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Austen, nacida en Stevenson (Inglaterra) es una de las escritoras más respetadas y adaptadas de la literatura británica, tanto que poco podría imaginarse que, dos siglos después de su muerte, sus obras, sus personajes y su figura tendrían tanta relevancia como para ser continuamente trasladada a un invento llamado cine.


  "Odio hablar de las mujeres como si todas fuéramos damas refinadas en lugar de seres racionales", clamaba la protagonista de la novela Jane Austen Persuasión. Estas son algunas de las impresiones que desprenden las adaptaciones de Jane Austen, una exploración de los efectos condicionados por la posición social, las apariencias y la necesidad de conciliar sentimientos contradictorios. Entre sus primeras adaptaciones al celuloide, habría que señalar el clásico de los años cuarenta Más fuerte que el orgullo, rodada en blanco y negro y con la dirección de Robert Z. Leonard. Pero el gran entusiasmo por las obras de Austen no se daría hasta la última década del pasado siglo, con Sentido y sensibilidad (Ang Lee).

 

  Argumentos ideales para un cine como el británico interesado en  revivir el pasado con el mayor elenco de actores inimaginables. De hecho, el cineasta Julian Jarnold, a pesar de debutar con Pisando fuerte, de temática totalmente distinta, se había forjado en la televisión británica, adaptando clásicos de la literatura como Crimen y Castigo, Los cuentos de Canterbury o Grandes esperanzas.

 

  - Después de mis primeras impresiones, el se expresó con mi calor y la ternura, cuando me sentí enamorada.

 

  Emma Woodhouse, Elisabeth Bennet y Elianor Dashwood, junto un largo etcétera. ¿Fueron las heroínas de Jane Austen  un reflejo de su vida? Esta reflexión parece ser el punto de partida de la película de Jarnold, una mirada, aunque falsa, a la juventud de la escritora, a sus amores y su indomable rebelión. El último filme sobre esta temática, La joven Jane Austen, se zambulle en los escenarios de Orgullo y prejuicio, Emma y Sentido y Sensibilidad para seguir el rastro de la futura autora, y allí desarrolla la historia de una mujer que se niega a aceptar lo que ha previsto para ella. La película que todo amante del universo de Jane Austen querría ver. Con este primer esbozo, podemos presentar La joven Jane Austen, correcto melodrama o película de época, cuyas tribulaciones sobre el amor son tan predecibles como innecesarias. Y es que cuando el amor lleva a esa pasión incontrolable que puede o no terminar en una relación consolidada, en un momento de grandes dificultades que emanan de las rígidas convenciones de una época, se dice que el amor es todavía más amor.

 

- ¡Tu no tendrás nada si no te casas!

- Entonces, no tendré nada, porque no me casaré.

 

  En cualquier caso, el personaje de la escritora decimonónica tuvo una curiosa particularidad que esta película trata de matizar, su vida apenas mereció el interés y la intensidad que describió en su literatura, La joven Jane Austen precisamente se fija en un escueto episodio de juventud, sobre el cual las biografías oficiales pasan de soslayo, un frirteo o proyecto de relación que nunca puso concretarse, con un vividor, arrogante, atractivo, inteligente, pero pobre. Poco se sabe de la vida amorosa de la autora, que siempre permaneció soltera, salvo una carta en la que escribió a su hermana sobre su posible único amor de toda su vida. La película de Julian Jarnold agranda esta anécdota del pasado de la escritora y le da tanta importancia, que sabríamos entonces de dónde vienen esos conocimientos sobre la naturaleza del amor y el papel represor de las costumbres de la época. Una historia sobre el primer enamoramiento -y que se sepa, el único- de la famosa escritora inglesa, pero también de la importancia de la familia, su entorno o de algunas de las dificultades de la clase media como la falta de dinero, temas que -en realidad- podrían enfocarse desde una lectura universal, pero con la singularidad de servir de ambiente para las novelas y el carácter que imprime a sus personajes.

 

  Como era habitual en los textos de la escritora, sus heroínas ejercían de altavoz para su espíritu crítico con la sociedad que le tocó vivir, modelo de mercantilismo amoroso y ambiciones disfrazadas en galantería. En la línea de cintas como Shakespeare in love (John Madden) o la inminente Las aventuras amorosas del joven Molíere, la película resucita la estructura, el lenguaje, el retrato de personajes y el espíritu reprobador de la obra de Austen. En una notable operación de reciclaje, la madre de la novelista (Julie Walters) es un remedo de las ambiciones matriarcas de las obras de Austen. Recordemos por ejemplo, a una de las viejes arpías de Sentido y Sensibilidad: "el amor está muy bien, pero por desgracia no podemos confirmar que el corazón nos guíe en la dirección adecuada"; el padre (interpretado en la película de Jarnold por James Cromwell) representado al títpico hombre de achantada apariencia pero de juicioso y resolutico carácter; y las habituales sentencias en torno al amor, la independencia de la mujer y el decoro son desperdigadas a lo largo de la historia con buena cadencia, lo que acaba conformando una especie de película-repetición, pero con gran eficacia. "El afecto es apeticible, en cambio el dinero es absolutamente indispensable", clama la madre de la escritora en La joven Jane Austen.

 

- ¡Ah! ¿qué lástima que no pueda inventarme una razón para ignorar? ¿Señorita Woodhouse no compredo porque no se casa usted?

