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Comedia buenrollista y con alma de aventura, con un Ulises de los tiempos modernos como protagonista. Un film de iniciación con un personaje que se descubre así mismo y a su entorno, a cargo de Ben Stiller uno de los actores cómicos más completos, que afronta además la dirección de su quinto largometraje. La vida secreta de Walter Mitty acabó triunfando tras un azaroso proyecto, alargado durante décadas, vinculándose a diferentes directores y actores principales. ¿Se imaginan un proyecto común entre Steven Spielberg y Jim Carrey?

-Voy a echar un vistazo a su perfil, ha dejado usted muchos espacios en blanco.

-Ya, es que no he estado en ningún sitio.

-¿No ha hecho ninguna cosa que merezca la pena mencionar?

“Creo que la película de los años cuarenta no seguía precisamente la misma línea que el relato, era una buena comedia musical dentro de su género. Un clásico por derecho propio que compartía con el original su tono de melancolía, sobre la nobleza de un hombre corriente al que nadie ve, pero que tiene un gran potencial en su interior”. Creemos al propio Ben Stiller, a fin y al cabo director y protagonista, cuando marca diferencias entre el texto original y la primera versión, sobre todo observando que su propia película no tiene mucho que ver con ninguna de las dos. Lo que tenemos es film aleccionador, una feel good movie, con frases de autoayuda incluidas que van apareciendo decorando exóticos paisaje a modo de editoriales.

Habría que destacar que antes de la versión de los años cuarenta, existía un relato escrito por James Thurber que no era precisamente una comedia. El autor que seguramente nos sea desconocido, resulta ser un testimonio documentado de una rareza neurológica conocida como Síndrome de Charles Bonnet, una afección bastante relacionada con las peculiares fantasías del personaje Walter Mitty. Los neurólogos V. S. Ramachandra y S. Blakeslee: “Phantoms in the brain: Probing the mysteries of the human mind” señalaron con respecto a Thurber, que aquellos que sufrieron una ceguera parcial o total “sufren unas alucinaciones para reemplazar la realidad que han perdido en sus vidas”.

-¡Eres tan valiente, tan fuerte, tan apuesto!

La primera versión la produjo Samuel Goldwyn, su director fue Norman Z. Meloed –habitual de los hermanos Marx- y estuvo protagonizado por Danny Kaye. En esta película, Walter Mitty es un soñador que trabaja como corrector de novelas pulp, con una madre sobreprotectora (Fay Bainter) y una fantasía en misteriosa mujer (Virginia Mayo). Así se pasa de la fantasía de evasión de un hombre gris, protagonista de la primera versión, a los delirios mentales de alguien que ansía cubrir los espacios vacíos de su vida.

-Suelen decir que la gente que sueña despierta es porque no se sienten satisfechas.

El Walter Mitty de Ben Stiller trabaja en la sección fotográfica de la revista Life. El centro de la trama es una fotografía que ha sido elegida para ser la última portada de Life, revista que cerrará tras ese número, gracias al trabajo del fotógrafo estrella de la publicación Sean O´Conell, interpretado por Sean Penn, con una breve pero interesante aparición.

-Y para este último número acabamos de recibir el negativo 25 de Sean O´Connell para su portada.

Entre estas fantasías, observamos dos destacados guiños, una referencia al cine de superhéroes, a través de un enfrentamiento con el personaje de su jefe, y de El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher). Esta es otra gran diferencia con respecto a la primera versión: la visión subjetiva de su realidad que está matizada por su adolescencia. Ve a su jefe como un matón de instituto, tiene una visión idílica de su fantasía sexual (Cheryl, Kristen Wiig), una madre sobreprotectora y una hermana, con un comportamiento infantilizado y que en algunos momentos, puede recordar al personaje de Rizzo de Grease. A esto habría que sumarse algunos detalles de su adolescencia que van marcando la aventura del personaje, como la pizzería Papa Jhon´s dónde trabajaba o la importancia que tiene su habilidad con el skate que adquirió de adolescente.

Apunte final: La difícil vida de Walter Mitty.

Como otras grandes comedias, el proyecto de una versión de Walter Mitty estuvo a punto de convertirse un dramón. Contó como uno de los principales productores el hijo del mítico Samuel Goldwyn, a través de New Line y fueron barajados hasta cuatro directores (Ron Howard, Chuck Russell, Steven Spielberg y Gore Verbinsky) hasta que Ben Stiller decidió encargarse él mismo del proyecto.

También entre los actores, hubo mucha discrepancia. Cuando surgió la idea de la película a mediados de los años noventa, el primer nombre que empezó a sonar fue el de Jim Carrey. Diez años más tarde, la Paramount se hizo cargo del proyecto, pero eligió a Owen Wilson como protagonista que se vio obligado a abandonarlo a pesar de que se había escogido como compañera de reparto a la mismísima Scarlett Johanson. Fue entonces cuando Samuel Goldwyn Jr busca fortuna en la Century Fox, es nombrado actor a Mike Myers y contratado al guionista Jay Kogan (Fraiser) para hacer una historia adaptada las características de Myers. Lo que no prospera, porque Sacha Baron Cohen entra en el proyecto como posible actor principal y Gore Verbinsky como director, obligado a abandonar al estar comprometido con la película El llanero solitario. Al final, cae el film de forma definitiva en manos de Ben Stiller, quien lo afronta como protagonista y director. Como conclusión: un caos que ejemplifica las grandes dificultades para sacar adelante cualquier proyecto.