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Muchas veces, el cine nos trae familias desestructuradas o con una tendencia a la violencia, clanes familiares que se unen con fines pocos altruistas, como los de esta película, en donde un cabeza de familia, un ex miembro de los Servicios Secretos durante la dictadura, dirige un negocio muy particular: organizar secuestros para obtener el dinero del rescate y luego, deshacerse de las víctimas. El clan, de Pablo Trapero, ya ha batido récord de taquilla, en su país, y representará a Argentina en los Oscars.

El clan se abre con un rápido bosquejo de la situación política en la Argentina a principios de 1980, cuando el país trataba de salir de sus años de la dictadura para volver a la democracia y a la normalidad. El canoso Arquímedes Puccio está interpretado por una de las estrellas locales, Guillermo Francella, el patriarca de esta familia del acomodado barrio de San Isidro, uno de los grandes actores argentinos, que participó en esa película ganadora del Oscar, El secreto de sus ojos (J. Campanella). Junto a él, encontramos a su esposa,  Epifania (Lili Popovich), su hijo Alex (Peter Lanzini), una estrella del rugby; el chico más joven, Guillermo (Franco Masini);  las chicas Silvia (Giselle Motta) y Adriana (Antonia Bengoechea) y el hijo mayor, Daniel (Gaston Cocchiarale), apodado Maguila.


La película se inicia, adecuadamente, tres años antes, cuando Maguila todavía se encuentra en Nueva Zelanda, un hecho  que amarga a Arquimedes. Está bastante claro por qué: Es un tipo de familia en el que todo se hace juntos. De ahí, la importancia que cobra Alex, sobre todo en el secuestro de una persona muy acomodada, relacionada con el club de rugby donde juega.

-Todo lo que sois es gracias a mí, tu libertad o mi condena dependen de mí.

En una secuencia impresionante, Alex descubre que su liberación no fue según el plan acordado, que a pesar de recibir el pago del dinero fue hallado muerto. Las palabras de disculpa de su padre "No teníamos otra opción,  amenazó con destruir nuestra familia!" - marcarían la pérdida total de la inocencia de su personaje. Pero en lugar de rebelarse, sigue el ejemplo de Arquimedes y es cuando replantean la forma de organizar estos secuestros. El matar a sus víctimas, después de recibir el rescate, se convierte en un hábito familiar.

El guión, escritor entre el propio Trapero y el dúo forma do por Esteban Estudiante y Julián Loyola (quien co-escribió Crónicas de un escape), parece interesarse sobre todo ​​en la dinámica entre Alex y Arquimedes. El regreso de Maguila, establecerá una relación más triangular, mientras que el resto de la familia se encuentra demasiado en la periferia.

-Yo no voy a poner en riesgo a nuestra familia.

                               

Trapero y su co-montandor, Alejandro Carrillo Penovi, se aficionan  a la transversalidad a la hora de mostrarnos la crueldad de los secuestros –a menudo realizados por Arquímedes- y la cotidianidad –especialmente la de Alejandro, como por ejemplos los entrenos del rugby o la relación con Mónica. Establecer canciones optimistas como Sunny Afternoon, de los Kinks, en escenas de los secuestros, marcan el contrapunto de la vida de los Puccios que narra la película. Quizás, el mejor ejemplo lo encontremos en la secuencia en la que se funden el éxtasis sexual de Mónica con los gritos de auxilio del secuestrado.

Se trata de un nuevo ejemplo del destacado cine argentino, con títulos como El secreto de tus ojos o Relatos salvajes que contaba con el apoyo de la productora Deseo, de los hermanos Almodóvar, tal y como sucede con esta película.