20110629005751-apartamento.jpg

¿Problemas laborales? Si sufres mobing, el despido, la lacra del desempleo o si crees que en el mundo laboral, el acoso se expande como un virus, vaya al cine. Es un buen momento para buscar terapia en el séptimo arte. Secreatrias vamp, tiburones de bolsas, colegas envidiosos, factores que se pasan por jefes adictos al despido, todos les esperan en la gran pantalla. Así, tomando ideas de grandes filmes, resistirás el stress laboral.

Nos encontramos con la degradación del ser humano en el entorno laboral, los consentimientos -no ya cobardes- sino obligados a consentir por quien está  bajo un superarior en el escalafón de mando de cualquier puesto de trabajo. La bajada de pantalones por miedo de represalias, que tiene como mejor representante, en el mundo cinematográfico, la figura del apocado C. Baxter de El apartamento.

- Te hemos ayudado a subir, podemos ayudarte a bajar.

Tanto que Billy Wilder sólo pudo hacerlo a modo de comedia. Pero, ¿quién no se ha sentido en alguna ocasión como C. Baxter? Los que así se vean, formáis parte de una jungla ultracapitalista en la que el empleado de turno es ninguneado por prinicipio, a pesar de la posibilidad de ir en vaqueros o almorzar con el jefe, un día a la semana: el casual day de la película de Max Lemcke. El jefe. Ese tótem todopoderoso,  que mira atento a sus empleados como un Gran Hermano, al acecho de esa presa fácil, el trabajador más perezoso. La cámara-ojo que no pierde detalle de Charlot en Tiempos modernos, un obrero obligado al trabajo más inmundo dentro de una fábrica, como sátira del taylorismo, la fábricación en serie del Gran Capitalismo.

                           
Ahora, sin embargo, lo políticamente correcto es que las relaciones  entre el jefe y el empleado sean amistosas. Para ello, los americanos inventaron el Casual Day.

- Vamos a ver, el casual day es para que te olvides del resto de los días, para que no veas la realidad. Porque la realidad es el señor jefe López de Andrada, como señores de la sexta planta se están follando por el culo a los mil doscientos trabajadores de la empresa.

Es otra de las cosas que nos llega de Estados Unidos, por cierto, más malas que buenas; algo así como un día informal, siempre un viernes, en el cual los trabajadores de una empresa pueden vestirse como quieran, abandonar el traje y la corbata e incluso disfrutar de un día de campo con el jefe y el resto de sus compañeros. Y todo esto para cultivar el buen rollito y la confraternización entre los empleados, para ver si así mejora el resultado en el trabajo.

El séptimo arte ha descrito con éxito desde la producción en cadena, ejemplo de taylorismo del siglo XX, hasta la situación tan deprimente en la que viven los trabajadores de algunas latitudes en el siglo XXI, pasando por la alienación de las grandes compañías en las cuales el ascenso sólo se consiguen a base de pequeñas corruptelas. O los mundos paralelos en las que intentan rompen esta alieación laboral con estrategias tan revolucionarias como autodestructivas. Una de estas ideas interesantes aparecía en el filme El método, historia sobre el mundo laboral en la que se hacía incentivar la rivalidad de los trabajadores a través de unas extrañas pruebas, para poder ocupar un puesto vacante de ejecutivo, en una multinacional, que sería además una acertada metáfora de la sociedad.

- La primera prueba es la siguiente. Le hemos dicho que son los últimos aspirantes, pero no son los últimos siete aspirantes. Entre ustedes, hay un miembro de nuestra sección de personal.

              

Se han escrito historias que nos han acercado tanto al placer por el dinero como al prestigio profesional, en una sociedad en donde el trabajador se acerca a la idea del stajanovista soviético. Una sociedad  muy competitiva, en la que no hay reglas de juego y se siguen manteniendo esquemas jerárquicos tradicionales en plena era tecnológica. Ciertamente uno de los referentes de cualquier historia sobre las interioridades de una empresa y del mundo laboral es la genial película de David Mamet Glengarry Glen Ross. en la que un reparto de lujo nos dejaba con la boca abierta con ese retrato del infierno que se puede vivir en las cuatro paredes de una pequeña oficina. En este sentido, no hay que olviar al personaje interpretado por Alec Baldwin en el filme.

- Vamos a añadir un concurso de ventas en este mes y como todo el mundo sabe, el primer premio es un Cadillac gris dorado. ¿Alguien quiere ver el segundo premio? El segundo premio es un juego de cuchillos. El tercer premio es el despido.

Smoking room, la ópera prima de Julio Walovits y Roger Gual, seguía este mismo modelo de Mamet, desnudar la condición humana a partir de las relaciones de un pequeño grupo de trabajadores.

- No te conozco.
- Pero si compartimos mesa.
- Si, pero no te conozco, pichamos y compartimos mesa, pero no te conozco, no se quien eres. No sé si eres un violador, que vas detrás de la niñas. No, es un ejemplo.

Al fin y al cabo, son retratos  de la humillación en el puesto de trabajo, una carnicería humana y empresarial, en donde el machismo, la impostura, la estupidez o el instinto de supervivencia resultan más provechosos, a veces, que la honestidad y seriedad profesional. Un pequeño subgénero en el que salen a relucir los problemas laborales, conocidos por todos, que va desde la falta de reconocimiento profesional a la fauna propia de una gran empresa: el trepa ambicioso, el pelota, el sindicalista, etc. Donde se es humillado, pero también se puede humillar. Cómo la vida misma.