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- Me la tienen que quitar, muerto.

Él mismo. 

Más allá de la visión que ofrecía Michael Moore y de la imagen que tenemos de él como principal defensor del rifle - con aquella frase que se hizo mítica-, vamos a quedarnos con el actor que supo imponerse en un buen puñado de películas. Fue aquel que venció a los moros en el Cid o a Mesala, en aquella carrera de cuádrigas antológica; el que logró abrir los mares, se enfrentó a un policía corrupto, llamado Quinla, o maldijo a los hombres por destruir su civilización. El que puso rostro a Miguel Ángel Buonaroti y a un duro hombre de western en más de una vez. Todo eso fue Charlton Heston, fallecido recientemente de alzheimer, una enfermedad que no respeta ni a los hombres ni a los mitos; el actor que más papeles épicos ha dado el cine. 

- Admirad el inmenso poder del Señor.

 Quien nació como John Charles Carper y se cambió su nombre por el de Charlton Heston, -por cierto, apellido que tomaría prestado del segundo marido de su madre-, fue mucho más que ese Moisés de Los diez mandamientos, según la versión de Cecil B. Demille. Una historia bíblica más que conocida, dentro y fuera del séptimo arte sobre el libertador de los hebreos del yugo egipcio, que luego sentaría las bases de la religión judaica. Curiosamente junto a este personaje hebreo, el de Ben-Hur, sería el otro gran papel de su carrera y el que le reportó el Oscar al Mejor Actor, una película de William Wyler que con sus once estatuillas sería el largometraje más galardonado en la ceremonia de los Oscars hasta Titanic. 

- Podéis conquistar esta tierra, podéis sembrarla de cadáveres, pero ese no será el fin. Volveremos a levantarnos. 


Más allá de estas interpretaciones, y si hacemos abstracción del hecho de haber sido un filme sobre la defensa de las armas de fuego y de haber presidido la Asociación Nación del Rifle, encontramos una serie de títulos sobresalientes con Charlton Heston como un excelente actor. Además fue la imagen contra quien Micheal Moore arremetió con dureza, en su documental de propaganda, por más que estemos de acuerdo con su tesis; Bowling for Columbine hace que crezcan nuestras simpatías por ese hombre de rostro pétreo que empezaba a sufrir las consecuencias de esa enfermedad y que fue -en parte- engañado para participar en la película. 

- ¿No tiene ni idea por qué somos el único pueblo, el único país, en la que la gente se mata tanto con armas de fuego?

- Probablemente una mayor mezcla étnica que en otros países, sí.

- ¿Es una cuestión étnica? 

Fue su propio empeño el que hizo posible que Sed de Mal fuese dirigida por Orson Wells, en donde el actor interpreta a Mike Vargas, un policía mexicano dispuesto a acabar con la corrupción del inspector Quinlan, el propio Welles. 

- Vi esa caja y estaba vacía. Es imposible que me pasara por alto dos cartuchos de dinamita. Deje que le diga algo, capitán. Ustedes lo amañaron, un amaño. 

En ese mismo año, otro peliculón, Horizontes de grandeza, un título épico sobre las luchas que forjaron los Estados Unidos en el siglo XIX. 

- Yo de verdad, no llevaría mucho eso tiempo por aquí, si lo que de verdad lo que quiere es pelea, Mr. McKain.

- Ha sabido elegir la ocasión, ¿verdad?

- Sí, McKain, le desafío. 

Un gran western en el que Heston era un gallito de corral a quien el petrimetre de Westrick (Gregory Peck) le ponía en su sitio, bajo la luz de la luna. De nuevo, se vio bajo los auspicios de los Oscars como Rodrido Díaz de Vivar, en El Cid, ejemplar versión de Anthony Mann, en clave de western, sobre las gestas del héroe castellano, aunque lo que más chirríe sea la presencia de la de idea de España, dos siglos antes de que apareciese. 

-  No soy más que un desterrado.

- Sin nuestro Cid también lo somos, nosotros.

- Es una locura que vengáis conmigo, perederíais vuestros hogares. 

Después volvería a España, en compañía del gran productor Samuel Bronston, pasra hacer 55 días en Pekín (de Nicholas Ray), junto a un conocido elenco de actores, antes de dar personajes tan antógicos como el mayor Dundee, de la película homónima de Sam Peckimpah, una de sus cintas menores de la filmografía de este director. 

- Si les digo que avancen, avanzan. Sí les digo: carguen, cargan; si les digo que corran, me siguen a toda velocidad, si no mantengan sus posiciones. 

O el del célebre artista del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti, enfrentado a Julio II, mientras pinta los frescos de la Capilla Sixtina. Todavía le quedaría una nueva participación en el cine épico antes de la famosa distopía de ciencia-ficción que fue El planeta de los simios, estreneda ahora hace cuarenta años. Para la historia, el beso entre el hombre y una simio, y una de las frases más conocidas del celuloide: 

- ¡Lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos, maldigo a las guerras!. ¡Os maldigo! 


Si el cine épico fue uno de los géneros que acompañaría a Charlton Heston toda su carrera, el western nos descubría ese lado salvaje y duro del actor. Por citar un nuevo ejemplo, sería Will Penny, otro de los llamados western crepuscular. Heston daba vida a un hombre rudo, un vaquero que no sabía leer ni escribir, en medio de un paisaje tan bello como lleno de amenazas. Ya en los setenta, tanto en El último hombre vivo y Cuando el destino nos alcance, regresaba al género de las distopías, mientras que interpretó al cardenal Richelieu en Los tres mosqueteros y su continuación, ambas a las órdenes de Richard Lester.

 - Si yo fallara tanto como voz, no dudaría que caería mi cabeza. 

Y en plena oda de cine de catástrofes, participó en dos títulos emblemáticos Aeropuerto y Terremoto; más recientemente le vimos en Tomsbone y en Mentiras arriesgadas, como personaje secundario de esa cinta de acción con el mundo del espionaje y el terrorismo islámico de fondo. Oliver Stone contó con él para su película Un domingo cualquiera, e incluso Tim Burton le quiso para su remake de El planeta de los simios, aunque en un papel que daba la vuelta a su conocido personaje en el original. 

- Ninguna criatura es tan retorcida, tan violenta. Debes encontrar a ese humano, en seguida. 

Asomó su cara en la serie Friends y no dudó en reírse de sí mismo, por eso cuesta más trabajo entender la falta de respeto de Michael Moore, a quien le había invitado a su propia casa, sin saber que estaba participando en una película de propaganda. 

- No conozco a ningún actor que no haya dicho en algún momento de su carrera: ¡Dios apesto! Acabo de rodar una película y en la primera escena yo he apestado por todos.

 Más allá de la tentadora y fácil imagen de una fanático empuñando un rifle, nos quedamos con la imagen de un hombre cabalgando solitario por los grandes espacios abiertos, también con el recuerdo de su esfuerzo por el que existe Sed de Mal y otros tanto personajes ya míticos, dentro de este imaginario que es el séptimo arte.