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"Se7en" (1995) fue la segunda película de David Fincher, después de su fallida secuela de la célebre saga de ciencia-ficción con "Alien 3" (1992), rodado cuando el cineasta contaba con 29 años. En su trabajo  destaca por una imagen de colores saturados y por sus interiores sombríos, de hecho, en “Seven” encontramos un tratamiento fotográfico que se conoce como   “bleach bypass”.  Ninguno de sus films es tan oscuro como éste, ni tan siquiera Zodiac, otra relato criminal que sin embargo posee un mayor valor cinematográfico.  Algunos detalles recuerda a Spielberg, quien dota a sus interiores con un polvo fino invisible para hacer tan particulares  los haces de las linternas, con el fin de destacar la oscuridad que los rodea.

Para comprender parte del estilo del film, habría que reconocer unas semejanzas con Blade Runner (Ridley Scott). Casi siempre llueve en la ciudad. Somerset, el detective veterano, lleva un sombrero y gabardina. Mills, el chico que acaba de ser transferido al distrito, camina con la cabeza descubierta bajo la lluvia. En su primer día, juntos, investigan la muerte de un hombre gordo al que encuentran boca abajo sobre un plato de pasta. En una visita de regreso a la escena, los haces de sus linternas apuntan aquí y allá en el  sucio apartamento, escogiendo un estante forrado con decenas de latas de salsa de tomate, Campbell. Ni siquiera un hombre gordo compra tanta salsa de tomate.

                             

Esta sombría muerte establece el tono de "Seven", una de las películas más oscuras que se hayan producido dentro de la corriente convencional de Hollywood. Hay palabras garabateadas en las escenas de los crímenes; la palabra del hombre gordo se encuentra detrás de su refrigerador: Gula. Pronto comprenderán que se trata de un asesino en serie, con la intención de castigarlos según los siete pecados capitales.

-Hay siete pecados capitales, gula, pereza, ira, soberbia, lujuria y envidia. Prepárate para cinco crímenes más.

                                   

La primera impresión es que responde a la fórmula de las novelas policíacas de Agatha Christie. Sin embargo, "Seven" no se desarrolla en el mundo gentil de los “asesinatos de casa de campo” que aparecía en sus relatos; tampoco trata de una película sobre la captura del personaje; el asesino se entrega cuando la historia cuenta con una media hora más de metraje. Es más bien un estudio de personajes, a partir del lado oscuro del asesino.

Un estudio de personajes.

Es verdad que Somerset se encuentra en el corazón de la película, de hecho, estamos ante una de las mejores interpretaciones de Morgan Freeman. Él encarna la autoridad de una forma natural: conoce todas las lecciones que un policía podría interiorizar durante años, gracias a haber vivido en uno de los peores barrios de la ciudad. Vive solo, en lo que parece un apartamento alquilado. Se pone a dormir con un metrónomo. Se trata de un hombre solitario que se enfrenta a la vida con un sentimiento de resignación.

Cuando se da cuenta de que está tratando con los siete pecados capitales, va a la biblioteca, para empaparse del Infierno de Dante, del Paraíso perdido de Milton y de los Cuentos de Canterbury de Chaucer. No lo hace sólo para leerlos sino como referencia a los espectadores; a menudo es eficaz en una película de terror introducir elementos perturbadores de la literatura como parte de la atmósfera, y Fincher ofrece atisbos de ilustraciones de Gustave Doré para Dante, incluyendo la famosa pintura de una mujer con patas de araña. Ese es uno de los ejemplos que utiliza la película para diferenciar a ambos personajes: Somerset resulta ser un erudito, mientras que Mills parece descubrirlo por primera vez, simpatizando con el espectador.

                           

Seven marcó el estilo a seguir en este tipo de thriller criminal, basado en la caza del gato y el ratón, a base de pruebas cada vez más retorcidas, entre las que situamos películas como Los ríos de color púrpura (Mathew Kassovitz). Pero el film de Fincher también supuso un hito fundamental en un tipo de cine muy americano, las buddy movies.  Somerset y Mills representan una vieja fórmula, el de la extraña pareja, el veterano y el novato. Los actores y los diálogos creadps por Andrew Kevin Walker enriquecen esta fórmula con detalles específicos y precisos, a partir de un discurso de Freeman.  Brad Pitt parece más unidimensional y exaltado, a causa de su juventud, pero también abierto a la inexperiencia de Freeman. Es su esposa Tracy (Gwyneth Paltrow) que traerá la nota de humanidad suficiente.

En este sentido se utiliza en el film el mismo enfoque de William Friedkin para "El Exorcista" o Jonathan Demme para "El silencio de los corderos". Lo que podría convertirse en una rutinaria película de policías es elevado por la evocación mitológica y simbólica. Pero "Seven" no es realmente una película muy profunda, sino que proporciona una convincente ilusión. Casi todos los thrillers convencionales buscan primero ofrecer un espectáculo; éste pretende fascinar. Da la impresión de que el detective Somerset dota de un significado moral a los asesinatos de un psicópata.  

Los cinco asesinatos ofrecen variedad. "Seven" nos atrae sin descanso en sus horrores, algunos de los cuales son más eficaces por presentárnoslo en pocos planos.  El asesino, obviamente, tiene la intención de ejecutar sus crímenes según una declaración moral que él mismo atribuye como si se tratase un ángel exterminador.

El asesino aparece en los 30 minutos del final,  para dominar la película a partir de ese momento. Cuando "Seven" fue distribuida en 1995 los anuncios, carteles e incluso créditos de apertura no mencionaron el nombre del actor. Este actor cuenta con una gran responsabilidad;  él encarna el Mal. Al igual que Hannibal Lecter, su personaje debería ser interpretado por un actor que proyecte no sólo villanía sino  también unas retorcidas complejidades psicológicas. Observen su rostro. Petulante y autosatisfecho. Escuchen su voz. Inteligente y analítica. Recuerdo un plano  de "Fausto" de Murnau (1926) en el que Satanás vestía un manto negro que envolvía un pequeño pueblo. Esa es la sensación que David Fincher crea aquí.