20110826211828-memorias-de-una-geisha.jpg

- Las geishas no somos cortesanas, ni tampoco esposas. Vendemos nuestra destreza no nuestro cuerpo, creamos un lugar secreto, un lugar en donde solo hay belleza.

La más famosa de las óperas de ambientación oriental, la obra de Pucini Madame Butterfly, ha dado pie a un tipo de temática en esta línea, al presentar a una mujer japonesa como paradigma de la fragilidad, de la dulzura y de la dependencia absoluta al hombre y a la familia. No por nada, una de las obras maestras, dentro de la filmografía nipona, Vida de Oharu, una mujer galante (K. Mizoguchi), describía la vida de una geisha en la sociedad feudal del siglo XVII, como una mujer que se enamoraba de un hombre de menor rango social y que encontraba todo tipo de obstáculos de parte de una sociedad machista y convencional.

                       vida de oharu, una mujer elegante

- Ha quedado probado que has cometido una mala conducta con un criado de rango inferior, debido a este grave delito, no podrás seguir residiendo en la ciudad de Kyoto.

Esta profesión de geisha se suele confundir con el de la prostitución, confusión que aparecía en el argumento de numerosas películas, por ejemplo en la citada Vida de Oharu, una mujer galante (Kenji Mizoguchi). 

- Soy de Omi y no soy una prostituta, soy hija de Ohui.

El cine japonés siempre ha respetado las fronteras entre ambos mundos, una curiosidad en este sentido es la historia de amor y locura de El imperio de los sentidos que ilustra las diferencias y concomitancias entre las geishas y las prostitutas. Tachada de película pornográfica, su alto voltaje sexual para tratar la relación entre el Eros y el Tanatos, el amor y la muerte, alcanzó el mayor nivel de paroxismo nunca visto antes.

- Buenas tardes, amo, soy la geisha que ha llamado, ¿puedo pasar?
- ¡Ah! sí, espera un momento, ahora estoy muy ocupado. 

                             el imperio de los sentidos

Tradicionalmente, el propio séptimo arte lo ha querido reflejar tal y como se entiende en la propia Japón, destacando su parte espiritual. Esta, basada en una filosofía de vida centrada en la contemplación zen, aceptaba todas las circunstancias surgidas de la vida, como parte de la mixtificación de un universo femenino. Pero fue el cine occidental, con sus estereotipos sobre las culturas ajenas, el que ha mostrado gran paternalismo sobre este tema, así lo refleja Joshua Logan en su película Sayonara.

- Mi padre era muy pobre y para salvar a sus demás hijos, se vio obligado a vender a una de sus hijas.

Situada en el país de Japón, en plena posguerra de la Segunda Guerra Mundial, el filme de Logan intentaba establecer unos lazos de amistad entre vencedores y vencidos. Un oficial del ejército (Red Buttons) y un soldado, (Marlon Brandon), se enamoran de dos jóvenes geishas y tendrán que combatir las reglas militares y la intolerancia racial, para proseguir su relación. La seducción de lo exótico.

- Creo que hemos llevado a demasiado lejos, en esta zona, eso de la fraternización, a pesar de las numerosas normas hacia esto.

Con el tiempo, este tema se ha ido modernizando hasta llegar a los ochenta con una producción, basada en un hecho real, sobre una joven americana tan interesada por ese mundo secreto que llegaría a convertirse en una de ellas. En American geisha, de Lee Phillips, una joven se traslada a Tokio para trabajar como una auténtica geisha y conocer, de primera mano, los códigos de comportamiento de ese oficio.

- El poder se la otorgado a la mujer japonesa, tenemos que vivir de nuestra propia feminidad y al vivir de esta manera, adquirimos el conocimiento de nuestra propia fragilidad humana y el único ropaje adecuado para nuestra fragilidad humana no es el kimono, es la dignidad.

El cine más reciente ha seguido mostrando el universo evasivo y casi místico de las geishas, siempre como telón de fondo de las hazañas o del descanso del guerrero, con unas mujeres que se mueven casi siempre en unas habitaciones cerradas al exterior.

- Ahora soy una geisha.
- Sin duda.

En The sea watches, de Kai Kumai, o Memorias de una geisha, sigue siendo un mundo en donde predomina la disciplina y la sumisión, cuyas mujeres dirigidas a este destino deben olvidar todo sobre su vida privada. Hacen cultivar la elegancia y el glamour, entregándose en cuerpo y alma a esas tareas, pero sin llegar jamás a enamorarse.

- No nos convertimos en geishas para perseguir nuestro destino, nos convertimos en geisha porque no tenemos elección.

                memorias de una geisha