20130126191616-743501-1.jpg

José Luís Garci es un director de cine, productor, guionista, crítico y presentador de televisión, como conductor del programa emitido por TVE "¡Qué grande es el cine!". Consiguió el primer Oscar para una producción española, en la categoría de Mejor película de habla no inglesa: "Volver a empezar". Y fue el cineasta español más nominado con otras tres nominaciones más. Sus puestas de escenas muy clásicas, el domino del lenguaje cinematográfico y sus gustos literarios y cinéfilos, marcan la filmografía de este gran cineasta español.

                               Sin título

La carrera de José Luis Garci se divide claramente en dos etapas. En la primera, analiza la España de su tiempo a través de diversos retratos, quizás un tanto almibarados pero apasionados con los que ganó al público y algunos premios, entre ellos un Oscar. Sobre todo gracias a una ternura cercana al sentimentalismo, una nostalgia desilusionada y una eficaz relación de referentes populares: la música (Luna de miel, de Gloria Lasso, en el travelling final de Asignatura pendiente), o el cine (el "no se puede vivir sin Rosselini" de Sesión continua).  Sus comienzos los encontramos en la llamada Tercera vía, el cine que se realizó en las postrimerías del franquismo, con unas comedias que abordaban temas acuciantes de la realidad social. José Sacristán -abanderado de esta cinematografía- junto a Fiorella Falcoyano protagonizó las primeras películas de Garci. Su debut, Asignatura pendiente, fue un fenómeno sociológico y una declaración de intenciones, una comedia tintada de melancolía, junto a un crisol de ilusiones perdidas -como reminiscencia de la dictadura franquista- y una condición de sueño de libertad. El trío volvería a reunirse en Solos en la madrugada y Asignatura aprobada, tras el cual empieza a desmarcarse de la Tercera vía para fijar su mirada en el melodrama americano.

Con Canción de cuna Garci inicia una nueva etapa, menos interesante, en la que echa mano de textos más o menos clásicos de nuestra literatura como inventa otros (junto a Horacio Valcárcel) en los que resulta particularmente difícil adentrarse a causa de su particular forma de hacer cine.

El alejamiento del presente, el desapego de la realidad y las adaptaciones literarias, características de sus últimas producciones, parecen ser las señas de identidad de un cineasta cada vez más interesado por el clasicismo americano, las ficciones que ahogan en el pozo de una erudición pulida y la hojarasca cinéfila.

                    1230001_text

Pero tan pronto como rastreamos en su filmografía, encontramos la literatura como fuente de inspiración de este director. Desde Canción de cuna, el melodrama de convento de monjas y huerfanita surgido de la pluma de Gregorio Martínez Sierra, la adaptación literaria ha sido una constante, agregándose luego Benito Pérez Galdós, Josep Segarra, Miguel Mihura o Ramón Pérez de Ayala , de quien retrató en su breve relato Luz de domingo.

Junto a esto, destaca en su cine su academicismo y su empalagamiento. En sus películas, de los conflictos que surgen entre los personajes parecen desprenderse un “almibaramiento”, si se puede adoptar la palabra. Eso pasaba desde El abuelo a Historia de un beso, incluso en su última producción Luz de domingo

Por poner un ejemplo, en Historia de un beso nos mostraba una España idílica, sin conflictos ni enfrentamientos, mientras que en Luz de domingo, un hecho brutal, divide la película en dos. La violación múltiple de Estrella (Paula Echeverría), novia del forastero Urbano, en una demostración de poder del instigador Atila Becerril (Carlos Larrañaga), el mandamás del pueblo a su lacayo, Longinos (Enrique Villén): "Lo que hemos hecho no es vicio, es política". La violenta escena es filmada púdicamente, desde la lejanía y con más susurros que gritos, que separa la película: pasamos del territorio de Canción de cuna a los dominios temáticos y estilístico del hombre que mece la cuna del odio: Michael  Haeneke. Adiós a los pajaritos y a los píos constantes, para encontrarnos con los pajarracos. Pajarracos encarnados en Carlos Larrañaga, sus tres vástagos y un sublime Enrique Villén.

                    El abuelo

                  25_1

El propio estilo de José Luis Garci en sus últimas obras cinematográficas, presenta el retrato de un pueblo, siempre asturiano, que remite a un clásico del cine del Oeste, de Ford, Pasión de los fuertes, con esa composición circular y un estilo sencillo, contemplativo. Al principio de las películas no pasa nada. No hay apenas diálogos. Sólo imágenes que se encadenan con un sutil registro musical, melodioso, casi sentimental, para presentar esa Asturias que ocupa un lugar primordial en buena parte de la actual filmografía del realizador. En Gijón, sucede Volver a empezar, y en esa misma ciudad y en paisajes similares a los retratados en You´ re the one, inaugurando los escenarios a medio camino entre la realidad y la ficción, como si de un Macondo o Vetusta particular, brotase del talento del cineasta. En cualquier caso, este escenario para Garci no es una mera geografía, la conexión con la película de Lydia Bosh va más allá. Como el propio Garci ha señalado en alguna ocasión, el primer filme termina donde empieza el siguiente. El último plano de Volver a empezar es en blanco y negro, como  You ´re the one; casi se podrían solapar esas escenas. Seguramente, sólo los que conozcan la trayectoria de Garci se darían cuenta de esa conexión, que por otra parte se observa en la gradación dramática de sus historias. El último filme comienza casi como un cuento bucólico pastoril, con ese Urbano bondadoso paseando por los parajes asturianos o entregado a su pasión por la pintura. Una voz en off nos acerca a esas costumbres, casi de pueblo ideal, como si sus costumbres y moradores hubieran sido escupidos de un friso histórico.

- Poco después se congregaba en el paseo, en la plaza a disfrutar de la música y el baile, en la cháchara y otros merodeos.