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Las anomalías biológicas, temperamentales y cerebrales hacen del psicópata un enfermo con tendencia antisocial que se manifiesta en sus pretensiones criminales. Su persnalidad desconcertante, carente de empatía y descarada por su indeferencia ante el castigo, ha sido una taquillera materia prima para los guionistas que han planteado, con mayor o menor aproximación científica, un mismo panorama pero desde distintas perspectivas que como tal sugiere un sugestivo subgénero: el del asesino en serie.

 El expresionismo alemán encontró en la figura del asesino en serie una fuente inagotable de inspiración. Fritz Lang sería  el primer especialista de la historia del cine que trató esta temática en la pantalla. Desde M, el vampiro de Dusseldorf  hasta la serie que dedicó al Dr. Mabuse, se desprende la psicopatía de una serie de asesinos muy partriculares.

 Pero el psicópata no es cosa del siglo XX, el caso más célebre sin resolver nos lleva a la Inglaterra victoriana con el mítico Jack el Destripador. Fue Alfred Hithcock quien lo trasladó por primera vez en el cine, en El asesino de las rubias, con la caza de un serial killer por las calles de Londres. Más tarde este director firmaría algunas de las películas más interesantes del género, con Psicosis a la cabeza. Y pronto, estos personajes empezaron a verse en todo tipo de películas, como en la comedia o discursos narrativos próximos a la fábula como hizo Frank Capra –en su propio estilo- en Arsénico por compasión.

-Ese muchacho murió porque bebió un vaso de vino que tenía veneno.

-Pero, ¿cómo tenía veneno el vaso?

-Pues, se lo pusimos en el vino porque se nota menos que en el té, que tiene un sabor muy particular.

Buñuel también era un aventajado observador de los reversos tenebrosos que anidan en los seres humanos, aunque a esas costumbres añadía humor y distinción a su personaje de Archivaldo de la Cruz en Él, el asesino vocacional más elocuente de su filmografía que escondía tras sus buenos modales, el oscuro deseo de aniquilar a las mujeres, con las que tenía relaciones, al menos en sueños.

                     

Pero sería Alfred Hitchcock quien presentó enPsicosis la mente totalmente perturbadora que estaba dominada por el influjo de una segunda personalidad a la hora de matar, una personalidad desconcertante de la cual el cine siempre ha querido explicar sus anomalías que degeneran en una violencia, a veces, incontrolada, pero siempre una buena base para hacer caja en las taquillas. Una de las propuestas por explicar la mente del psicokiller la presentó el filme Copycat, con el personaje de Sigurney Weaver.

-El FBI calcula que mientras que estamos aquí, pude haber hasta treinta y cino asesinos múltiples rondando en busca de una víctima.

 Por todo ello, la pantalla se ha ido llenando de individuos extrañamente peligrosos que quedan definidos por el misterioso mecanismo que induce a sus mentes torturadas a agredir a sus semejantes y a repetir sus actos violentos con una cadencia ritual.

 - ¿Sabe lo que quiero saber? Quiero que me eches una mano, doctora, ysted es una experta. ¿Cómo cree que un tipo como yo asesinaría a un idiota como este? ¿eh?  ¿Le rajaría o le disparo? ¿Le disparo o le rajo? ¿le rajo o le disparo? Yo creo que voy a hacerle las dos cosas, le rajo y le disparo.

           


 En torno a la figura del psicokiller también aparecen reflexiones sobre su condición de estrellas mediáticas. Asesinos natos, una magnífica película de Oliver Stone, nos presentaba a la televisión como uno de los factores propios de esta conducta; mientras que en el falso documental Ocurrió cerca de su casa (Reny Belvaux) era una ventana abierta para un psicópata exhibicionista y egocéntrico.

 Otra rama fundamental de este subgénero se inició con El estrangulador de Bostón (Richard Fleisher), sublimando las fechorías de auténticos asesinos en serie, desde Jack el Destripador, Ed Guein o Buffalo Bill, personaje que aparecía en otra de las obras cumbres del género: El silencio de los corderos (Jonathan Demme). A pesar de esto, entre los asesinos en serie más carismáticos de la edad moderna cinematográfica, destaca por distintas razones el casi caricaturesco Hannibal Lecter, bien conocido por sus pretensiones culinarias, como encontramos en su película más conocida El silencio de los corderos: "Uno del censo quiso hacerme una encuesta y me comí su hígado, acompañado de habas y un buen kientì".

                       

  De los directores actuales, acostumbrados a jugar a estos juegos maliciosos, en torno al asesinato gratuito pero fascinante, sobresale David Fincher que ha dado sobradas muestras de hasta dónde puede llegar su perversa capacidad de fabular. En esta línea encontramos su fundamental  Zodiac, aunque sea Seven la película clave de este subgénero, en donde un brutal asesino en serie tortura a sus víctimas antes de acabar con ellas, siguiendo los siete pecados capitales, pero sobre todo el filme es interesante porque añade a la particular caza del gato al ratón, elementos luego arquetípicos del género.

 - He hecho una visita a tu casa, después de que te fueras. Quería el papel de marido, de degustar la vida de un hombre casado. No lo he conseguido, pero me he llevado un recuerdo, su hermosa cabeza.

 El cine español también ha recurrido a la figura del asesino en serie, en los últimos tiempos y de forma brillante. Destacamos Las horas del día (Jaime Rosales), un ejercicio de cotidianidad interrumpido por los eventuales y  gratuitos asesinatos por parte del protagonista. Bigas Luna dirigió una película muy imitada por el cine americano, Angustia; aunque la preferida del público seguramente sea, aquel film vinculado con el mundo del snuff, ópera prima de Alejandro Amenábar, Tesis.

- Y ahora, por favor, no muevas la cabeza.