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No recuerdo pruebas fehacientes de que el cine -o cualquier otra manifestación artística- haya detenido una guerra, pero es tan necesario como agradable que esta toma note, plantee dudas y remueva conciencias sobre las atrocidades que se cometen diariamente con justificaciones de Estado.

 Casi todas las películas durante la II Guerra Mundial hacen referencias al conflicto con un sentido panfletario y propagandístico. Luego, vendría Vietnam que penetraría en la vida cotidiana del pueblo americano, aunque con un sentido muy distinto. Algunos filmes de este período, como Medium Cool (Haskell Wexler), aludían al conflicto pero pocos estuvieron dispuestos a afrontar el tema abiertamente. Tuvieron que pasar varios años desde la caída de Saigón para el cine americano reflexionara sobre la guerra que acababan de perder, porque el cine de guerra de la época - Johnny cogió su fusil, M.A.S.H. o Trampa 22- aludían tanto a Corea como a las dos Guerras Mundiales. Y esto, ¿por qué? Porque el país estaba dividido entre los que apoyaban la guerra y los que la condenaban.

  Ahora, con la Guerra de Irak, esta es tan impopular como el cáncer de pulmón. Seguramente por eso, se multiplicaron los trabajos cinematográficos, sobre todo con el formato documental en el que podemos señalar algunos títulos interesantes: About Bagdag, sobre el regreso de un poeta iraquí a la ciudad; la producción de HBO Alive Day Memories -una serie de entrevistas a soldados heridos en el frente-; Gunner Palace, Iraq in Frangents o How I planned to Kill Tony Blair. Con respecto a este tema parece que Hollywood ha encontrado el arma de su padre, aunque tampoco se ve una intención de querer apoyar el conflicto. La pregunta entonces, sería evidente, al menos en muchos ciudadanos de pro: ¿Dónde está John Wayne? En la Guerra de Vietnam hubo una película, precisamente dirigida por él, Boinas verdes, que retrataba al americano como un héroe. Ahora, en Leones por corderos un senador grita a una periodista: "¿Quiere usted la guerra contra el terrorismo? ¿Sí o no? Esta es la pregunta de nuestro tiempo". En realidad, esta cuestión viene avalada por un sentimiento que surge tras el 11-S y que incluso hoy está muy vigente. Sólo hay que ver algunas de las producciones del género bélico dentro del mundo del videojuego, que empiezan a tomar como tema reverencial la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, en la película el personaje interpretado por Tom Cruise está diseñado para no tener razón.

 El primer conflicto en Irak o Guerra del Golfo, propiciado por el presidente George Bush padre, inauguró una posmoderna moda de hazañas bélicas, en imagen, que ha dado poco de sí, cinematográficamente hablando mientras que el espectacular atentado contra las Torres Gemelas (Nueva York) presentaría un nuevo orden mundial, al que el cine, y no sólo el americano, no ha podido mantenerse ajeno.

Afganistán fue la primera etapa, hoy casi silenciada, de la primera fase que el pequeño de los Bush lanzó como respuesta al ataque terrorista. Un episodio bélico que consagró la fuerza de tropas de pacificación internacional, dirigidas por la OTAN, en la que participaría el mayor de los protagonistas de la película danesa Hermanos, desaparecido en combate y a quien se le da provisionalmente por muerto.

 - Sabía que esto podía ocurrir, siempre lo he sabido. Hemos hablado de esto muchas veces, pero yo no creo que esté muerto. Yo puedo sentirlo.

Sorprendentemente llegó a las pantallas de todo el mundo, abalada con la Concha de Oro del festival de San Sebastián, un reflejo de primera mano desde el punto de vista de quienes encarnan el eufemismo recurrente de los daños colaterales, víctimas inocentes de los despiadados vapuleos de la guerra, como son los niños kurdos de Las tortugas también vuelan.


