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Con tanta espectacularidad, tantos efectos especiales y trucajes digitales,  para unas tramas con poca historia, -necesarias, muchas de ellas, de sagas interminables - es de agradecer un soplo de aire fresco, procedente de este género. Lo cierto, es que hace tiempo que veíamos una ciencia-ficción lejos de los aparatosos clichés de este cine, siendo esta la más humanista de todas ellas. Estamos ante la llegada unos extraterrestres en donde lo menos importante sean los propios extraterrestres, sino cómo afectan ellos a nuestras vidas. Y, por primera vez, no hablamos de ciudades destruidas o de una humanidad aniquilada por el “visitante” o el “foráneo”, sino que estamos en los terrenos del cine de Tartovsky, Terence Malick o el Robert Zemeckis de “Contact”; una película con dos valores a destacar: la comunicación y el tiempo.

El director.

La dirige Dennis Villenueve, cineasta canadiense, situado en el candelero gracias a la secuela de “Blade Runner”, clásico entre los clásicos del género, y adapta con “La llegada” (Arrival), un relato corto de Ted Chiang, de forma impecable. Estamos ante una de mis cinco películas favoritas de lo que llevamos de siglo XXI.  Lo cierto es que estamos ante una obra coherente con el cine de su autor: la estructura en puzle de las historias, la importancia de un cine sensorial y las secuencias oníricas son parte de uno de los estilos cinematográficos más personales de los últimos años.

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Ciencia-ficción sensorial en donde el tiempo es la clave.

El guión de Eric Heisserer permite construir una película que rompe la estructura narrativa convencional con una serie de recuerdos  que explicarán tanto la toma de decisiones como las motivaciones de sus personajes. Todo esto, reforzado por la fotografía de Bradford Young –que destaca por los planos cerrados sobre Amy Adams- y la música, compuesta por Johan Johannson, un tanto repetitiva, pero muy emotiva.

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Por una parte, tenemos el problema de la comunicación. Es curioso que a pesar de que el lenguaje hablado sea parte consustancial de toda película y que estas se construyan sobre textos dialogados, la comunicación no haya sido uno de los grandes temas recurrentes del cine o, al menos, uno de los grandes aciertos. Podría recordar películas como “Babel” en donde se destaca la incomunicación, pero a años luz de los múltiples enfoques que muestra “Arrival”. En este sentido, “La llegada” resulta del esfuerzo por destacar el lenguaje y la comunicación como una tabla de salvación, con la que construir una película osada, en lo narrativo. Ésta no escatima en recursos, pero no resulta repetitiva. El film nos muestra tanto el intento de querer traducir, in situ, una grabación de los extraterrestres, como las diferentes fases del estudio de los símbolos de su lenguaje alienígena, haciéndola de una forma comprensiva para el respetable y, ahorrándonos, por el camino ese fácil recurso del lenguaje especializado e incomprensible del que suele abusar la ciencia-ficción.

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Este problema define las propias entrañas de la historia, pero también los personajes e incluso el aspecto sociopolítico, a diferentes niveles. Evidentemente las elecciones de los países donde tienen lugar los conflictos (Venezuela, China) no son arbitrarias, situando a Estados Unidos, una vez más, en ese papel de “gendarme” del mundo. También merecerían destacarse las situaciones de crisis, provocadas por los “visitantes”: la sensación de amenaza ante lo desconocido, los brotes de violencia social o la respuesta de los fanatismos. Pero el film termina convirtiéndose en una loa del entendimiento global, surgido a causa de la propia incomunicación.

Si la comunicación sirve para tejer las relaciones con los extraterrestres y el tema del entendimiento global, el tiempo marcaría la trama personal de Louise, el personaje de Amy Addams. La película arranca con un doloroso prólogo, en donde se explica la pérdida de un ser querido, pero no estamos ante el recuerdo (flashback) sino ante un flashforward, es decir, un suceso futuro en la historia. De hecho, la película estaría estructurada en torno a un palíndromo, de ahí el nombre de la hija -Hannah (un palíndromo)-. Esta visión recurrente en Louise le permitirá saber que algún día tendrá una hija y que ella morirá tras una agónica enfermedad, surgiendo en “Arrival” una visión humanista, en torno a la concepción de la vida. La película  planteará, de forma inteligente, un dilema sobre la maternidad.