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"Este tipo de certeza viene pero una vez en la vida." 

"Los puentes de Madison” (Clint Eastwood, 1995) no es sobre el amor o el sexo, sino sobre una idea. La película se abre con la información de que dos personas una vez  se conocieron y se enamoraron, pero decidieron renunciar al amor.  

Veinte años más tarde, Francesca (Meryl Streep)  sigue siendo esa mujer de cierta edad, con el hábito entumecido, casada con un buen hombre, pero aburrido, Bud, y vagamente consciente de que la vida no ha resultado como esperaba. Entonces, un día, mientras que Bud y sus hijos,  están ausentes en la feria estatal, un extraño llega a la ciudad. Ese es Robert Kincaid (Clint Eastwood),  asignado por la revista National Geographic para tomar imágenes de los puentes del condado de Madison.

Casi todo el mundo conoce la historia. La novela de Robert James Wallern  fue un gran éxito de ventas, por una historia convincente: proporciona la fantasía de erotismo dentro de la virtud perfecta, elevando a un nivel espiritual la fantasía en la que un desconocido se presenta en la cocina de un ama de casa tranquila y la lleva en sus brazos.


Es fácil analizar la historia, pero es más difícil explicar por qué esta película resultó tan profundamente conmovedora - ¿a causa de una maravillosa historia de amor, protagonizada por Clint Eastwood y Meryl Streep? Si la historia hubiera terminado  en un "final feliz” con ellos  juntos, nadie hubiera leído el libro de Waller y ni tan siquiera existiría una película. El clímax emocional es la renuncia, cuando Francesca no abre la puerta de la camioneta de su esposo y corre junto a Robert.

Cuando hace 20 años, Clint Eastwood compró los derechos de la novela para adaptarla al cine, a muchos se les arquearon las cejas, de la sorpresa. Los lectores ya habían empezado a materializar la historia en sus mentes, y no con Eastwood - o con Meryl Streep, en su caso-. Todavía existía la tendencia de identificar a Eastwood con sus papeles del western y de los thrillers violentos de los setenta. Nadie, hoy en día se atreve a decir alguna palabra en contra del bueno de Eastwood, pero entonces, muchos le seguían tildando de fascista.


Y Streep encarna maravillosamente Francesca Johnson, la mujer italiana que se encuentra con un marido y dos hijos, viviendo en una granja en medio de un horizonte siempre fijo de Iowa. Los dos personajes principales construyen sus interpretaciones no por sus grandes gestos, sino por una infinidad de pequeños detalles sutiles de amor que sienten el uno por el otro.

Uno de los aspectos en que se asienta Los puentes de Madison, es la banda sonora, a cargo de Lennie Niehaus, uno de los compositores más preciados de Hollywood, destacando sus colaboraciones con Clint Eastwood. La música es el alimento del amor, o eso he oído, y la película nos brinda unos platos ricos para darse un festín, destacamos –en este sentido- la suite del Love theme.

                                        

                                

Eastwood y su director de fotografía, Jack N. Green, encontraron una maravillosa representación de la luz, la sombra y la luz de las velas en la escena clave entre la mesa de la cocina, con el jazz y el blues tocando suavemente en una radio. En todas las secuencias con Eastwood y Meryl Streep encontramos los matices adecuados. Sin embargo, la historia que completa a la principal - aquella que implica a los hijos adultos de Francesca, en la que se encuentra sus diarios, después de su muerte- no es tan efectiva. Este mecanismo de encuadre, añadido por el escritor Richard LaGravenese, es necesario; permite dar profundidad a la historia de amor perdida. Pero Annie Corley y Victor Slezak, como Caroline y Michael, nunca parecen muy reales, y la reacción  de Michael por el comportamiento de su madre, en particular, parece forzada.

Esta historia podría fácilmente tratarse de forma vulgar, se podría reducir a los elementos evidentes de la seducción, el sexo y la separación melodramática. Pero, al final, la trama central se ilumina y nos deja una de las mejores historias de amor de todos los tiempos, a cargo de Robert y Francesca, de Clint Eastwood y Meryl Streep, que cumple hoy veinte años.