 - ¡Atención, atención hablo al pueblo y a los refugiados que vivan por aquí, para que todo el mundo suba la colina, la guerra empezará dentro de unas horas! ¡La guerra entre Irak y Estados Unidos está a punto de empezar! ¡Poneos a salvo!

 También dentro del documental se inscribe una recreación documentada e incontestable del agravante atentado contra los derechos humanos y la legalidad internacional que es la cárcel de la isla de Guantánamo, en donde recluyen a los sospechosos de estar involucrados en los atentados o de pertenecer al grupo terrorista Al Quaeda, que supuestamente estaba detrás de los sucesos del 11 de septiembre. Lo firma el británico Michael Winterbotton, con el título de Camino de Guantánamo, cineasta con fuertes convicciones políticas y un cine comprometido y contestatario, que había rodado otra película sobre  el conflicto de Afganistán, In the world. A esta misma temática corresponde la obra documental Taxi The Darkness Side (Alex Grilby), sobre la historia de un taxista que fue detenido en Bagdad y sometido a tortura.

                                  

Los paisajes afganos e iraquíes inundados de marines norteamericanos y de fuerzas internacionales han fraguado en una suerte de guerra abstracta contemporánea cuyo máximo exponente se encuentra en las desdramatizadas escenas bélicas de la película Flanders (Bruno Dumont). Pero sorprendentemente el actual antecedente del conflicto en Oriente Medio, la llamada Tormenta del Desierto, tuvo una leve repercusión en Hollywood. Tan sólo un mal remake de Los violentos de Kelly, Tres Reyes, y la muy notable Jarhead, de Sam Mendes, que a pesar de que en nuestra taquilla pasó sin penas ni gloria, ambientaban sus tramas en la pasada Guerra del Golfo.

- Jesús, María despatarrada y José, esto es un cagarro como un piano.
- Señor, al recluta no se le da bien dibujar, señor.
- Entonces, ¿por qué coño eres mi escribiente? ¿Tú crees que mi escribiente debería saber dibujar?

Como también aparecen algunas producciones más arriesgadas y originales como Embebded (Tim Robbins), a través de un montaje teatral filmado, -que tuvo una repuesta en Team America (Trey Parker-), cinta de animación que metía en el mismo saco a gobernantes americanos y terroristas. Políticamente incorrecta, y sin duda una de las más estimulantes. Entre las recreaciones anuales del conflicto-denuncia, del año anterior destaca Regreso al infierno (Michael Winterbottom), película que no glorifica la guerra, pero tampoco la condena, consumida en una serie de tópicos respaldados por su puesta de escena, su solvencia narrativa y un puñado de buenas interpretaciones.

 - Tú lo tienes todo controlado, ¿no?
- ¿Dónde hiciste el servicio, en Getisburg?
- En Saigón.
- ¡Dentro de treinta años no vuelvo a aquí ni de coña!

   Los nuevos conflictos, como si se considerasen de un nuevo Vietnam, se mantienen en la picota de este subgénero que se ocupa de desterrar los miedos, fobias y filias, en una carrera mediática por reflejar la realidad más inmediata, tras los documentales, que genera ya ficciones casi simultaneas a los hechos que los inspiran con la lógica de la política internacional y buena parte de la maquinaria al servicio de la vehemencia de los presidentes norteamericanos. En este sentido, Lions for Lambs, este incordiante y reflexivo Pepito Grillo no está sólo. Otros pesos pesados -con mayor o menos éxito- han querido acercarse a estos conflictos como por ejemplo Brian de Palma en la tan experimental como fiasco Redacted y Paul Harris en la desgarradora y compleja En el valle de Elah (título que hace alusión al lugar en donde David y Goliat se enfrentaron). Estos -y otros muchos proyectos- nos cuentan que no hay razón, ni gloria, ni honor en el tinglado que han montado en Irak ni en los turbios intereses geopolíticos y económicos abanderados por Bush. Que ni Dios bendito ni lucha por la libertad.