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Pertenecemos a una generación que no sabemos ni siquiera plancharnos una camisa, nos desesperamos cuando no nos funciona el 3G y seguramente entraríamos a curiosear a casa de Paris Hilton, si tuviéramos la ocasión; así somos nosotros. Y si no me creéis, no os perdáis esta película, avalada por presentarse en el Festival de Cannes y estar firmada por la hija de uno de los grandes.

Un clásico nerd de instituto (Marc, Israel Broussard), harto de ser ninguneado por sus compañeros, se une a una chica, Rebecca (Victoria Chang) y a su grupo de amigas, dispuestas a conocer algo más de las estrellas de Hollywood que adoran. Sofia Coppola reúne a un grupo de chicas, para contarnos una historia basada en hechos reales, el de una banda de chavalas que se entretenían asaltando las mansiones de famosos; un caso real que transcendió lo anecdótico, hasta alcanzar relevancia mediática y incluso hasta a los tribunales. De hecho, la idea original de la película aparecía en un artículo de la conocida revista Vanity fair.

La verdadera banda Bling Ring.

 

Existe un precedente cinematográfico que cuenta con un enfoque similar, la película alemana: Los edukadores, cuyo argumento se basa en las andanzas de un grupo de chicos que entran en mansiones de los ricos con el fin de hacerles cambiar su modo de vida. Y con ese objetivo, secuestran a uno de ellos.

-Es nuestra oportunidad, por fin un ejemplo vivo para poner a prueba nuestros métodos.

Lujo, frivolidad y soledades.

-Soy una chica solitaria, que pasaba mucho tiempo con mi padre y no tenía amigos.

 Muchos no perdonan sus orígenes, ser la hija de quién es y no ven la cineasta con gran estilo autoral (a pesar de que Lost on Translation, no me gustase nada) sino a una niña mimada que descubrió la pistola de papá.  Pero más allá de las críticas que suele recibir Sofia Coppola,  hija de uno de los grandes –Francis Ford Coppola- lo cierto es cuenta con un estilo propio superior a la primera etapa de su padre. En este cine de Sofia Coppola sobresale una idea: la fascinación de la juventud por las modas, el lujo y la frivolidad, pero también la soledad social ligada a un cierto estatus.

-¿No le he contado que le descubrí con una ramera?

-¡Majestad!

-Pero si eso es lo que es.

Le sucedía, de algún modo, a los personajes de Las vírgenes suicidas, lo veíamos en su versión de María Antonieta (seguramente su película más cohesionada y perfecta) o en Somewhere (donde dejaba claro esa idea de que el dinero no daba la felicidad). En este sentido, a Coppola le gusta retratar las soledades de sus personajes –sobre todo aquellos que pertenecen a la élite o adquieren cierta fama-. Lo encontramos en el personaje interpretado por Bill Murray (Lost in Translation) o en el de Stephen Dorff (Somewhere). Lo vemos muy claro en el caso de Maria Antonieta, pero también lo encontramos en las hermanas Lisbon de Las vírgenes suicidas.

A diferencia de otras películas suyas (Somewhere) cuyo protagonista es una celebridad de Hollywood, su interés radica en esta ocasión fuera de la pantalla, a través de un grupo de fans que buscan disfrutar algo del lujo y fama de aquellas celebridades que adoran como Paris Hilton, Orlando Bloom o Megan Fox. El interés de esta banda era precisamente todo aquello de lo que solían presumir estos famosos cara a la galería, como parte de esa fachada deslumbrante que eran sus vidas, es decir, sus joyas y ropas de alta costura. E imitando a sus estrellas favoritas, las Bling Ring llegan a adoptar un modo de vida terminando siendo sólo estática con una superficialidad que rozaba el paroxismo.