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"¿Dónde estuviste anoche?" "¿Anoche? No tengo la menor idea". " Y ¿qué harás esta noche?" "No hago planes por anticipado".

"No olvides que te estoy apuntando al corazón" "Ese es el punto menos vulnerable".

"¿Son cañonazos o los latidos de mi corazón?"

Casi todo el mundo reconoce estos diálogos, pertenecen a la película Casablanca, una de las más populares de la historia del cine, incluso hoy en día, sobreponiéndose con asombrosa vitalidad a un uso abusivo que a punto está de convertirlo en una ilustre colección de lugares comunes en la que destaca, por méritos propios, la recurrente canción.


- ¡Tócala otra vez, Sam!


 No es nada fácil definir Casablanca; se puede decir que es un thriller, con trasfondo político, ambientado en una emblemática ciudad norteafricana de la Francia ocupada a la que llegaban refugiados políticos, concretamente a un conocido café en donde se juega, se conspira y se trafica con salvoconductos. Pero se puede definir también como un melodrama romántico, con una deslumbrante y truncada historia de amor como telón de fondo.
 
- No estaba muy seguro, Rick, nos vimos por última vez en París. Fue el día en que los alemanes habían ocupado París.

- Un día así, no se olvida. Los alemanes iban de gris y tu iba vestida de azul.

O simplemente, como nos apunta el final: Una gran amistad.

- Pero, ¿por qué demonios vino a Casablanca?

- Vine a Casablanca a tomar las aguas.

- ¿Qué aguas? ¿Qué aguas? ¿Las del desierto?

- Me informaron mal.

                  
 
Por supuesto, en España se estrenó con notable retraso, a finales de los años cuarenta, y la censura franquista se ocupó en alterar el sentido de los diálogos.

 - En 1935 llevó rifles a Etiopía, en 1936 luchó en España con los republicanos.

- Y fui muy bien pagado en ambas ocasiones.

- Sus vencedores le hubieran pagado mejor.

 Las circunstancias que rodean la gestación y rodaje de la película, arrojan suficientes luces sobre la naturaleza de Casablanca y el fenómeno de popularidad que, con el tiempo, fue erigido sobre sus imágenes. Eran tiempos de guerra y los estudios querían armonizar la propaganda pro-belicistas junto con los dramas de consumo, que producían sistemáticamente. Casablanca fue uno de ellos, surgido de la suma de un cúmulo de coincidencias que ninguno de sus responsables pudo calibrar en su momento.

 - Ya no hay quienes los detengan, dentro de un momento a otro, los tendremos en París.

- Tienes que marcharte, París ya no es seguro. Pronto estarás en su lista negra.

- Ya estoy en su lista negra.

 Por citar una casualidad, la Warner había pensado en otra pareja protagonista, en Ronald Reagan y Ann Sheridan, lo que hubiera supuesto todo un descalabro de la película. Porque, ¿alguien puede imaginarse estas escenas ya propias de la memoria colectiva del séptimo arte sin Bogart y Bergman?. Por otra parte, está el argumento de la película, que parte de una obra de teatro titulada  Everybody come to Rick´s (Todo el mundo viene al café de Ricks), escrita por Murray Burnett y Joan Alison,  y adquirida por Hall Wallis, uno de los productores ejecutivos de los estudios Warner.
 
 - De todos los cafés del mundo aparece en el mío.

            

Para su escritura fueron contratados los prestigiosos hermanos Epstein, Julius y Phillps, que empezaron a escribirla antes de que se concretara el reparto.

 - Oigo tu voz y todo sigue igual, como si todavía lo estuviese oyendo: Richard iré contigo a donde vayas, te seguiré a cualquier parte del mundo.

- Te lo ruego, comprendo lo que tienes que sentir.

Pero los Epstein abandonaron pronto el proyecto, reclutados por Frank Capra para participar en un documental de propaganda bélica, y fueron sustituidos por Howard Koch, que se desentendió del gusto por la acidez de sus predecesores, para prestar mayor empeño en todo lo relacionado con la moral de los personajes en tiempos de guerra. Al parecer hubo otro guionista más, que no apareció en los títulos de créditos, y que se encargó de desarrollar las escenas más románticas, en concretos los flashback que reconstruyen los encuentros entre Bergman y Bogart en París, inmediatamente anteriores al comienzo de la guerra.

Qué Casablanca funcione como funciona, a partir de su insólita mezcla de intimidad, ironía, romanticismo, escepticismo y dignidad, junto a los compases de una canción melancólica, sigue siendo un misterio. Seguramente, se pueda entender en parte, por las circunstancias que marcaron el rodaje como por ejemplo, que el guión no estuviera acabado o que nadie supiera incluso cuál iba a ser el final. Lo que obligó al director y a los actores a afrontar cada plano, dejando abiertas todas las posibilidades. Lo que acabó imprimiendo una notoria ambigüedad que se materializaría en el estado de ánimo entre la pareja protagonista, que impregna las imágenes.

- ¿Puedo contarte una historia?

- ¿Tiene un final feliz?

- No sé qué final tendrá.

- Puede que se te ocurre a medida que lo vas contando.