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- ¡Señoras y señores, ya no están en Kansas, están en Pandora!

Un planeta lejano, alienígenas, marines, efectos especiales y un presupuesto desorbitado; estos son algunos de los alicientes de la última película de James Cameron, Avatar, una historia corriente, en un ambiente poco corriente. Sin duda estamos ante un filme que marcará un hito, tanto como la revolución del montaje en Eisenstein, La guerra de las galaxias o la presencia de King-Kong en el Empire State. Marcará un antes y un después en el cine, pero en el sentido técnico. Lo cierto es que transforma la manera de ir al cine, pues no funciona según la lógica del cine clásico. Quizás sea este el logro que permita señalar la película como un hito en la historia del celuloide. Antes no era el alarde tecnológico lo que llenaba las salas de cine, sino el reconocimiento de un buen guión, de una buena interpretación o el disfrute de un espectáculo. Avatar es una película muy bien hecha, todo un Blockbuster que ha convertido la técnica en una gran atracción, un filme que tiene en el exhibicionismo tecnológico su principal baza. Y su espectáculo es tan deslumbrante como universal la historia que cuenta. El argumento se centra en el enfrentamiento entre progreso y naturaleza.

- No debes estar aquí, vuelve. Todo es culpa tuya.

Repasando la historia, vemos que actúa como una auténtica revisión de otros tantos filmes que han tenido en este tema su principal argumento. Desde El último mohicano o Pocahontas a La princesa Mononoke, y desde Bailando con lobos a La selva esmeralda.

- Las raíces de los árboles son poco profundas, así que los bulldocers los derriban con mucha facilidad.

 Todas nos hablan de la naturaleza como un espacio en el que existía un paraíso ancestral que fue agredido por el hombre civilizado, generando el pecado original. Unos conquistadores dispuestos a todo y un pueblo nativo que luchará por su supervivencia. En el caso de Avatar nos habla de la mala conciencia blanca, respecto a la destrucción del edén. Sí, puede servir incluso como metáfora de lo que sucede en Irak y sí, el tema de la avaricia aparece de nuevo en un filme de James Cameron.

- Es por esta piedrecita por lo que estamos aquí, se vende a 20 millones, el kilo. Resulta que su poblado se sitúa encima del mayor yacimiento del planeta y tendrán que irse.

Si James Cameron pasará a la historia del cine, antes incluso que su forma brillante de rodar set-pieces de cine de acción, es la evolución que la tecnología ha ido marcando en su filmografía. Habría que reconocer que fue Steven Spielberg quien en El mundo perdido, dio un salto adelante en el proceso de integración de imágenes digitales en una trama real, pero desde Terminator II, El juicio final, Cameron alcanza cumbres nunca vistas en cada nueva película (con algunas excepciones, por supuesto, aquí no podríamos encuadrar Mentiras arriesgadas).

- Existe un pueblo indígena llamado Navi, son muy difíciles de matar.

- Quiero que conozcas a esos salvajes desde dentro, que te ganes su confianza.

Entonces llegó Titanic y la historia de amor se convirtió en todo un ejercicio digital. Cameron se ha dedicado a innovar tecnología, con un sistema de cámaras en 3D y del motion captura que crease Robert Zemeckis para su Polar Express y que perfecciono Peter Jackson para su monumental trilogía de El Señor de los Anillos y King-Kong.

Pero más allá de la tecnología, la historia de Avatar, de por sí, es bastante plana, esos malos malísimos, esos buenos con remordimientos y esa historia de amor interracial. Pero, también hay referencias de la mejor literatura de ciencia-ficción; de hecho, se puede reconocer que el cine ha alcanzado la técnica capaz de hacer realidad la imaginación más desaforada del género. Sin embargo, también se lamenta la poca profundidad con la que ha recurrido en ese despliegue de formas. James Cameron no recurre a ese legado, sino que se limita a presentarnos un recital de efectos especiales. En realidad, el espectador de esta película recordaría al protagonista de una pentalogía literaria del género, El libro del Sol Nuevo, escrita por Gene Wolfe. En un pasaje de la novela principal, el humano Severian conversa con los extraterrestres que le reproducen su entorno alienígena. Los personajes advierten el desconcierto de su interlocutor y uno de ellos apunta que cualquier entorno humano resultaría igualmente extraño a sus ojos. La principal diferencia es que Cameron no apela al entorno futuro o extraterrestre, pronto descubrimos todo un vergel, una naturaleza que se expande viva hasta el horizonte. Es una inteligente combinación del space opera, el western, el ecologismo-zen new age y la estética del videojuego.

Del mismo modo, habría que reconocer la influencia de la novela corta Call me Joe, de Paul Anderson, protagonizada por un parapléjico conectado telepáticamente a un alter ego sintético que se mueve por la superficie de Júpiter.

- La idea es controlar unos cuerpos a distancia, llamados Avatares, creados a partir de ADN humano, mezclado con ADN de los indígenas.

- Un marine en un cuerpo de Avatar, ¡qué mezcla más potente!