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 ¿Habría que primar la técnica sobre la historia? Una pregunta que se está haciendo eterna, pero necesaria en los tiempos que corren, por ser una reflexión que deberían hacerse algunos directores, como James Cameron o Peter Jackson–cada vez más obsesionados por revolucionar en los aspectos técnicos que en los narrativos: con Avatar o la nueva saga de El Hobbit, respectivamente- y los responsables de muchos de los remakes o revisiones de films de culto.

Esto viene a cuento para la película que nos ocupa, Carrie  (Kimberly Pierce) versión modernizada (que no mejorada) del filme homónimo de Brian de Palma. El Carrie de 2013 gana en credibilidad en detalles como la sangre, que ya no es artesanal a base de tomate, pero pierde en alma con respecto la primera versión. Esto mismo podría decirse de su personaje principal. En la adaptación original, Sissy Spacek es una pelirroja llena de pecas y verla cubierta de sangre, creaba angustia y tensión; mientras que Chloe Moretz es mucho más guapa que todas las chicas que la insultan y verla con la sangre por encima, provocaría morbo.

En 1976, Brian de Palma catapultó a la fama a Stephen King con esta primera adaptación de una de sus novelas que reunía dos ideas fundamentales: el fanatismo religioso de una madre, dirigido sobre todo hacia una represión sexual y el acoso que sufría una joven, en el marco de la adolescencia. Todo ello, además, recreado con elementos sobrenaturales y una atmósfera de terror. Al final, se creó una gran expectación en torno a la película y un éxito de taquilla, hasta convertirse en un clásico del cine de género; pero también tanto la madre como la hija fueron premiadas con sendas nominaciones a los Oscars. Creemos que nada de esto cosechará la nueva versión.

-Ya estás echa toda una mujer.

-¿Por qué no me dijiste nada, mamá?

A una adolescente de nombre Carrie, sometida a los rigores religiosos de una madre y a la crueldad de sus compañeros de clase, le despierta el poder sobrenatural de la telequinesis con el cual ejecutará una terrible venganza. Un argumento bien conocido por que esta versión sería la tercera adaptación de la novela, casi cuarenta años después de la primera adaptación de la novela.

Las otras Carries.

Cuando Stephen King publicó su novela Carrie, ya había escrito otros relatos, pero podemos considerarla su primera novela como autor reconocido, pues las anteriores (Rage, The Long walk y The running man) las había publicado bajo el seudónimo Richard Bachman).

Su versión cinematográfica sería un éxito rotundo que querrían volver a hacer caja con la misma historia, tan con el beneplácito del autor que el propio Stephen King se hizo cargo del guión de un telefilme de las andanzas de Carrie, que fue protagonizada por Angela Bettis y dirigida por David Carson. Al final, un completo desastre.

Tampoco nos detendremos mucho en recordar el olvidable capítulo piloto de una serie para la televisión que no salió adelante; un musical de Broadway, en los 90, con libreto de Lwarence D. Cohen y la secuela (La ira: Carrie 2, a cargo de Katt Shea). Por lo que respecta a esta nueva incursión a los traumas adolescentes de Carrie, tememos que está película no dé muchos más frutos, a pesar del despliegue pirotécnico y de la enconada defensa de sus responsables, como observamos en las palabras de la actriz Julianne Moore, en el rol de la madre fanática: “No creo que estemos considerando hacer un remake persé, el material original es extraordinario. Stephen King escribió una novela tan alucinante que todos pensamos que podría guardar otra interpretación.

-Los otros chicos creen que soy rara.

-Sabrás que el baile es la semana que viene, me estaba preguntando si vendrás al baile conmigo.

La verdad es que ofrecía muchos aspectos interesantes.  La directora Kimberly Pierce, responsable de la nueva versión tiene una excelente carta de presentación con su anterior trabajo: Boys Don´t Cry, con otra adolescente dominada por una identidad sexual reprimida e inadaptada social, lográndose un éxito y una estatuilla del Oscar para Hillary Swank.

Y también merecería la pena por su reparto. Para el papel de Carrie fue elegida, Chloe Moret de quien recordamos dos buenas interpretaciones de esta joven actriz. El remake norteamericano del cuento vampírico sueco Déjame entrar y la también fábula –ésta en 3D- de La invención de Hugo (Martin Scorsese). Tres ocasiones –dicho sea de paso- en donde la nostalgia cinéfila supera al argumento de cada una de aquellas.

Para el personaje de la madre de Carrie, se ha reservado otra veterana actriz con un grandioso curriculum, Julianne Moore.

-A las personas con un espíritu diabólico, les lapidarán.

Tragedia y horror en los institutos. ¿Recuerdos de su propia adolescencia?

No es la primera vez que Stephen King muestra un instituto como un escenario idóneo para el horror o la crueldad, sobre todo cuando el propio autor debió ser un chico, objeto de bulling en su adolescencia, a tenor de sus propias palabras: “un lugar de conservadurismo e intolerancia abisales, un pozo de devoradores de hombres y mujeres”. Como consecuencia, el best-seller logró una mala fama entre los institutos, hasta llegar a ser una de las novelas más censuradas y proscritas dentro del sistema educativo norteamericano, junto a otras obras (¡ojo al dato!) como El señor de las moscas (William Golding), Ulises (James Joyce) o Huckleberry Finn (Mark Twain).

¿Qué ideas mantiene la nueva versión?

La película arranca con una secuencia muy significativa, una escalofriante escena del parto, con un plano-contraplano de los ojos de Margaret White y de su hija recién nacida, cubierta de sangre y líquido amniótico.

La verdad es que la nueva película está tan calcada del original que el guionista de la versión de Brian de Palma –Lwarence D. Cohen - aparece en los créditos (lo que de paso, es de agradecer). No sólo se repiten los diálogos originales, sino que en líneas muy generales la película repite la estructura de las secuencias, con mínimos variantes. ¿Estamos ante la admiración por el original o ante un ejercicio de impotencia por no poder mejorarlo? Desde nuestro punto de vista, el primer gran error que comete la nueva versión es el planteamiento de partida de la película. A finales de los años setenta, el núcleo central de la historia (la represión sexual y el acoso en el colegio) tenían plena validez, pero mantenerlo intacto en el siglo XXI no resulta convincente.

Podemos valorar sobre el Carrie (2013) que si las pretensiones del equipo era superar al original no lo han conseguido, sobre todo cuando la música de Pino Donaggio tenía una gran conexión con el film. Si la idea de la realizadora  Kimberly Pierce era crear un film lo suficientemente entretenido, ha ido en el buen camino porque aunque el final es lo peor de esta nueva versión, el resto se deja ver bastante bien.