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Director: Jean-Jacques Annaud

Guión: Andrew Birkin, Gérard Brach, Howard Franklin, Alain Godard; basándose en la novela de Umberto Eco

Música: James Horner

Fotografía: Tonino Delli Colli

Reparto: Sean Connery, Christian Slater, F. Murray Abraham, Michael Lonsdale, Valentina Vargas,Ron Perlman, Helmut Qualtinger, Elya Baskin, Michael Habeck, Urs Althaus, Vernon Dobtcheff, Feodor Chaliapin Jr.

Ahora habrá pasado al olvido, pero durante los años ochenta se popularizó la coproducción europea como forma para hacer frente al cine de Hollywood, buscando la historia en un autor de prestigio, un solvente reparto y el rodaje en inglés. Destacamos títulos como La historia interminable (Bern Eichinger) o la que sería una de las grandes películas de Jean Jacques Annaud, El nombre de la rosa.  En esta ocasión, se trata de la adaptación de una novela de éxito de Umberto Eco, ambientada en un mundo monástico del medievo.

Entre el reparto encontramos a  Sean Connery, quien interpretaba al monje franciscano y antiguo inquisidor del Siglo XIV, fray Guillermo de Baskerville y un adolescente Christian Slater, como el benedictino Adso. Su participación se debió, en parte, a la directora de casting, Mary Jo Slater, madre del actor; detalle que cobra interés cuando una de sus escenas más recordadas es la secuencia erótica.  Otro personaje  a destacar es el de Salvatore, a quien daba vida Ron Perlman, actor habitual en la filmografía de Annaud, dotado de una curiosísima fisonomía.

-La risa es un viento diabólico, que deforma las facciones de la cara y hace que los hombres parezcan monos.

-Los monos no ríen. La risa es propia del hombre.

-Como el pecado.

Desde siempre he tenido la impresión de que han existido dos visiones opuestas de  monjes y monasterios. Entre los primeros situamos el monasterio como una sólida comunidad de creyentes uniendo sus vidas a la oración y al trabajo. El segundo tipo es el del  monasterio visto como un lugar cerrado de pasajes sombríos y húmedos, donde hombres mezquinos corretean alrededor de la idea de la religión, con un empaque de resentimiento y fanatismo.

                                  

En las primeras escenas de "El nombre de la rosa", descubrimos que la película va a centrar ambos aspectos. Nada más comenzar,  en plena Edad Media, llega un fraile con su hábito de lana pesada a un monasterio. Su nombre es Guillermo de Baskerville, interpretado por Sean Connery, representando al hombre moderno, un monje erudito que comprende las lecciones del pasado, aunque sea capaz de adaptarlo a un contexto más amplio. Un personaje, a medio camino entre Guillermo de Ockham –fraile franciscano, representante de la lógica escolástica inglesa- y el célebre detective creado por Conan Doyle –Sherlock Holmes, personaje que dominaba la lógica, en sus deducciones- a través de la referencia de El perro de los Baskerville.  

"El conocimiento hace sufrir y aquel que hace crecer su conocimiento hace crecer también su sufrimiento”.

La ambientación histórica.

El mayor logro de El nombre de la rosa es la ambientación histórica.  Annaud dotó de un gran realismo a las imágenes, a través de una infinidad de detalles y múltiples referencias. Aristóteles o personajes históricos, como el de Bernardo Gui, el inquisidor interpretado Abraham F. Murray o Ubertino da Casale (William Hickey), se dan cita en la historia; así como grandes herejías de la época. Por citar una, la de los “dulcinistas”, dirigida por Dulcino, cuyo objetivo era reformar la sociedad y acabar con las riquezas de las que gozaba la Iglesia. E incluso se oye de boca de Salvatore el grito de guerra de estos dulcinistas: "¡Penitenciagite!", personaje con una peculiar forma de hablar porque empleaba palabras en varios idiomas, recogiendo elocuaciones de los lugares que habría visitado.

A todo esto habría que sumarse una interesante, pero a veces, confusa, ambientación oscurantista para dotar una atmósfera de misterio a la película.

¿Qué fascinación podrían generar las disputas teológicas  del siglo XIV para el espectador o el lector del siglo XX?  ¿Las rivalidades entre el papa y el emperador, los obispos y abades, entre frailes reformistas que predican la pobreza y los ricos clérigos que apoyan las afirmaciones de la iglesia sobre la propiedad?

Uno de los grandes inconvenientes de la película es que requiere de un mayor esfuerzo por parte del espectador, debido a la maravillosa recreación histórica y sobre todo a los mil detalles que dan un empaque intelectual poco frecuente. De hecho, la multitud de temas y la confusión –que puedan verse en la novela- se tradujo en un guión, escrito entre cuatro: Andrew Birkin, Gérard Brach, Howard Franklin y Alain Godard. 

                            

 

                                               

                         

La obra ha tenido varias adaptaciones teatrales. Centrándonos en las que han tenido lugar en España, destacamos la protagonizada por Juan Fernández y Juanjosé Ballesta.