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Zigeurnerwisen. Fantasmagórica historia de triángulos amorosos.

por Gonzalo Gala el 16/03/2017 12:04, en Cine asiático.

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No situamos en el Japón de los años veinte. En un gramófono suena una pieza de violín –“Aires gitanos” de Sarasate-, música que se confunde con un murmullo ininteligible que sale de los altavoces, una extraña vocalización del propio compositor, en el momento de la grabación. De esta forma comienza “Zigeunerweisen”, con un detalle, con connotaciones fantasmales, que marcará el tono de la película. Un extraño film sobre triángulos amorosos y fantasmas, primera parte de la Trilogía Taisho, rodada en 1980 por Seijun Suzuki, cineasta recientemente fallecido.

El profesor de alemán, Aochi (Fujita), llega a una playa justo a tiempo para impedir que la policía arreste a su viejo amigo, Nakasago (Harada), por matar a una mujer. Ya, entonces, se les presenta de forma diferente, a Aochi, como un hombre bien arreglado y de talante agradable, que viste de estilo occidental, mientras que Nakasago, aparece algo desquiciado, frente a una multitud amenazante, con una mazorca de maíz en la mano y el tradicional kimono. Los dos personajes principales representarían el enfrentamiento cultural propio de la Era Taisho, el periodo de entreguerras, mantenido entre el tradicionalismo y la apertura a Occidente.

 En los primeros minutos de la película, Nakasago confesará el crimen,  que por alguna razón no parece molestar a Aochi y más tarde, ambos disfrutan de la compañía de Kon-ei (Naoko Otani), una geisha, afligida por la muerte de su marido, que se convierte en el tercer vértice del triángulo amoroso. En un momento de la historia, Kon-ei es reemplazada por una doble, Sono, interpretada por la misma actriz, mientras que una segunda mujer ejercerá un importante papel en la historia: Shunko, la esposa de Aochi, quien mantendrá su particular triángulo amoroso con los dos hombres.

                                    Zigeunerweisen

Pero lejos de convertirse en un sencillo melodrama, tiene un aire alucinado y fantasmagórico, en donde prima un estilo muy particular de su director. Uno, que sacrifica el raccord –cuando sea preciso-, modificando la iluminación, el escenario, e incluso la posición de los personajes en la escena. Suzuki no pierde el tiempo con las reglas de continuidad. A veces un actor sale de una habitación sólo para ser mostrado en el siguiente plano sentado aún en el mismo lugar; lo que le sirve para enfatizar el carácter de ensoñación, encarnado en almas en pena y en la figura del doppëlganger; con un elegante estilo que subraya la capacidad poética e hipnótica de sus imágenes.

Muerte, amor y control, con una extraña sensualidad fetichista, se dan cita en la película; elementos presentes en una multitud de títulos del cine asiático, en general (como en Park Chan Wook “La doncella”) o en el japonés, en particular (Nagisha Oshima, “El imperio de los sentidos”).

El guión partía de la novela “El disco de Sarasate” de Hyakken Uchida, quien había sido escritor y profesor de alemán, en la Academia Militar Imperial, y que tendría otra curiosa vinculación con el séptimo arte. La última película de Akira Kurosawa, “Madadayo” (que podría traducirse como “Aún no”) era una especie de biografía del propio Uchida, inspirada, a su vez en uno de sus textos.

Un poco de historia sobre la película.

El propio Seinju Suzuki llegó a decir: “Yo hago películas sobre cosas que no entiendo y deseo entender”, y nosotros le creemos.

“La juventud de la bestia” (1963) –del que John Woo haría un remake: “El día de la bestia”- era un film de género yakuza, que combinaba el cromatismo pop con elementos del western y una subtrama de ambientación gay; en definitiva, una película que subvertía las características de ese cine. Esta, “El vagabundo de Tokio” (1966) o “Marcado para matar” (1967) podrían servirnos para exponer la evolución del cine del director. Sabríamos que Seinju Suzuki fue despedido de los estudios Nikkatsu, tras esta película, cuando tacharon a su estilo de “incomprensible”, lo que –sin embargo- le supuso su mayor reconocimiento internacional.

Seijun Suzuki es un maestro de la disonancia visual: diseña imágenes sorprendentemente bellas con cortes tan chocantes que a menudo sus películas resultan más interesantes en pequeñas dosis. Hay una escena en “La juventud de la bestia” (1963), en donde un jefe mafioso mira el salón del club nocturno a través de un espejo insonorizado. Las luces se encienden en el club y una mujer se levanta de un sillón de colores brillantes. Pero sin la música característica podría sucederse la acción en  un salón cualquiera, pero al mostrarnos la escena tamizada por el espejo insonorizado, esta se convierte en un  obsesivo ejercicio de voyeurismo surrealista.