- El matrimonio no tiene ningún aliciente, no me faltan ni fortuna ni posición. Jamás podría ser tan importante a los ojos de otro hombre, como lo es para los de mi padre.

 

 Emma, una de las principales alter ego de la escritora, Emma Woodhouse, tuvo una interesante traducción a la gran pantalla, a cargo de Douglas McGrath, que supo definir el  universo de Jane Austen. Este representa a la perfección el espíritu del XVIII y XIX, pero a la vez se desmarca de otras escritoras que sintieron un cierto desdén hacie él, consisiderándola demasiado pequeño. Si bien la literatura rosa, tiene su origen en aquel período, Jane Austen se centraba más en la figura del matrimonio, haciendo su romanticismo más tranquilo y menos oscuro y violento que el que presentaban las hermanas Brontë.

 

- ¿Qué ocurre?

 

- Un viento frío me atravesó el corazón, una fatalidad. Pero casi desparaeció.

 

Las hermanas Brontë, sobre todo Charlotte y Emily, tuvieron una breve existencia en una parroquia rural, sin ninguna experiencia en la vida, a pesar de que renover la novela inglesa. Charlotte introdujo en la literatura británica la personalidad real de la mujer, con sus exigencias pasionales y las convenciones sociales (Jane Eyre, que tuvo una magnífica adpatación a cargo de Franco Zeffirelli), mientras que Emily creó unos personajes turbulentos en la novela lírica, Cumbre borrascosas, título clásico de la cinematografía de Willyam Wyler, de la que recogemos un pequeño diálogo. De Emily, es también la tormentosa vida de  Lady Helsbud, personaje que daba título a la adaptación de la obra de estas hermanas escritoras, que se rasgaba la piel con un cuchillo ante la presencia de sus hijas, para darles confirmación de lo doloroso que podía llegar ser el amor.

 

 - Esto es amor, créalo señor, no es nada ridículo.

 

 Este culto a la idea del amor total que es corriente, mágico y sin paliativos, considerado popularmente como romanticismo, se ha adueñado de los sótanos de la consciencia produciendo verdaderos estragos y, además repetitivos. Sólo es atracción irrefrenable que merece ser contada y reverenciada como se expresa un éxtasis efímero en medio de terribles dificultades, como sucede En algún lugar del tiempo (Jean Zounot). Su plasticidad es incontestable, pero cuando coloniza el subconsciente, ya va conduciendo al individuo a sus más personales desastres. Hay destellos de un cine más realista, que sin desprenderse de lo anterior, nos habla de lo que es la verdadera naturaleza del amor, en la que no suele faltar la cultura del esfuerzo. En la combativa, "Hoy empieza todo", un buen ejemplo de su planteamiento universal y atemporal, llama la atención que el profesor concienciado tiene que lidiar con los hijos de la pobreza, tiene a su lado a una mujer que hace suya. Quizás no haya mejor prueba de amor que esta, la de estar en las duras como en las maduras.

 

  Al volver a Jane Austen, una de las protagonistas más interantes fue interpretada por Kate Winslet, al presentarse como una actriz sobervia con innegables dotes interpretativas que, sumada a la fuerza de su conmovedora mirada, hacen de ella un ser destinado a irradiar una energía explosiva detrás de la patalla. Su imagen magnética y enérgica la han llevado a interpretar personajes alocados, vehementes y pasionales frente a los represores mecanismos de una sociedad tan moralista como la era victoriana, en Sentido y sensibilidad. Otras cintas a destacar serían Masnfield Park (Patricia Rozema) y Bodas y Prejuicios (Gurinder Chandha). Pero entre sus adaptaciones más recientes, destaca sobre todo Orgullo y prejuicio (Joe Wrigth), a pesar de que la temática, sus personajes, escenarios, e incluso tramas, se repiten en cada una de ellas.

 

 - Nunca he oido hablar de una joven dama que no tenga habilidades.

 - Yo opino que eso es generalizar. De todas las mujeres que conozco no hay ni media docena que estén instruídas.

- Ni yo.

 

 Pero leyendo a Jane Austen o revisando las adaptaciones que hay de sus novelas, surge una interesante interrogante: ¿Pudo conocer la naturaleza humana alguien que apenas salió de su pueblo y que permaneció soltera, y sin expereincias conocidas? ¿Haríamos más caso a quien ha relatado las pasiones del alma tras conocerla de forma incívica?. Es un debate tan interesante como, quizás, esteril. En cualquier caso, la vida y el cine caminan juntos y ambos expresan un movimiento que duran todo el tiempo, sobre todo cuando la existencia tiene su aliencia, y merece ser vivida y representada. No obstante, de las observaciones de Jane Austen, preguntándose por la naturaleza del amor, las influencias de la represiónsocial y, por supuesto, el papal de la mujer, hay toda una literatura que un siglo más tarde recogía esos frutos para hacer una exploración, en toda regla, con el riesgo de dinamitar viejas estructuras. Y descubrimos a una mujer elegante, femenina y decidida a abandonar la blandura de tiempos pasados, la Glenda Jakson de Mujeres enamoradas es todo un referente que añade un plus de fascinante complejidad y que se sitúa a años luz de la Hattaway de ojos grandes y mirada ingenua. Pero lo que hace Julian Jarnold, presentar un amor de Jane Austen, especular con esa fantasiosa posibilidad, una trama sobre el irrefrenable espíritu de fábular que todo individuo lleva consigo.