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Ben Stiller es un tipo serio que va casi siempre vestido de negro y con cara de palo, pero que consigue que un cine entero se doble de risa y es eso lo que consigue con su última película en el que da un vuelco al mundo de Hollywood. Tropic Hunter es para la industria del cine lo que fue Zoolander para el mundo de la moda, no deja títere cono cabeza en la Meca del séptimo arte.

Una película sobre el rodaje de un blockbuster bélico, con un reparto de egos desmedidos, un director novato y mucho caos. El punto de partida para una genial y disparatada comedia. La guerra de mentira, de efectos especiales, se torna en verdad cuando el director intenta dar un sentido realista a la producción. Lo que aprovecha Stiller para reírse de Hollywood.

Las escenas de Tropic Hunter parodian a conocidas secuencias de casi todas las cintas bélicas, desde Rambo, a Platoon, La chaqueta metálica o Apocalipsis now. Para sacar una idea a la palestra: la falta de creatividad de las secuelas, remakes, y sagas; en definitiva la crisis de una industria que se devora así misma. Ya no hace falta imaginarse como hubiera sido Apocalisys Now, si lo rodase John Landis, Ben Stiller ha materializado ese sueño. Sin embargo, existe un precedente en este sentido: ¡Oh qué guerra tan bonita!, de Richard Attenborough, era un musical que incidía con humor en la primera Guerra Mundial. De hecho, Stiller reclama esta tendencia, porque algunas de las mejores películas anti-bélicas surgieron del mundo de la comedia, como El gran dictador (Charles Chaplin) o Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (S. Kubrick). 

- ¡Señores, no se peleen aquí, esto es el Ministerio de la Guerra! 

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Lo explosivo de Stiller no es que meta el dedo en la llaga de los Rambo y sucedáneos, sino que se cebe en las películas consideradas canónicas del género: Apocalisys Now (con un delirante encuentro entre Marlon Brandon y Martin Sheen, convertido en descenso al autismo del personaje de Stiller) o Platton (parodiando ese secuencia en cámara lenta, en la que aparecía Willem Dafoe corriendo en la selva, con esa música clásica de fondo). La gran coartada de Tropic Hunter es Vietnam, pero la película de Stiller no se limita a reproducir las escenas populares del cine bélico, sino a reflexionar sobre Hollywood, riéndose del personal.

Así el reparto de la película presenta a la fauna que frecuenta la Meca del cine: actores esclavos de las drogas, la popularidad o de un excesivo ego; agentes carroñeros, productores monstruosos, un director funcionario, o el asesor falaz. Si habría que destacar algunos momentos, me quedaba con la escena en la que Jack Black se ofrece a conceder favores sexuales a cambio de heroína; el personaje de Simple Jack, un retrasado mental que Stiller se atreve a llamar por su nombre; el memorable Robert Downey Jr. (con su papel de actor negro del Método) y ese Tom Cruise haciendo el ganso bajo el disfraz de un productor judío sin escrúpulos. Tampoco tiene desperdicio el cuarteto de falsos trailers que preceden a la película, el mejor el de Spiderman e Ironman vistos como dos monjes enamorados. Y otro punto interesante de la película es la polémica que ha suscitado la imagen de los discapacitados en unos detalles muy concretos del filme. Pero una vez visto, el ofendido debería ser Leonardo Dicaprio, por su interpretación del personaje de deficiente en A quién ama Gilbert Grape (Lasse Hallstrom) y el de Sean Penn, en Me llamo Sam. En la piel de Kirk Lazarus, Robert Downey Jr., dice el siguiente monólogo sobre este polémico tema: 

- Para conseguir un Oscar todo el mundo sabe que no hay que hacer de un retrasado total. Dustin Hoffman: Rain Man. Cara y pinta de retrasado pero no lo era; hacía trampas con las cartas. ¿Autista? Sí, ¿Retrasado? No. Luego está Tom Hanks: Forrest Gump. ¿Lento? Sí ¿Torpe? Tal vez. Pero camelarse a Nixon y ganar un campeonato de ping pong no es de retrasado. Y además era un puto héroe de guerra, ¿tú conoces a un héroe de guerra retrasado? Tu personaje, en cambio, era retrasado… retrasado total, macho. Eso es lo peor… ¿No te lo crees? Pregúntale a Sean Penn: Me llamo Sam, ¿te acuerdas? Retrasado total… ¡Y se fue de vacío! 

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En definitiva, el filme no tiene desperdicio ni como relectura disparatada de El corazón de las tinieblas, a ritmo de El juego de Hollywood (R. Altman), ni como ejercicio de radicalidad cinematográfica. A pesar de ello, no termina de cuajar el filme. Una lástima, porque Ben Stiller no logra en la película la ácida brillantez de Zoolander y, en momentos, parece regular