20080525152837-coen-brothers.jpg

Lo primero que encontramos al ver esta obra maestra de los hermanos Coen, es su gusto por el cine negro. Esta es su más clara exposición de este tema, pero ya había dado muestra en otras películas como Sangre fácil, Muerte entre las flores o El Gran Lebowski, y para resaltar este detalle lo decidieron rodar en blanco y negro, con unas pesadas notas de sonatas de Beethowen, para enmarcar la historia en el sentido fatalista propio de John Huston. Aunque de los múltiples filmes a los que hace un guiño, parecen destacar El cartero llama dos veces y Perdición de Frizt Lang. Vuelve a aparecer su actriz fetiche, la esposa de Ethan Coen (codirector, productor y guionista de la película, hermano de Joel), Frances McDormand, pero el peso del argumento recae en la figura de Billy Bob Thornton (Ed), un barbero silencioso y solitario que lleva a una de las claves del cine de los Cohen, la pasividad de sus personajes. Desde Jerry, el aburrido vendedor de coches que pretendiese asesinar a su mujer en Fargo al brillante Lebowski, se podrían considerar como víctimas de su destino o del azar, por el cual se dejan llevar; mientras actúan en ellos un pequeño catalizador que le lleva a esos sucesos. En este caso, el protagonista y a la vez, cronista de la historia, se ve en un conflicto, producido por la responsabilidad de su comportamiento y de los hechos. Ed siente la responsabilidad, aunque al mismo tiempo se escuda en ella para evadirse de esta.

 - Me tropecé con este trabajo o más exactamente me casé con él. No era mi negocio, como decía aquel, sólo trabajo aquí. Era un garito de veinte metros cuadrados, con tres sillones o plazas, como las llamábamos, aunque sólo trabajábamos dos personas.

 La historia centra a un barbero de cualquier barrio, y de cualquier ciudad, a un hombre que silenciosamente se resigna a la mediocridad en la que vive y trabaja, con su cuñado (Michael Badalucco), quien parece ser su polo opuesto. Ante alguien que se mantiene silencioso, como un frustrado náufrago existencial, este parece no callarse nunca en la barbería, e incluso  en medio del juicio. Pero sería el propio carácter del protagonista lo que convierte a esta película, de factura e historia sencilla, en una obra maestra. Cuando se encuentra ante la ocasión de ganar dinero, en serio, con un negocio que le propone un extraño individuo que llega un día a la barbería, otro de los secundarios de los Cohen (James Gandolfini), decide chantajear al jefe de su esposa, con quien le engaña. Los hermanos de Minnesotta saben aprovechar esas historias en donde la fatalidad tilda con lo absurdo.

 - Frank, mi cuñado era el peluquero principal. ¡Y joder, cómo hablaba! Sus puntos de vista pueden ser interesantes si tienes once o doce años, pero a veces me saca de quicio. Pero no suelo quejarme, como decía él era el peluquero principal. A August, el padre de Frank, le llamaban Guzzy, rapó cabezas en Santa Rosa, veinticinco años, hasta que se le paró el corazón a mitad de un peinado a cepillo. Le dejó el negocio a Franky, libre de cargas, y eso satisfacía todas sus ambiciones, cortar el pelo y darle a la lengua. Yo no hablo mucho. Me dedicó a cortar el pelo.

 La mejor película de los hermanos Cohen, desde Fargo. Originalmente estrenada en blanco y negro, fue rodada en color, en donde Rudyerd Dickins, el director de fotografía habitual de los Cohen utilizó este procedimiento porque el negativo original del color ofrece una mayor gama de grises, cuando se obtienen copias del blanco y negro. El hombre que nunca estuvo allí, nos traslada a un pueblo del norte de California, en los años cuarenta. Ed Green, barbero de profesión y hombres de pocas palabras, parece vivir la vida como si fuera un espectador. Green sospecha que su mujer le es infiel con su jefe, un empresario eufórico con la marcha de su negocio. Es un personaje hecho a su medida, modelo de contención y resignación a golpe de cigarrillo. Pero la aparición de un viajante que busca dinero para invertir, a cambio de una segura rentabilidad le da una idea, que transformará por completo su vida: vengarse de quien está acostándose con su mujer, chantajearle y de paso salir de su monótona existencia.

- Acompañaba a mi padre cuando iba a cortarse el pelo, Walter Ultars.

- A claro, Walter.

- Soy Rachel Ultars.

- Lo siento, no me acordaba.

- No importa, cómo acordarse de todas las flacuchas que acompañaban a sus padres.

 Una joven Scarlett Johanson, a las puertas del estrellato, toca en el piano la sonata Claro de luna, de Beethowen, que supone un oasis de sosiego al personaje principal.

En el argumento de la película se observa tres momentos o “evoluciones”. Por una parte, vemos a la mujer de un barbero que vive en una provinciana ciudad, trabajando en unos almacenes; luego, la mujer rubia, como arquetipo de la llamada femme fattale del cine negro, una mujer oscura e infiel, y por último, encontramos a la historia que va escribiendo Ed en la cárcel para una revista y donde el engaño, o sea, la infidelidad de su esposa, puede pasar como un ensoñamiento del protagonista o un recurso que va inventado sobre la marcha para atraer a más lectores. Lo que sí es verdad, es que el personaje frío y oscuro de Frances McDormand se opone al de la mujer casada y normal que encarna por ejemplo en el papel de la honrada y medio casquivana sheriff de pueblo en Fargo.