20140223010653-ingbbso.jpg

- Yo robo de todas partes, los grandes artistas roban, no hacen homenajes.

Quentin Tarantino.

 Jean-Luc Godard podrá gustar más o menos, e incluso nada, eso depende de cada cuál. Pero con independencia de la opinión que cada uno tengamos, de lo que no cabe duda es de su importancia en el cine contemporáneo. No quería empezar parafraseando sin sentido, sino por una sencilla razón: todo el cine actual puede considerarse godardiano. El cine de Godard, sobre todo el que rodó durante las décadas de los sesenta y setenta, es esencia de cine hecho a base de cine o de retales de otras películas. Así, podemos comprobar cómo gran parte de la cinematografía actual (señalando un 90% me quedaría corto) es un cine hecho a base de retales.

 En el caso de Quentin Tarantino, Godard debe estar arrancándose los rizos de la calva, porque en este nouvellevaguista cachondo prima la reivindicación de las formas pulp a lo DJ desbocado por encima de sus líneas argumentales. Tarantino copia, y eso no es una novedad, mezcla toda aquello que le gusta para que el resultado sea espectacular: violencia, explosiones, chicas guapas peligrosas y los malditos bastardos.

 ¿Qué toma prestado el bueno de Quentin para la película? Empezamos por el título. “Aquel maldito tren blindado” (‘Quel maledetto treno blindato’), cuyo título internacional fue ‘Inglorious Bastards’. Pero Malditos bastardos es también una película que bebe de Sergio Leone —buena parte del cine de Tarantino bebe de la obra del director de ‘La muerte tenía un precio’— o Hitchcock, como toma directas alusiones al cine de Leni Riefenstahl, Henri-Georges Cluzot —en la marquesina de un cine puede verse el título de ‘El cuervo’—, o Chaplin. Así, vemos cómo desde  ‘Pulp Fiction’ le pierde la serie B y el exploitation, lo bizarro, lo cutre y lo exótico, como queda bien claro por todos los homenajes (o plagios, según el observador) que nutren su cine.

 - ¿Sargento Hugo Stiltzit? Soy el teniente Aldo Raine, ellos son los Bastardos. Somos unos admiradores de su trabajo, en lo de matar nazis ha demostrado talento, y yo me precio de tener buen ojo para ello.

 En esta ocasión, cambia un par de letras del título en inglés de  Aquel maldito tren blindado, de Enzo G. Castellari, como excusa para esta recreación ficticia de la Segunda Guerra Mundial, una especie de spaghetti-western nazi. Los bastardos es una unidad del ejército americano, compuesta por soldados judíos, que opera en la Francia ocupada. Los dirige, un violento y desgarbado Brad Pitt, el teniente Aldo Raine, un salvaje cazanazis. Junto a él, podemos reconocer a algunos compinches de Tarantino, como Eli Roth, y secundarios como Mike Myers. Sin embargo, el personaje mejor presentado del filme y el más tarantiniano es el Coronel Landa, interpretado por Christopher Waltz.

- ¿Usted es el caza judíos?

- ¡Esto es un bingo! ¿No lo decís así?

- Solo bingo.

  Ver al personaje del caza-judíos comparando las ratas con las ardillas o con esos diálogos, ya te pone en preaviso de que no vas a ver una película de guerra normal.

 - Verás, si pudiera definir qué atributo comparte el pueblo alemán, diría que el instinto depredador de una ardilla. Pero si me preguntan por los judíos, diría que los judíos comparten los atributos de la rata.

                             

 Sin embargo, es la trama lo que haría a un espectador riguroso clamar como si se tratase del propio Hitler: “¡nein! ¡nein! ¡nein! ¡nein!”. Gira en torno a un plan aliado para hacer saltar por los aires una sala de cine parisina donde líderes nazis –incluido Hitler- asistirán al estreno de una película propagandística del Tercer Reich. Claro, el filme es puro entretenimiento. 

- Entraremos sobre Francia, vestido de civiles, con un solo objetivo, ni uno más, matar nazis. Cada hombre bajo mi mando me traerá cien cabelleras nazis. ¡Y quiero mis cabelleras!

 Más que una película sobre la Segunda Guerra Mundial, trata sobre los filmes que la han abordado. Se ha hablado mucho de la conexión con Doce del patíbulo, pero apenas hay referencias a esa película y sí a Sergio Leone y Sam Peckimpah. El estilo de Tarantino es muy spaghetti western: sus escenas son distendidas hasta que estalla la violencia, de repente. De nuevo, su cinefilia se apodera de la historia, pero además de las referencias desbocadas, hay una reivindicación del poder del cine, que Tarantino despliega con unas peripecias argumentales. El cine se ve como arma, sueño colectivo o propaganda. En este sentido, destaca Oshana, interpretada por Melaniè Laurent, que comparte con otros personajes tarantinianos, el sentido de venganza.

 - Marcel, querido, vamos a hacer una película especialmente para nazis.

  Toda la misión está diseñada para intervenir en el estreno del filme Soltz der Nation; el Teniente Hicox es requerido por sus conocimientos cinematográficos, y el juego que tiene lugar en el café está lleno de referencias cinematográficas, empezando por King Kong. Pero además, el propio Tarantino se reinventa. Una prueba de esto son los cinco capítulos en que divide la película, culminadas con una escena violenta, que son precedidas por larguísimas secuencias de personajes hablando entre sí, y en cuatro idiomas. Hay, sin embargo, diferencias entre el texto y el ritmo de Reservoir Dogs, Pulp Fiction y esta. Viene apoyada por una introducción de cuentos de hadas en los títulos de crédito: “Érase una vez, en la Francia ocupada…”, con una escena inicial que es una pequeña joyita a cargo de Tarantino. El coronel Landa visita una granja francesa donde, presuntamente, se ocultan judíos. La escena, repleta de diálogo, es para el director una cumbre personal de su carrera, después de la “siciliana” introducción  que abría Amor a quemarropa, su primer guión.

 Pero se trata de una película irregular. ¿Los mejores momentos? El inicio, al más puro spaghetti western, la escena del café y el coronel Landa. Lo peor, los personajes que se enfundan en los malditos bastardos. Película que puede llevar a engaño, porque la caza de los nazis por ellos, apenas supone veinte minutos de metraje, sin duda lo más flojo del filme.