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El director surcoreano Bong joon-ho (que cosechó un gran prestigio con The Host) debuta en una coproducción internacional para adaptar un conocido cómic de los franceses Jacques Lob y Jean-Marc Rochette: Rompenieves 1: El fugitivo (que se puede conseguir en Bang Ediciones). Volvemos a un mundo apocalíptico, en el cual Chris Evans interpreta a un líder de una clase explotada, en constante viaje en un tren junto a otros supervivientes de los Tierra.

-El tren es el mundo, nosotros la humanidad.

El tren, clave de la película porque es ahí dónde transcurre la acción durante dos horas, es mucho más que un reto técnico. Es una especie de Torre de Babel dónde se encuentran reunidas todas las culturas y formas de pensamiento, un espacio único y claustrofóbico que se convierte en un microcosmos.  El tren transporta a los individuos supervivientes de la humanidad después de que un cataclismo hubiera congelado el planeta. En la parte delantera, encontramos las clases privilegiadas, con toda clase de comodidades, y en la trasera se hacinan las más humildes, con un líder en la cola y otro en la sala de máquinas de la locomotora. Y entre ambos, un buen número de vagones interconectados, separando la élite de la masa.

Cada vagón que forma el ferrocarril no sólo está definido por un diseño artístico concreto, sino que marca el ritmo de la película. Desde los estallidos de violencia (de naturaleza revolucionaria) -que convierte cada vagón en un set piece de acción- hasta la calma de, por ejemplo, el vagón-escuela. Se trata de un escenario que nos trae un fragmento de los más curiosos de la película, porque únicamente se aprende de los dieciseis años de la existencia en el tren, como si la vida anterior al cataclismo no contara, en absoluto. De hecho, casi ninguno de los personajes recuerda nada de cómo era su vida antes del desastre.  
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Poco a poco vamos conociendo los microcosmos de este peculiar tren: el acuario, el congelador de la carne, el huerto, la cafetería, e incluso la discoteca. Y al mismo tiempo, se nos descubren algunos de los personajes como la maestra (Allison Pill), Wilford (Ed Harris) o esa intensa carecterización de la ministra Monroe (Tilda Swinton).

-Yo soy un sombrero. Vosotros un zapato. Yo debo estar en la cabeza, vosotros en los pies.

Por una parte, los resistentes, liderados por Chris Evans, John Hurt y Song Kang-ho, uno de los actores fetiches del cine surcoreano, enfrentados al bando enemigo, encabezados por Ed Harris y la sorprendete Tilda Swinton, para descubrirnos, vagón a vagón los restos de una sociedad que parece tener una clara relación con el mundo en que vivimos.

                     

Una lectura sobre el futuro.

De hecho, la película aborda una de las temáticas preferidas por la sci-fi, los mundos distópicos, término que lo situa en el lado opuesto de la utopía.

-Yo pertenecezco a la cabeza, vosotros pertenecéis a la cola.

En su primera dirección ante un proyecto internacional, el siempre sorprendente Bong joon-ho nos trasporta a un futuro en el cual los supervivientes de un planeta moribundo, viajan en tren. En este sentido, presenta cómo la mano del hombre ha sido la responsable de este final apocalíptico de la Tierra, pero sin intentar profundizar en cuestiones como el carácter autodestructivo de la humanidad, presente en una multitud de títulos. Es más, la propuesta de la película se acerca más a las metáforas politico-sociales de Phillip K. Dick, a través del telón de fondo de un ambiente posapocalíptico.

Una corriente argumental que parte sin duda, de otro de los grandes títulos de referencia absoluto: Metrópolis, parada obligatiora en todo film de ciencia-ficción sobre la alienación y la lucha de clases. Pero se trata de un tema recurrente y cada vez se hace más necesario, tal y como van las cosas por el mundo. De hecho, la ciencia-ficción es uno de los géneros que han deliverado más en este sentido, uniéndose el film de  Bong joon-ho a otras de las propuestas más destacadas: el conflicto de los extraterrestres en una región de Africa, a través del tema del Apartheid (Distrito 9), sociedades sin libros ni cultura (Fahrenheit 451),  personas nacidas con genéticas no válidas (Gattaca) o las víctimas de la Dictadura del Gran Hermano (1984). De hecho, Snowpierce (Rompenieves) rescata al protagonista de este imenso clásico, con un personaje segundario encarnado por John Hurt.

-Desde la cola hasta la cabeza, de un tirón. Si controlamos la máquina, controlamos el mundo. Sin eso, no tenemos nada. Las rebeliones anteriores fracasaron porque nunca llegaron.
-¿Qué quieres decir?
-Tomaremos la máquina.