20131125001759-5352.jpg

- Bienvenidos a nuestra visita turística a Tokio, a continuación haremos un recorrido por los sitios más pintorescos de esta preciosa y gran ciudad. A su derecha, pueden contemplar el palacio imperial, antiguamente llamado castillo Hiyoda, construido hace 500 años.

Hemos tomado como referencia el gran clásico del cine japonés (Los Cuentos de Tokio, Jasuhiro Ozu) para acercarnos a uno de los escenarios preferidos por el cine capaz de plasmar en imágenes todo tipo de historias, de amor, venganza o simplemente para distraernos con los silencios y los sonidos de Tokio. Algunos cineastas acuden a Japón y en concreto a su capital, buscando ese lugar donde todavía sea posible conseguir sensaciones únicas, pero sobre todo porque es una ciudad muy cinematográfica. Así, más allá del propio retrato que dedicaron los japoneses de esa gran ciudad, haremos un repaso a Tokio desde el punto de vista de cineastas foráneos.

- Con todo Tokio, me había causado una gran impresión. Tal representación de la verdad, tal arte, no se encuentra ya en el cine. En un tiempo lo hubo.

Win wenders, en los años 80, rodó el documental Tokio-Ga, rastreando lo que pudiera quedar de su admirado Yasuhiro Ozu. De sus reflexiones, surgió el asombro hacia una megalópolis que ha hecho de la posmodernidad una bandera que desentrañar. Lo mismo haría Sofia Coppola en una película que no supe apreciar: Lost in Traslation. Un maduro Bill Murray y una joven, Scarlett Johanson, comparten la complicidad y rutina de una noche tokiota. E incluso, la española Isabel Coixet, -recordar La vida secreta de las palabras y La vida sin mí- se acerca al País del sol naciente para una historia llena de sensibilidad, en donde el amor y la pasión, el dolor ante la pérdida de un ser querido son parte integrante de la filmografía de la realizadora.

- Imagina un mundo en el que mi hija haya muerto, en donde ese hombre sigue vivo.

- No se preocupe, yo me encargo.

Varios personajes son el centro en El mapa de los sonidos de Tokio, sin saberlo, de un entramado de amores y venganza, junto a lo que llena la noche de la capital japonesa de silencios y sonidos. Lo más estrafalario, quizás, sea ver a la directora con la cara anhelada de turista, en la presentación del filme, para decirte el porqué había elegido esa profesión para su personaje femenino. Una misteriosa mujer con una doble vida, por la mañana trabaja en el mercado del pescado y por la noche, acepta esporádicos trabajos como asesina profesional.

En muchas otras ocasiones, Tokio también trasciende el cliché de “escenario exótico” para convertirse en un símbolo de la alienación de los protagonistas. Así sucedía, en la reciente Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), el director elige Tokio para narrar la furia de una adolescente sordomuda incapaz de conectarse emocionalmente con su entorno.

Y otras veces, sirve como escenario de venganza y de violencia, bajo el prisma del Tokio más moderno. En Kill Bill Volume 1 (Quentin Tarantino), la asesina Beatrix Kiddo, elimina una banda de criminales dirigida por O-Ren Ishii. Una versión más seria sería Yakuza, de Sidney Pollack. Un gaijin (“extranjero” en japonés) vuelve a la ciudad  para rescatar a la hija de un amigo secuestrada por los yakuzas.