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En un futuro indeterminado las máquinas han superado al hombre y le obligan a vivir en Matrix, un programa de realidad virtual, mientras que en la realidad el hombre no sirve más que como “combustible” de las mismas máquinas, cultivándose en grandes campos. En un momento en que la realidad está sometida a debate, la tradicional cinematografía con sus vaqueros e indios, sus piratas, sus dramas y romances, ya no son suficientes. Hace tiempo que la acción dejó de ser el enfrentamiento clásico entre el bueno y el malo. Eso es de los tiempos de Mariacastañas. Ahora lo que priva son las luchas con algunos alicientes, entre los que tienen mayor peso, los tecnológicos, pero también la dialéctica entre lo real y lo virtual, y el enfretamiento entre las dos dimensiones existentes, la de los vivos y muertos. Mucho de todo esto tiene Matrix, que presenta el enfrentamiento clásico maniqueísta pero entre lo palpable y lo imaginario, llevado a la enésima potencia.

Estos desconocidos colaboradores de la Marvel habían ya apuntado maneras como buenos realizadores con Lazos ardientes, un thriller de contenido lésbico, antes de embarcarse en esta película moderna hasta el desmayo que intenta presentar la realidad como un gran invento. Interesante por sus numerosas referencias - que aunque básicas, resultan atractivas -: Alicia en el país de las maravillas, la mitología griega, las películas de Bruce Lee, los comics de la Marvel, el cristianismo, Blade Runner. Y todo esto, junto a una estética cyber-punk y un redescubrimiento musical muy acorde con sus pretensiones: Marilyn Manson, Prodigy, Rob Zombye, Propellerheads,... En realidad, un collage de algunos de los mejores recortes de estos géneros proscritos que hace que Matrix sea un entretenimiento reflexivo. “¿Qué pasaría si lo que vivimos no es realmente lo que vivimos?”.

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Un tema recurrente. 

Aunque nos encontramos ante un sofrito bastante interesante y entretenido acerca de las consecuencias de la robótica, de la era digital y de !la informática, junto a grandes dosis de acción adredalínica y espectaculares efectos especiales, en realidad, el transfondo filosófico que refleja esta saga de Matrix ha sido uno de los temas recurrentes de la literatura y un filón cinematográfico. No vamos a decir que toca un lugar común en la literatura española, pero sí un tema recurrente desde Calderón de la Barca (en La vida es sueño), pasando por Unamuno hasta llegar a autores contemporáneos como Gonzalo Suárez, con sus correspondientes traducciones a la pantalla.

La recreación de la vida de un personaje dentro de un mundo minuciosamente construído y descrito, y sus comprensibles reacciones hacia el demiurgo o el gran hacedor que rige su destino evoca inevitablemente a las peripecias medáticas del actor Jim Carrey, en la estupenda película de Peter Weir El show de Truman.

- Puedes hablar, te escucho.
- ¿Quién eres?
- Soy el creador del programa de televisión que llena de esperanzas y felicidad a millones de personas.

El éxito de Matrix permitió que se produjeran en EEUU decenas de secuelas de la taquillera película de los hermanos Wachowsky. Entre ellas, merecería la pena citar la película Nivel 13, del director Josef Rusnak. Se trata de Matrix revisitado y se quedan anchos. Resulta que la vida es una creación virtual y no somos más que un mal sueño de unos señores del futuro que no paran de dar la lata. El canadiense David Cronenberg, acostumbrado a explorar el mundo interior, dedicó algunas de sus películas a tratar las relaciones que existían entre la ficción y la realidad, sobre todo en el film ExistenZ. Una subjetiva y cambiante percepción de la realidad. Desde Nirvana, El cortador de cespedo Días extraños, a otro de los trabajos del propio director, Videodrome, se plantea en el fondo el mismo tema que el film de los hermanos Wachosky. Los avances de la tecnología permiten replantear aquella metáfora orgánica de una manera casi literal: en el universo virtual de los videojuegos, la realidad, o más bien, la percepción de ella y de nosostros mismos es algo subjetivo, cambiante, sujeto a las reglas de la partida. L!o real no es algo absoluto sino que depende siempre de cómo lo construyamos. Es un tema casi filosófico y que, al fin y al cabo, tiene mucho que ver con el cine, que construye un mundo propio.