Sin embargo, con “Zigeunerweisen” (1980), después de diez años en la lista negra, sin poder trabajar, presta su estilo controvertido y completamente visual a una película de concepción artística. Esta vez el virtuosismo de Suzuki es el plato principal, no sólo la guarnición. Cualquiera que haya seguido la carrera del director sabe que su trabajo más reciente sacrificaba la narrativa por el humor y la imagen, siendo "Zigeunerweisen" el punto de inflexión que marcaría verdaderamente el comienzo de esta fase de su trabajo. Es decir, hacía justo lo contraría que le pedían sus patronos de la Nikkatsu, y por lo que le despidieron, hasta el punto de lograr los premios de Mejor Película y Mejor Dirección de la Academia de Cine Japonesa, en 1981.

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El reparto.

Muchos de los actores que formaron parte del reparto, habían coincidido en la productora Nikkatsu. Toshiya Fujita (Aochi), fue un director de cine, bastante célebre por su díptico sobre la asesina “Lady Snowblood” que inspiró al personaje encarnado por Lucy Liu en “Kill Bill, episodio 1”  (Quentin Tarantino). De hecho, esta fue su única interpretación, salvo una pequeña aparición en “Tampopo” (1985), en la que debutaba en el cine Ken Watanabe.

Yoshio Harada fue un actor de reparto bastante apreciado en esa parte de Asia; entre sus películas más conocidas está el film del coreano Koreeda, “Still Walking”.

Una curiosidad, en el reparto, es que Kirin Kiki, quien interpreta a un personaje secundario, era una actriz -habitual en el cine de Koreeda-  que se había casado con un pariente lejano del escritor, Uchida.

El voayerismo y los sueños.

El argumento de la película está determinado por un estilo confuso, a veces desconcertante, pero envuelto de una gran belleza, como sucedía en otros films del director. En este sentido, Nakasago actúa como una representación de la lujuria y la autodestrucción, mientras que Aochi tiene la función de voayer. De alguna manera, Suzuki utiliza a ese personaje como un doble del público, al igual que Lynch utilizó a su protagonista en “Blue Velvet”. Al igual que Jeffrey Beaumont -mirando a través de los listones de la puerta del armario-, nos retrata a Aochi mirando, extasiado, con curiosidad y horror, cómo el comportamiento de su viejo amigo se vuelve cada vez más extravagante.

La narrativa de la historia suele detenerse por el uso de la lógica de los sueños y la imaginativa puesta de escena. Lo que podría frustrar a un buen número de espectadores, sobre todo por el metraje de la película de casi tres horas, aunque a mí me mantuviese fascinado todo el tiempo, por cómo los sueños reflejan la experiencia cinematográfica. La realidad avanza de A a B, sin cortes, sin primeros planos, embriagado por lo cotidiano, mientras que los sueños, como suele pasar en el cine, se salta de una escena a otra, a veces hacia adelante en el tiempo y a veces hacia atrás. Los sueños serían como nuestro propio cine privado, y como sucede con "Zigeunerweisen", no podría decirse que tienen un significado claro o, al menos, uno definitivo.

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Un film laureado.

“Zigeunerweisen” se alzó con seis premios de la Academia de Cine Japonés, de la edición de 1981, entre ellos, el de Mejor Película y Mejor Director, superando al mismísimo Kurosawa y a su todopoderosa “Kagemusha”, que ese mismo año, lo ganaba todo (la Palma de Oro, ex aequo; el Cesar y el Donatello a la Mejor Película Extranjera; y la nominación a los Oscar). La Academia de Cine Japonesa otorgaba los premios de forma muy reciente, su primera edición fue en 1978, y entre las Mejores Películas situamos a “La princesa Mononoke” o “El viaje de Shihiro” (ambas de Hayao Miyazaki) o la espectacular “La balada de Narayama” (Shohei Ishimura). Kurosawa nunca ganó en esta categoría.

Igualmente, “Zigeunerweisen” obtuvo el mejor palmarés en los premios “Kinema Junpo” (algo así, como los Globos de Oro, en el país nipón), que toma su nombre de la más veterana publicación sobre cine y cultura japonesa. E incluso, llegó a algunos festivales de cine de gran prestigio, como por ejemplo, a la Berlinale (1981), en la que tuvo un merecido homenaje por parte del Jurado. Como curiosidad, ese año, Carlos Saura se llevaba el Oso de Oro por “Deprisa, deprisa”.



gravatar.comAutor: Sara

Mira, por donde no conocía esta película pero la conseguí ver y me ha gustado.

Fecha: 25/09/2017 19:48.


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