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 A muchos directores les gusta poner a la tierna infancia en situaciones muy comprometidas. Imágenes tan conmovedoras como eficaces, que colocan a bebés en medio de un tiroteo, son tan antiguas como el propio cine. Ya aparecía en una de las secuencias emblemáticas del clásico del soviético Sergei Eisenstein, El acorazado Potemkin, en la escena de la escalera de Odessa, mil veces vista en la gran pantalla, por ejemplo en Los intocables de Elliott Ness (Biran de Palma).  De hecho,  pocos duros del cine se han librado de la necesidad de desnudar sus emociones ante la sonrisa de un bebé o ante los ojos de pánico de un niño que se enfrenta a una situación desesperada.

Este reportaje destacará esas relaciones, algunas veces muy sugerentes, como la presencia de niños que han superado la ausencia de sus progenitores. En el cine de animación era muy normal encontrarse con unos niños que habían perdido a sus padres al comienzo de la cinta, para observar cómo iban formándose su propia vida de manera independiente, siguiendo el mismo mensaje del Sueño Americano. Otras muchas películas han incidido en esos personajes que jamás tendrían hijos y que se vieron con uno, entre sus brazos, de manera inexperada. John Wayne, Harrison Ford, Swarzenegger, Bruce Willis y Vin Diesel son sólo algunos ejemplos. El mismísimo John Ford se atrevió a poner a John Wayne, Pedro Amendáriz y a Harry Carey Jr. en la difícil situación de cuidar a un bebé en mitad del desierto, con lo que desmitificaba a los héroes del lejano oeste. Tres bandidos se redimían al verse obligado a cuidar a un bebé, en Tres padrinos. Otro héroe de siempre a quien se le vio en un similar aprieto, fue  Harrison Ford. Su personaje se las debía ver en la misión de defender la inocente mirada de un niño Amish, que había visto cosas que nunca debía ver (Único testigo, Peter Weir).

 - Soy oficial de policía y tengo que hablar con el muchacho. ¿Cómo te llamas? ¿Me puedes decir qué es lo que has visto?

 El gran éxito cosechado por la película del australino Peter Weir hizo que el actual gobernador de California, se diera una pausa en su faceta de musculoso, de gatillo fácil, para mostrarnos su perfil más sensible. Eso sí, sin dejar a un lado su facilidad para dar en el blanco. En Poli de guardería, interpreta a un tipo duro que debe convertirse en monitor de una guardería para proteger a un niño y atrapar a su padre, un peligroso delincuente.

 - Quieto, quieto. ¡Dame el arma! ¡Rápido! ¡Rápido!.

- Si, ya está, ya está, pero deja al niño en paz.

- El niño es mío, es mi hijo. Tú puedes quedarte con tu maldita familia.

 Bruce Willis también tuvo su oportunidad de convertirse en el canguro de un niño autista, capaz de descifrar códigos secretos que podían poner en peligro la seguridad de un país, en Mercury Rising. Y contar con un actor de acción, como Vin Diesel, en un producto de consumo familiar, era el propósito de los Estudios Disney para la película Un canguro superduro (Adam Shakman) pero el resultado sólo es apto para una sesión de sobremesa del sábado.

 - Tomaremos la colina, metro a metro, sólo así podremos culminar con éxito.

- Se ha peído.

 En una línea próxima, dentro del cine familiar, encontramos las taquilleras sagas de los niños que se quedaban sólo en casa, capaces de reducir a cenizas a todo aquel que se atreviera asomar la cabeza, sin necesidad de ningún adulto que los vigile o proteja, ya fuera caco, espía o terrorista. Estos niños no necesitaban canguros, todo lo contrario, eran estos los que necesitarían de tratamiento físico y psíquico después de medirse con ellos. La serie de Sólo en casa, iniciada por Chris Columbus, es ejemplar en este sentido.

 - ¿A qué te dedicas exactamente?

- Soy limpiador.

- ¿Quieres decir, asesino a sueldo?

- Sí.

- Guay.

 ¿Puede una niña seducir a un asesino a sueldo? Después de ver a una jovencísima Natalie Portman en esta espléndida cinta de Luc Besson, El profesional, desaparece cualquier duda que se tenga al respecto. Tampoco hay dudas de que un gánster pueda ser un buen padre, el mejor de los canguros, siempre que sea Tom Hanks y sea capaz de controlar la incipiente curiosidad de su hijo, en Camino a la perdición (Sam Mendes).

 - ¿Estás herido? ¿Lo has visto todo?

 Puestos a elegir relaciones de canguros accidentales con cachorros inquietos, nos quedamos con una genialidad de los hermanos Cohen (Arizona Baby). El robo de un bebé es la única salida de un caco de tres al cuarto, para satisfacer a una mujer policía a la que parece no haberle llegado la hora de dar a luz.

 - Eso ya lo sé. Anda, vámonos.

- Vuelve allí, ahora mismo, y encuentre un niño, necesito a un hijo. Y ellos tienen demasiados.

- ¡Ay, cielo!

- No vuelvas aquí sin un niño.

 Y hablando de dar a luz, posiblemente el de esta película de los Cohen, una locura delirante muy al estilo de estos hermanos cineastas, sea uno de los mejores partos de la historia del cine, cuando el protagonista, Nicolas Cage, consigue salir del barro que le había cubierto por completo, como si fuese arrancado de la placenta. Otro de los más delirantes sería el de En el punto de mira, con corte del cordón umbilical a tiro limpio y revolcón entre Belucci y Owen, hasta alcanzar el clímax, en medio de un tiroteo.

 - ¿Quién eres?

- Trabajo como canguro y soy peligroso.

 Se trata de Clive Owen,  convertido en un canguro superduro, en un personaje que podría recordar al de aquel protector de un bebé, con tintes apocalípticos, dirigido por Alfonso Cuarón (Los hijos de los hombres). “Yo no tengo padre, yo no tengo madre, yo no tengo a nadie que me quiera a mí”. Con ese espíritu, propio de una conocida canción de Machín, concluímos un reportaje sobre niños desamparados en el celuloide, que sin embargo, pueden encontrarse con algunos inesperados ángeles de la guarda.