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Tommy Lee Jones viaja de oeste a este, en "The Homesman" (Deuda de honor),  en una película basada en una novela de Glendon Swarthout; y lo hace desde el territorio de Nebraska a una ciudad de Iowa. Es decir, en una trayectoria inversa a la ruta típica del western. El desenfreno de las praderas y llanuras revierten, sorprendentemente, en un pueblo manso encaramado a orillas del río Missouri. 

"The Homesman", a pesar del título original, trata sobre mujeres, convertidas en el centro de la historia y las que conducen la acción hacia adelante. Sólo hay un villano en la película y se caracteriza por carecer de empatía. Tommy Lee Jones, como director, traza los aspectos más surrealistas del relato con una hermosa sensibilidad y extrañeza (“Deuda de honor” es una película que resulta rara), destacando la monotonía del paisaje. El western, como se ve en "The homesman", es un lugar implacable, con destellos de belleza austera. Las tres mujeres habrán perdido la cabeza en la historia, pero la verdad, es que parece todo en la película esté un poco loco; sobre todo teniendo en mente un género como el western que siempre se ha instalado en territorios moralmente ambiguos.

María Bee Cuddy (Hilary Swank) una mujer de mediana edad, nacida en el estado de Nueva York, ha comprado tierras en Nebraska. Ella es soltera y trabaja la tierra ella misma, pero anhela conseguir un piano y sobre todo buscarse un hombre con quien vivir. Al principio de la película se propone unirse con un agricultor, dueño del terreno al suyo. Es más que una simple propuesta de negocios, pero él la rechaza sin muchos rodeos.

-Tres mujeres de este pueblo han perdido la cabeza. Sus maridos no pueden cuidar de ellas y usted y yo nos la llevamos cruzando el río Iowa.


Durante un invierno particularmente duro, tres mujeres parecen enloquecer. Gro Svendsen (Sonja Richter), una mujer escandinava, Arabella (Grace Gummer) una adolescente, que había quedado viuda y había perdido a sus tres hijos, a causa de la difteria, permaneciendo casi catatónica con una muñeca en las manos, como influida por la película Centauros del desierto (John Ford). Y Theoline (Miranda Otto), a quién se le había muerto su bebé.

De ahí la necesidad de contratar a un “homesman”, quien resultará ser George Briggs, un  tipo descuidado y locuaz que recuerda al personaje de Jeff Bridges en el western de los hermanos Cohen (¿con guiños como la presencia de la actriz que interpretaba a la pequeña Mattie Ross?) e incluso al Ben Rumson (Lee Marvin) de La leyenda de la ciudad sin nombre (Joshua Logan).

-Te vas a encontrar con tres tipos de personas, con caravanas que no quieren saber nada de vosotras, de contrabandistas que seguramente te violarán y con indios, que te matarán.

La dinámica entre él y la piadosa solterona, sin pelos en la lengua, es uno de los placeres de la película. Casi los convierte en una imagen del cine clásico; ambos personajes convertidos en los los outsiders como los que aparecían en las películas de Ford.

La parte más extraña de la película se produce en una parada en el Fairfield Hotel, de pie en  medio de una solitaria llanura, como en una pintura de Andrew Wyeth o  la casa de Sam Shepard en “Dias de Cielo”, Terrence Malick, pero también con visos de Sergio Leone, por el irlandés (James Spader) que espera atraer inversores a ese lugar en medio de la nada.


Es muy revelador sobre el personaje de Briggs, el comentario sobre el concepto de civilización. La civilización, representada por el pequeño grupo de granjas en Nebraska, hacía todo lo posible en ayudar a aquellos que lo necesitasen. La civilización, como la representada por la pequeña ciudad de Iowa, era amable y cortés, aunque no se supiera muy bien qué hacer con un tipo como Briggs. En otros lugares, sin embargo, al igual que en el vacío Fairfield Hotel, con su aparador colmado con una comida deliciosa y sus pinturas de mujeres desnudas en el vestíbulo, la civilización era frío e insensible.

La parte final de la película es muy convencional,  pero esta conclusión no te hace olvidar el placer de riesgo que  llena todo lo que vino antes. Al fin y al cabo, “The homesman” (“Destino de honor”) es una película decepcionante, si pensamos en Los tres entierros de Melquiades Estrada, pero un digno western a la altura de lo mejorcito de los últimos años, a pesar de que no sea un western en un sentido al uso, mostrándonos la acción seguida por unas mujeres y un personaje muy peculiar que marcará un hito en la carrera del propio Tommy Lee Jones.