Con Leonardo DiCaprio y Jenifer Conelly, como principales reclamos, esta película sobre el cine-denuncia en suelo africano pretende concienciarnos acerca del precio que hay que pagar por conseguir estos diamantes, o lo que es lo mismo, el entramado dirigido por la industria de las piedras preciosas en los países productores. Nos presenta una reflexión acerca de la codicia occidental en el continente africano, pero además sobre prácticas aberrantes como el empleo de niños soldados. En realidad, es un típico producto que respeta al máximo las leyes del mercado, del director asiático Edward Zwick (Leyendas de pasión, El último samurai) que resulta ser el equivalente cinematográfico de la literatura de viaje: Bastan pocas páginas para intuir que la prosa no irá más allá de lo funcional y que las sorpresas no formarán parte de la ecuación. Como también bastan pocas páginas para adivinar como se repartirán los roles, quién suministrará el componente romántico y quien el centro ético. En realidad, Ziwck sabe muy bien apreciar la frase que dijesen los romanos con respecto al circo: Damos al público lo que realmente quiere ver.

Parece el título perfecto: literario pero efectivo, y lo suficientemente explícito como para llevar a gente al cine: Diamantes de sangre, expresión que hace referencia a los diamantes obtenidos en zonas de conflicto, en donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia y la explotación de esta piedra preciosa estimula una y mil atrocidades. En este sentido, se observa la importancia de la empresa De Beers, la más importante de las que explotan las minas de diamantes sudafricanas, aunque bajo el telón de fondo de la ficticia Van Laer. Por otra parte, la película no se corta en reflejar situaciones tan provocadoras como las matanzas de la guerrilla Revolutionary United Front (FUR) o sus enfrentamientos con las fuerzas gubernativas que lo han convertido en una guerra civil que desangra al país.

El colonialismo, el racismo o el alcance los conflictos políticos en las decisiones vitales de la gente común, son temas recurrentes en el cine, cada vez que aparece África en la pantalla. Es la construcción de una cinematografía que muestra al continente negro como telón de fondo, donde se origina la tragedia de sus personajes. El cineasta recurre a imágenes que rozan el tópico, para ilustrar las guerras civiles, la pobreza y niños insurgentes que portan armas.

Uno de los aspectos más controvertidos de la película es la faceta de los niños soldados, que aparecen reclutados por la guerrilla y que refleja toda una realidad en el continente africano. En este sentido, Diamante de sangre sorprende por su sincero compromiso con una realidad muy cruda que al final de la película, en su última secuencia, se pretende cerrar cuando el personaje del humilde pescador, Solomon Vandy, decide testimoniar de los conflictos de su país a la comunidad internacional, presidiendo el popular actor de la serie 7 en el paraíso, Stephen Collins.

El guión de la película parte, al menos en su telón de fondo original, de la novela Okavango, escrita por C. Gaby Mittchell, que narraba las peripecias de un personaje similar a Indiana Jones pero cambiando diamantes por arqueología. Este relato había interesado a diversos directores: Michael Mann y Ridley Scott, entre otros, pero por problemas de financiación se tuvieron que suspender cada uno de esos proyectos, hasta que cayó en las manos del guionista de Diamantes de sangre, Charles Leavitt, aunque escribiese un argumento totalmente distinto. En vez del protagonismo blanco, el peso de la película recaía en Solomon (quien daba vida, Houson), un hombre que había perdido a su familia, su hogar y que hacía todo lo posible por recuperarlo.

Ambientada en Sierra Leona, en el corazón de los conflictos bélicos más sangrientos en la década de los noventa, la película propone la particular toma de conciencia en torno al personaje de un caza-fortunas, un mercenario sin escrúpulos. El personaje que interpreta Leonardo DiCaprio resulta muy cínico, un oportunista y desilusionado que quiere escapar de África a toda costa. La imagen del hombre blanco sudafricano en la era del nuevo apertheid, no es tan racista como pudo haber sido su padre, pero tiene todos esos fantasmas dando vuelta por dentro de su cabeza. Djimon Houson da vida a un pescador, que se ve obligado a trabajar en la obtención de los diamantes y a recuperar a cualquier precio a su familia. Por último, Jennifer Connelly será una intrépida periodista a la caza del gran reportaje.

- Sólo escribo sobre lo mismo, madres muertas, extremidades amputadas. ¡qué novedad!, bastaría para hacer llorar a algún lector y que enviase un cheque.

Jeniffer Conelly sigue siendo una de las actrices más prometedoras de su generación, modelo y portentosa actriz infantil con un aspecto a medio camino entre la sofisticación y la ingenuidad, por más que su carrera no hizo más que declinar debido a sus papales en donde no hacía más que explotar el lado erótico y sensual de su físico. En El secreto de los Abbott, por ejemplo, interpreta al putón de turno, siempre dispuesta seducir a un joven Joaquin Phoenix, e incluso compartió escenas de cama con Antonio Banderas, en otra película.

- Damos al mundo lo que realmente quiere. Estamos en el mismo negocio, ¡que te quede claro!

 - Sí, sí, claro. Pero no todas las americanas quieren una boda de cuentos de hadas, igual que todos los africanos no se matan como monos. Pero, ¿sabes qué? Todos los días se hacen cosas buenas.

Junto a ella y DiCaprio, el tercer protagonista de la película, Djimon Houson, es otro de los actores con una trayectoria ascendente, a pesar de interpretar personajes secundarios. Lo habíamos visto embarcado en el fiasco que supuso el barco Amistad, de Spielberg; en compañía de Russell Crowe en sus aventuras gladiatorias y, finalmente dentro de La isla, como uno de los caza-recompensas que perseguían a la pareja protagonista, entre otros registros. En esta película, mantendrá una peculiar relación con DiCaprio.

-¿Sabes que Solomon cree que su hijo llegará a ser médico algún día? Es posible que su bebé muera en ese campo, que quizás violen a su hija. ¡Quién sabe, que pase ambas cosas! ¿Eres consciente que ese diamante es la única forma que tiene de sacar a su familia?

-A ti, su familia no te importa nada.