El montaje consiste en ir uniendo las tomas rodadas con el fin de dar una unidad cinematográfica que permitiriá una película con personalidad propia. Es en las mesas de montaje donde se prepara la puesta a punto de un film, lo que salvará a un director gracias a la magia de un arte que está en manos de los montadores. Por supuesto, el sentido del montaje ha variado a lo largo de la historia. Veamos algunos hitos que permitieron revolucionar el cine. 

Los hermanos Lumière, padres de la cinematografía, asentaban una cámara en el suelo y simplemente dejaban rodar con un sentido de la continuidad. Otro efecto importante es  de la profundidad, logrado en la película de 1895 (La llegada al tren de la Ciotat) gracias a un travelling inverso. Eso sí, los propios Lumière observaron la necesidad de un cambio en el montaje, porque entonces el cine –aún embrionario- no tendría futuro.

Ese cambio lo aportó Edwin S. Porter, en la película "Vida de un bombero americano". En la famosa escena del rescate, en un incendio, rodó las tomas tanto del exterior como del interior pero no mezcló los fragmentos de ambas tomas sino que los mostró de forma consecutiva. El espectador veía dos veces la misma acción.

D.W. Griffith estableció las reglas del montaje clásico que permitieron el concepto de montaje transparente. La idea era pasar desapercibido, es decir, que  el público no se diera cuenta de que la película estuviese montada, dando una sensación de continuidad cercana a la realidad. El montaje invisible sería el clásico del cine americano.

El siguiente paso en  esta pequeña historia del cine lo supuso el formalismo soviético que revolucionaría en el montaje. Uno de los representantes de la revolución, Ziga Vertov –cuyo apellido significa “peonza”-  aplicó el montaje cinematográfico con un sentido marxista. Rodó una sinfonía urbana en la que iba combinando los principios del cine según el materialismo histórico y los del movimiento vanguardista a través de composiciones angulares y movimientos acelerados. “El hombre de la cámara” de Ziga Vertov, sin  embargo, no fue más que una muesca dentro de la gran maquinaria de lo que aún debería llegar. Hablamos de Sergei Eisenstein.

Las innovaciones de Eisenstein se basaron en el montaje narrativo de Griffith, en “el efecto Kuleshov” –a través de una función asociativa, el poder no residía en las imágenes sino cómo las percibía el espectador- y en los pictogramas japoneses –la yuxtaposición de dos ideas podían crear un nuevo concepto (ave + boca = canto).

Un ejemplo lo encontramos en estas imágenes de El acorazado Potemkin. Se yuxtapone el avance ordenado de las tropas zaristas con la huida desordenada de la gente. Eisentein le pidió a este chico, que era portero de fútbol en la vida real, que se tirase. Su madre descubre que a su hijo lo han abatido y queda horrorizada. Luego, viene una toma terrible, en la huida pisan al niño y terminamos con un plano extraño. La madre recoge al hijo y se abre paso entre los cuerpos caídos, dirigiéndose hacia los soldados.

Un montaje radical lo encontramos en Jean Luc Godard en su película Al Final de la escapada.  Desde "Ciudadano Kane" en 1942, ninguna otra ópera prima ha sido tan influyente en el cine, destacando un tipo de montaje entrecortado que se llama jump-cut, basado en introducir cortes en un determinado plano eliminando algunos fotogramas.

Godard utiliza los cortes jump-cut - dentro del movimiento continuo de una secuencia o un diálogo, sin ningún intento para hacer que coincidan.  Se trata de estilo de corte irregular, muy influyente en el cine de acción.

La técnica añade encanto a una serie de  escenas como aquella en la que la pareja protagonista viaja en un coche robado por las calles de París.  En esta huida se cuela una escena directamente tomada de "Bonnie and Clyde" (Arthur Penn). Tanto Godard y Truffaut estuvieron a punto de dirigirla.


El último gran referente que hemos querido destacar es el meritorio trabajo de Dede Allen (una de las montadoras más respetadas), quien muestra en la escena final de Bonnie & Clyde (Arthur Penn)  toda una revolución al utilizar el montaje para llevar al extremo el impacto, utilizando cámara lenta y una multitud de cortes al ritmo de una metralleta: Una lluvia de balas que cambió la forma de representar la violencia.

La película de  Arthur Penn  influyó a "Badlands", "Días del cielo", "Thelma y Louise”,  "Drugstore Cowboy "," Natural Born Killers "y una infinidad de films en donde sus personajes se convertían en leyenda,  gracias a una violencia repentina. Pero de señalar una, podríamos ver cómo el montaje de la escena citada sirvió para una escena legendaria de El padrino (Francis Ford Coppola), la muerte a balazos en el retén de Sonny Corleone, el personaje interpretado por Jamen Caan.