El renacido, -lo último del mexicano Alejandro González Iñárritu-, llegará a los Oscar como la gran favorita, un año después de triunfar con “Birdman”. ¿Creéis que por fin Leonardo  DiCaprio se llevará la merecida estatuilla?

La historia real de un “mountain man” del Lejano Oeste, Hugo Glass (DiCaprio), centra esta película sobre la venganza, que a pesar que muy por encima de representar una violencia, física y descarnada, prevalece el lirismo, la emoción o el fatalismo, propios del cineasta mexicano. También “El renacido” forma parte de ese selecto club de películas, marcadas por unos rodajes caóticos, en los que estaban enfadados todos con todos; esas cosas que no se notan en el resultado final pero que marcan. Por ejemplo, el hecho de que “El renacido” fuese un proyecto ambicionado por muchos –desde Pan Chan-wook (que pensó en Samuel L. Jackson) y John Hallicolt (que quería a Christian Bale)- aunque fue Alejandro González Iñárritu quien se llevó el gato al agua y se trajo al proyecto un Leonardo DiCaprio, hambriento de Oscar.

-No tengo miedo a morir, eso ya me ha sucedido.


                                    

“Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas” Francis Bacon.

Hambriento, herido, sediento, con frío y un cuerpo cubierto de cicatrices; ese fue el “salario” que se cobró su personaje con  una de las agonías físicas más intensas, teniendo en cuenta el grado de realismo al que puede llegar el cine (desde el “torture-porn” del terror a títulos significativamente llamativos como “La pasión de Cristo” de Mel Gibson).

Los abandonos, huidas hacia adelante y venganzas, -a la intemperie de una naturaleza salvaje- eran puntos en común del western y “El renacido” alberga una considerable colección de situaciones habituales en el género. En este sentido, encontramos la persecución implacable, encarrilada en la mayoría de las veces por un profundo deseo de vengar una afrenta irreversible.

El título de referencia de este tipo de argumentos es “Centauros del desierto”, de John Ford, un clásico entre los clásicos en el que se ponen en relevancia dos ideas, el deseo de rescatar a una víctima inocente y el de preservar las señas de identidad frente a otra comunidad hostil, con las que el personaje que encarna John Wayne  establece nítidamente las diferencias. También tiene otros puntos en común con una infinidad de western, sobre todo “Las aventuras de Jeremias Johnson”, que a pesar de su tono “ingenuo” es superior a la cinta del mexicano, en algunos aspectos.


Un cine sensorial.

Sus películas nos suelen mostrar  a sus personajes en situaciones dramáticas extremas, dramas corales establecidos por estructuras fragmentadas en las que el tiempo avanza y retrocede para mantener la atención del espectador. De esta forma, en el cine de Iñárritu sus personajes están abocados a un sentido trágico, aunque en sus últimos trabajos abandona la trama coral.

En sus primeras películas estuvo asociado con el guionista Guillermo Arriaga, quienes construyeron unas historias corales que formaron una especie de trilogía (“Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”), se marchó a Barcelona para filmar “Biutiful” con Javier Bardem e incluso rescató del olvido a una estrella trasnochada como Michael Keaton para “Birdam”, su trabajo más laureado –hasta la fecha- y que se estructuró en elaborados planos secuencias.

Esta es la primera gran característica que vemos en el director. “El renacido” arranca con el espectacular plano secuencia de una batalla, que aparte de mostrarnos la crudeza de las imágenes, nos va definiendo a los personajes. Pero gracias a la visceralidad visual, el film logra ser un entramado sensorial, en donde lo místico y las ensoñaciones del pasado tienen también cabida. Hay un enorme trabajo de sonido en la película: el agua, el fuego chisporroteando, el viento entre los árboles o la propia fricción del cuerpo de Glass por la nieve.

Terminamos con una referencia a la música, a cargo de Ryuichi Sakamoto. Otro “renacimiento” al mismo nivel del que tuviese Ennio Morricone en “Los odiosos ocho” (Quentin Tarantino), aunque en esta ocasión se diese un factor físico al superar un cáncer recientemente. Sakamoto, que llevaba años sin trabajar en Occidente, se sintió interesado por un director que había utilizado temas suyos en “Babel” –recordemos que parte de esa película se ambientaba en Tokio-. Pero el compositor se ha unido a otros dos músicos - parar lograr unos acordes capaces de hacer vibrar una película que hará historia.