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El cine mudo presentaba la acción heroica, sobre todo porque estos héroes sin palabras debían atrapar el interés del espectador por las capacidades acrobáticas antes que por las interpretativas. Por eso no es de extrañar que los primeros galanes del cine hayan pertenecido a este mundo que estaban representando en el celuloide. Por ejemplo William S. Hart se jactaba de haber crecido en el Oeste y vivido en una tribu Sioux antes de convertirse en la imagen del western primitivo; Tom Mix, que había sido capitán del famoso Séptimo de Caballería y sheriff en Oklahoma, tenía el mejor curricullum para hacerse un hueco en este género. De hecho, junto a su caballo Tony, no sólo no protagonizó más de cien western sino que fue el primer gran héroe cinematográfico. Otro soldado, aunque en el lejano escenario de la guerra de los Boers, era Roy Rogers, habilidoso con el lazo gracias al rancho familiar y a su paso por el circo.

 En el western primitivo las señas de identidad las hacían propias Hart y Mix, que dirigieron sus interpretaciones a dos formas diametralmente opuestas de ver el género. Tom Mix, que fue considerado como uno de los reyes del espectáculo, nunca hizo otra cosa que pura ficción, con un acercamiento nada realista de un género tan próximo históricamente al cine. De ahí que en sus películas hiciese gala de sus capacidades acrobáticas, saltando de un precipicio con una cuerda y caer a lomos de su caballo. Su estilo tuvo continuación en Roy Rogers en este mismo género, pero sobre todo en Douglas Fairbanks en el cine de aventuras.

                 

                              

Por el contrario, William S. Hart era realista, se apartaba del cine artificioso que hacía gala Mix y propuso un western próximo a sus circunstancias y su época. Hart interpretaba al goodbadman, el chico malo que acababa encontrando una cierta redención gracias a una chica con el corazón de oro o una familia que le alejaba de los caminos de violencia. En sus películas se rodeó de vaqueros, pistoleros, indios y chicas de salón, con una interpretación que influiría a John Wayne y otros actores que dieron vida a este tipo de héroe.

 Muchas veces se ha considerado el western, por antonomasia el género americano, la representación del nacimiento del propio país. Como la visión de su historia, con un sentido épico más que historicista, tal y como se hacían con los Cantares de Gesta o las tragedias griegas. En donde los grandes temas clásicos, que ya fueron apareciendo con el cine mudo, eran la construcción de las grandes líneas ferroviarias para unir las dos costas de los Estados Unidos, junto a los dos conflictos más importantes, la lucha contra las naciones indias y la Guerra de Secesión. Algunos de estos temas fueron apareciendo de manera realista, al modo de los documentales, con un título destacado, La caravana de Oregón, filme de James Cruze, sobre la epopeya de los primeros colonos.
 
Sin embargo, el western más destacado del momento sería Flor del desierto (Henry King), la primera superproducción del género y con el añadido de ser la película que sentó las bases del cine de catástrofes. Incluso aparecieron filmes con grandes concomitancias políticas, como El nacimiento de la nación, en la que Griffith reconstruyó un buen número de episodios de la Guerra Civil americana, desde su particular visión de los Estados del Sur. Entonces, llegó el sonido al western y sobre todo John Ford, el cineasta que revolvió los cimientos de un género que no volvió a ser lo que fue.