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"La guerra ni es divertida ni tiene encanto, y no hay guerras buenas, salvo excepciones como la Revolución Americana, la II Guerra Mundial y La Guerra de las Galaxias".

Bart (Los Simpson).

Nos encontramos en un instante de la historia del cine en donde la ciencia-ficción cambió sus reglas. Si podías soñarlo, podías verlo y a medida que fue evolucionando la tecnología informática, los directores más ambiciosos dejaron volar su imaginación. Con el país de las maravillas que definiese Spielberg y el cosmos como escenario del cuento de aventuras de Lucas, la ciencia-ficción llegaba al mainstream y nacía el blockbuster moderno. Hay películas que marcaron un hito fundamental en la historia del cine y sin embargo estuvieron a punto de no llevarse a cabo. Esto le sucedió a George Lucas, cuyo proyecto inicial era una versión documental de la guerra de Vietnam - el futuro Apocalipys Now -, aunque debido a la situación política de su país no sería posible una historia que destacara la capacidad de un pequeño grupo para derrotar una superpotencia. De ahí que lo ubicasen en un escenario exótico, para que la idea del Bien y del Mal imperase, entonces, en "una galaxia muy, muy lejana, hace mucho tiempo", donde el grupo de Darth Vader (David Prowse) y el de Obi Wan Kenobi (Alec Guiness) cruzaban sus espadas en el episodio 4 de una serie proyectada en 9 partes. 

Podemos considerar a La guerra de las galaxias como el Big Bang de "la cultura del tuenado", porque George Lucas echó mano de sus influencias y las explotó en pantalla a hipervelocidad, mientras encajaba todo el tinglado de esta estética multireferencial con el tema más clásico del séptimo arte: la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Las space-operas, la estética del western, Errolt Flint, el cine japonés de Kurosawa o los mitos artúricos, tenían cabida en esta inmensa saga, como también todo un arsenal de maquetas y miniaturas permitieron que estas películas salieran adelante, hasta la más moderna tecnología.

 En este sentido, los aspectos técnicos son  unos de los principales referentes de Star Warsm, no sólo por ser un anticipo de la era digital, sino sobre todo por la estética. En realidad, el auténtico éxito de George Lucas fue preparar toda una batería de nuevas tecnologías, y de intensos efectos especiales, contando básicamente con rudimentarios sistemas y una caterva de maquetas. Por eso, marcaría un antes y un después en el cine de Hollywood. Y esto llevaría que los modelos a escala, los robots motorizados, las armas, las naves, los rayos láser y la holografía cobraran más importancia que los propios actores de carne y hueso. También se haría un importante trabajo por parte de Ben Burtt, el encargado de dar vida a los múltiples sonidos del film, como por ejemplo, el de los gruñidos del wookiee Chewacca o la entrañable respiración entrecortada del mítico Darth Vader.


La estética de la saga es otro de estos puntos fuertes de La Guerra de las Galaxias: los uniformes de los soldados imperiales, los exóticos seres, los bhantas (los moradores de las arenas), las naves, los decorados. Hay una influencia de Jim Henson en muchas de esas extrañas criaturas que pueblan el universo de Lucas, pero sobre todo se observa el estilo de este genio de las marionetas (Barrio Sésamo, Cristal Oscuro) en el personaje de Yoda, el maestro jedi,  que nació como muñeco, antes de digitalizarse por completo. En esta estética no podemos obviar el carácter bélico de muchas de sus escenas. Como cine de entretenimiento, la saga galáctica contaba con buenas dosis de acción y un gran despliegue de este tipo de secuencias, con algunas batallas en el espacio entre las X-wings (Alas X) y los TIE Fighters (cazas imperiales), que se adelantaron a la era de los videojuegos e hicieron soñar a toda una generación. Pero el mejor combate de la serie tiene lugar en tierra, en la nieve, en el arranque de El imperio contraataca, la segunda de la serie (o la quinta, según se mire). Panorámicas propias del cine bélico, como las de David Lean, en el que vemos un ataque de infantería en toda regla, apoyado en los blindados, esas inmensas vacas mecánicas.  

 Quizás, por ello, Star Wars sea la película más comentada, alabada, plagiada, criticada y parodiada de la era del blockbuster. Podrá gustar más o menos, e incluso nada, eso depende de cada cuál. Pero con independencia de la opinión que cada uno tengamos, de lo que no cabe duda es de su importancia en el cine contemporáneo. La apertura de Dan Perry de la saga, es tan archiconocida e imitada como tantos otros detalles, como su estética, sus armas, sus naves, sus uniformes o los androides. E incluso Drew Struzan, el creador del cartel de Las Guerras de las Galaxias, inició un nuevo rumbo en la cartelería cinematográfica, con un estilo propio muy marcado en numerosos ejemplos contemporáneos: la serie de Indiana Jones, Hook, Harry Potter, e incluso el de Torrente 3. La granja de los Skywalker, el hogar de Luke creado por Lucas entre los interiores y alrededores del hotel Sissi Driss, en Matamta (Túnez) es uno de los escenarios más legendarios de la ciencia-ficción, con esas localizaciones más famosas de Tatooine, como Mos Eisley, que hoy pueden ser visitadas e incluso servir de alojamiento. 

 


 Sin detenernos en el merchandaising o el sistema Dolby de cuatro pistas -inaugurado con Star Wars-, George Lucas recupera el concepto de saga. Estrategia cinematográfica que surge en los años sesenta con las de Tarzán o la serie de James Bond, reincorporando la idea de serial. En El Imperio contraataca aparecía uno de los to be continued más conocidos del cine. Irving Kershner dejaba a Han Solo congelado en carbono, mientras Darth Vader soltaba una de las frases lapidarias de la saga: "Luke, yo soy tu padre". Esta estrategia se conoce con el término "Cliffhanger" (cuya traducción literal sería "quedarse colgado"), aplicada tanto al cine como a la televisión, para dejar al espectador en la estacada y un final abierto que espera cerrarse en la siguiente continuación. 

Ahora la mítica saga de las galaxias ha cumplido más de cuarenta años, sin perder la magia que despertaba el primer Star Wars que surgía en los años setenta - a pesar de que las precuelas han restado algo del lustre de su leyenda-. Cuarenta años, casi el mismo número de guiños que la televisiva serie de Los Simpson ha dedicado a ella. Han aparecido algunos de sus personajes más célebres: Mark Hamill, haciendo de él mismo, encasillado como Luke; R2D2 y C3PO humillados por los Cylones de Galáctica -la producción cinematográfica que más debe a la saga creada por George Lucas-. Ha sonado la música, y les ha sorprendido, con frases memorables como la de Homer: "¡No puedo creer que Darth Vader sea el padre de Luke!".