarantino, quien haría de su estilo, una marca de la casa: la yuxtaposición de tomas largas con planos cortos, la coreografía lenta y despiadada de sus duelos, y la música de Ennio Morricone; mucho más que una simple nota musical, el alma de la película.

Entre sus referencias encontramos a Kurosawa (Johimbo) e incluso Ford, pero sobre todo Aldrich y algunos títulos como Sólo ante el peligro (Fred Zinneman). El Oeste decadente, sin componendas épicas o sentimentales, de Robert Aldrich, sentaría las bases del spaguetti-western, en general, y de Leone, en particular. Sólo parece existir violencia y exceso; y sus personajes parecen estar en consonancia a este tempo. Se tratan de unos particulares héroes que tratan de sobrevivir de una forma inmoral y violenta; unos asesinos y ladrones que llegan a hacer un uso de la violencia casi como una metáfora deportiva. Un ejemplo, toda una excentricidad en Leone, es el duelo que mantuvieron Lee Van Cleeft y Clint Eastwood en La muerte tenía un precio.

En realidad, prácticamente todos sus personajes están condenados a morir. "Algo que ver con la muerte", es un título de una de sus biografías, pero se tratan de muertes muy cuidadas, pues sus duelos se ritualizan. Comienzan con la partitura musical y continúa con la característica fotografía de Leone, entre el paisaje y los primeros planos. Los andares, los sombreros, las botas, las armas y un estupendo juego de miradas. El bueno, el malo y el feo presentaba un duelo con un ritmo frenético, mientras que el de Hasta que llegó su hora, un ritmo muy lento. Pero ambos heredan el tempo del duelo de El último atardecer, de Aldrich, entre Kirk Douglas y Rock Hudson.

Destacamos, en este sentido, el que mantuvo Henry Fonda y Charles Bronson en Hasta que llegó su hora. Leone lo contempla como una danza. Empieza con la partitura musical de Frank, Like a Judement. Pronto nos encontramos con la característica fotografía de Leone, entre los paisajes y los primeros planos. Los andares, las botas, los sombreros. Y un ritmo lento, nada que ver con el frenético tempo de El bueno, el malo y el feo. Entonces suena la partitura musical de Harmónica. No hay diálogos, sólo música.

Una curiosidad en la forma de plantear sus películas es que éstas arrancan la historia y concluyen con secuencias de duelos similares entre ellos. Si viésemos en una serie continua muchos de sus duelos, veríamos la semejanza. Así empieza El bueno, el malo y el feo.

-¿Sabes que tu cara se parece a alguien que vale 2000 dólares?

-Pero tú no te pareces a quien lo va a cobrar.

Así, Hasta que llegó su hora.

-¿Lleváis tres caballos? Sobran dos.

Y esta, la primera secuencia de un duelo, en La muerte tenía un precio. Antológica.  

 -Hacéis muy mal en reíros, a mi caballo le molesta la gente que se ríe.

  Hemos dejados para el final dos de los grandes momentos. En el primero encontramos a Rubio, Tuco y Sentencia, o lo que es lo mismo, Clint Eastwood, Elli Wallach y Lee Van Cleeft, reunidos en un cementerio por un buen puñado de dólares.

 -Doscientos mil dólares es mucho y tendremos que ganárnoslo.

-¿Cómo?

-El nombre de la tumba lo escribiré aquí.

 Y el último, de nuestra selección, es el que cierra la película La muerte tiene un precio.  En esta ocasión, Clint Eastwood es un mero espectador del duelo. Lo protagonizan Lee Van Cleeft y Gian María Volonté, aunque no podamos olvidar de la magnífica música del reloj que acompañaba al personaje y que marcaba el tempo de sus duelos.

  -Cuando acabe la música, recoge el revólver, si puedes.