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Fallece Wes Craven, cineasta dentro del género del cine de terror cuya película La última casa a la izquierda, marcó los años setenta; como Pesadilla en Elm Street, los ochenta; y Scream, los años noventa.

Señala Desirée de Fez, autora de Películas clave del cine de terror moderno, que Wes Craven "es uno de los directores más infravalorados de todos los tiempos, porque ha dirigido al menos dos películas fundamentales del género". Si lo comparamos con otros cineastas de su generación, el cine de George A. Romero sirve como vehículo de metáforas y de su ideología política; Tobe Hooper, hace gala de sus disgresiones grandguiñonelscas, mientras que John Carpenter destaca por reinterpretar las historias clásicas. En cuanto a Craven, juega con los límites entre la realidad y la ensoñación en Pesadilla en Elm Street; con un asesino enmascarado y aparentemente ubicuo en Scream: vigila quién llama; e intenta explorar la sociopatía con Las colinas tienen ojos.

Fue un director tardío, con su primer trabajo en la treintena, con vocación de escritor, aunque al comienzo tuvo que compaginar estas películas con el cine para adultos para poder sobrevivir. Su formación fue muy peculiar porque concluyó sus estudios de Inglés, Psicología y Filosofía, e incluso consiguió una plaza de profesor universitario. Su crianza junto a su madre en una comunidad religiosa, en torno a la Iglesia Baptista de Cleveland, Ohio, marcó su cine porque el sentido que poseía de la familia y el fanatismo que le ha rodado, ha sido la base de muchas películas. También la tendencia política neo-conservadora de Reagan, de los ochenta, o el lastre moral que supuso la Guerra de Vietnam, han aparecido en la filmografía de Craven para definir un cine de terror en donde la violencia (muchas veces entendida como “atávica”) y los homenajes cinéfilos son  parte de su seña de identidad.

La idea de la familia aparece en toda su filmografía, aunque a veces se vea desde un sentido amplio. Wes Craven suele trazar pequeños grupos, destinados a resquebrajarse o asentarse, a causa de una presencia fantástica o de terror. En parte, esto surge como respuesta a la política de Ronald Reagan en donde la familia se entendía como el núcleo social del país.

Una familia busca venganza ante una violación, en su ópera prima La última casa a la izquierda; mientras dos familias –una de ella, perdida en el desierto- se enfrentarán en una lucha atávica por la supervivencia, en La colina tiene ojos. En su siguiente trabajo, Las dos caras de Julia, juega al terror psicológico aportando un elemento terrorífico que pervertirá un hogar.

Su capacidad para rodar en espacios pequeños –una casa- aparece en un film de los noventa, El sótano del miedo (The people under the stairs), en donde Craven regresa a la idea de la familia. Por último, destacar esos jóvenes que pagaban por los pecados de sus padres, dentro de la que sería su obra más conocida Pesadilla de Elm Street, primera de una larga saga creada en torno a un psicópata muy peculiar: Freddy Krueger.

              

Una violación documentada.

Su ópera prima,  La última casa a la izquierda (1972), parte de El manantial de la doncella (Ingman Bergman, 1962) –historia sobre una violación y su posterior venganza, premiada con el Oscar a la Mejor película Extranjera- que había conmocionado al espectador americano. De hecho, han sido varios cineastas quienes vieron en ella, material para una película. George A. Romero se planteó la posibilidad de rodar como ópera prima, “Whine of the Fawn” (algo así como “Quejarse del cervatillo”) ambientada en la Edad Media, pensando en el film de Bergman; película que no llegó a rodarse.

Los méritos de La última casa a la izquierda residen en sus estudios de psicología y su currículum dentro del cine pornográfico, pero también en la participación de S. Cunningham. A través de su productora, Cunningham Films –especializada en documentales- se quiso combinar el explotation y el arte, aunque el resultado sea francamente decepcionante teniendo en cuenta películas de aquella década, con temáticas similares: La naranja mecánica, Perros de paja e incluso Deliverance, muy superiores.


La primera colaboración entre Cunnigham y Craven lo encontramos en Together, película con apariencia de documental y un gran contenido sexual, protagonizado por la actriz de cine para adultos Marilyn Chambers. En realidad, este primer crédito de Wes Craven marcó su ópera prima por un estilo en donde la violencia se mostraba de forma explícita, a través de una doble violación.  Eso sí, revistiéndolo con un sentido metafórico-político. Estas dos chicas, surgidas de una revolución no consumada (de tintes hippies) se encuentran con la crudeza y el sadismo, a consecuencia de la Guerra de Vietnam.

La década de los setenta, marcada por la contracultura y los escombros del conflicto en Vietnam, pero también por el fracaso político definido en Watergate, forman a los cuatro psicópatas de la película, como también a las dos chicas -que sufrirán la orgia de sangre y sexo- y por último, a los padres, que responderán con una venganza violenta. De esta forma, con la ópera prima de Craven  encontramos el sentido de su posterior filmografía: la violencia impuesta sin posibilidad de redención. Presenta un mundo en donde sus personajes son víctimas o verdugos.