Pero también existen referencias a este tema entre algunas producciones patrias. Ya queda muy lejos una especie de precedente del Show de Truman, made in Spain, en donde José Luis López Vázquez era secuestrado y confundido con un peligroso terrorista, a quien le retienen y le torturan, para que todo fuese el entramado de un programa televisivo. La película se llamaba El concurso. Pero más próximo a nosotros está la inquietante segunda obra del director Alejandro Amenábar, Abre los ojos, ubicándose en una zona limítrofe entre el sueño y la realidad.

En otro orden de cosas, encontramos muchos relatos que entremezclan la realidad y la ficción desde el punto de vista de un escritor que se ve superado por la mecánica de sus propias invenciones. En este apartado merece una reivindicación Los pasajeros del tiempo, en donde Nicolas Meyer hacía viajar a través del tiempo y del espacio al mismísimo H.G.Welles para perseguir nada menos que a Jack el Destripador.

- Tú eres el que no pertenece a este tiempo, tú, con tus absurdas teorías de una sociedad perfecta y justa.

A medio camino entre el mundo creado por el autor y el creador mismo, es la película sobre Kafka de Steven Sorderberg, como kafkiana es la atmósfera que inauguraron los hermanos Cohen en el claustrofóbico hotel donde un dramaturgo de nombre Barton Finch condescendía para trabajar para la industria del cine sobreviviendo a duras penas al desaliento de sus propias pesadillas. Y puestos a explorar una mente ajena, habría que recordar la lambicada Cómo ser John Malkovich, dirigida por Spike John, en torno a un viaje aluciante por los vericuetos interiores de un actor encantado de haberse conocido.

Cameron Díaz: “No lo acabo de entender, no existe, no existe, ninguna puerta o agujero que conduzca al cerebro de nadie!”.
John Cusak: “Sí, sí que lo hay. Al cerebro o al alma o a lo !que sea.Yo estuve dentro de John Malkovich mirando hacia fuera”.

Hasta llegar a David Fincher, en películas como Seven o The game, en donde los protagonistas son controlados por organizaciones o personajes desquiciados que manipulan al heroe para llevarnos a un enfrentamiento entre el representante del bien y del mal.

- ¿Para qué es esto? ¿Qué vendéis ustedes?.
- Es un juego.
- ¿Un juego?.
- Específicamente diseñado para cada participante.

Evidentemente el caso de Matrix se presenta original desde el punto de vista formal, pero con una temática llena de precedentes en el celuloide, así como ciertas escenas que recuerdan al cine conspiratorio de los años setenta. En las disciplinas dedicadas a la observación visual, como la cinematografía y la fotografía, el término paralelaje sirve para definir las diferencias que existen entre lo observado por un visor y la imagen que recoge la cámara. Sin detenernos a explicar en qué consiste, lo importante es el resultado pues el ojo humano percibe de lo observado imágenes falseadas. Si damos un sentido metafórico a este efecto, constatamos la diferencia entre el conocimiento del mundo mediante la observación, por una parte, y lo que en verdad son las cosas, por otra, en una sociedad avanzada en la que la ocultación de la información es clave.

Esta idea que se desprende en la película de los hermanos Wachowski sirvió de base a numerosos filmes de acción de la década de los setenta, como por ejemplo, El último testigo de Alan J. Pakula. Películas sobre la conspiración y la paranoia que planteaban una necesidad de encontrar una nueva forma de pensar la posmodernidad como lógica, y para entender, de paso, las tecnologías como instrumentos de mediación entre lo real y lo percibido.En este sentido, Matrix comienza como un thriller en la línea de las cintas de los setenta, encontrando secuencias muy características del cine conspiratorio como la escena en la que el personaje interpretado por Keeanu Reeves (Neo) es sometido a un duro interrogatorio, que termina con una sesión de lavado de cerebro. Desde entonces, la película toma un giro de 180º y se adentra en el terreno de la ciencia-ficción, cuando descubrimos al otro gran personaje de la saga, el de Morfeo (Laurence Fishburne), el líder del grupo conspiratorio que pretende dejar al descubierto el auténtico Matrix y liberar a la humanidad del yugo impuesto por las máquinas. Una especie de Gandalf, un Obi- Guan Kenobi, e incluso un Pigmalion de la era posmoderna.

Y a pesar de que el estilo deja mucho de desear, si no es un referente del llamado cine-verdad, al menos es un correcto ejemplo de cinta de acción, con mucho montaje, explosiones por doquier, gente a porrillo e imágenes quemadas. En definitiva, mucho ruido, pero pocas nueces.

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